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TEODORA DE BIZANCIO: EL ESCANDALOSO ASCENSO DE LA MUJER MÁS PODEROSA DE LA HISTORIA

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En el año 548, cuando el cuerpo de Teodora fue enterrado en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, un imperio entero lloró la pérdida de la mujer que había sostenido los cimientos de Bizancio durante dos décadas. Pero al mismo tiempo, en los círculos aristocráticos de la capital, circulaba en secreto un manuscrito que la describía como algo muy distinto: una prostituta sin escrúpulos, una actriz depravada, un demonio con forma de mujer que había hechizado al emperador Justiniano para dominar el mundo  . Ese manuscrito era la  Historia Secreta  de Procopio de Cesarea, el cronista oficial del imperio que, oculto en las sombras, escribió la versión más venenosa jamás concebida sobre sus propios gobernantes  . Y durante más de mil años, esa fue la imagen que prevaleció: la de una Teodora manipuladora, lasciva y corrupta, cuya única virtud era haber seducido al hombre más poderoso de su tiempo. Pero la historia, como casi siempre, es mucho más compleja. Teo...

CHRISTINE DE PIZAN: LA PRIMERA ESCRITORA PROFESIONAL DE LA HISTORIA

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Consiguió crear un equilibrio entre lo que se esperaba de ella en el siglo XIV, estar casada y tener hijos, y ganarse la vida escribiendo como filósofa, poeta y humanista. Su obra más representativa, La ciudad de las damas, es un alegato a favor de los derechos de la mujer en aquel mundo medieval. Christine de Pizan con su hijo Un aprendizaje de lujo Christine de Pizan nació en Venecia en 1364. Era hija de Tomasso de Pizan, un médico, físico, astrólogo, canciller en la corte de la república de Venecia y profesor en el Universidad de Bolonia. Cuando Christine contaba cuatro años de edad su padre aceptó trasladarse a la corte de Carlos V de Francia como asesor del monarca, astrólogo real, alquimista y físico. Allí, la niña recibiría una esmerada educación autodidacta auspiciada por su progenitor y el entorno de la Corte, que albergaba gran número de manuscritos y donde Christine no sólo consiguió leer a los clásicos, sino a los humanistas tempranos del renacimient...