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"OPERACIÓN LOBO": EL TOPO, LA CIA Y LA CAÍDA DE ETA

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A principios de la década de 1970, en la cúpula de ETA nadie podía imaginar que el compañero de fiesta, confidente y jefe de infraestructura que tenían al lado era su peor pesadilla con nombre clave: "El Lobo". Mikel Lejarza no solo vivió entre sus enemigos, sino que forjó una doble vida durante más de dos años; pasaba datos al SECED mientras dormía en pisos francos y vivía al límite de ser descubierto . Cuando sus jefes de ETA se dieron cuenta de quién era realmente, ya era demasiado tarde. Su dedo llevó a más de 150 etarras a la cárcel y la cúpula de la banda se desmoronaba . Pero la pregunta que flota sobre su leyenda es: ¿qué hizo la CIA en todo esto? ¿Fue El Lobo solo un espía español, o alguien dio la orden para que aquella operación se convirtiera en la bomba definitiva contra el terrorismo en la Guerra Fría?. 📄 Capítulo I: El Reclutamiento de un Hombre Común Mikel Lejarza Eguía (nacido entre 1947 y 1951 en Villaro, Vizcaya) no tenía ningún tipo de formación como espí...

LA TRAGEDIA DEL “SANTA ISABEL”

Uno de los peores naufragios que se recuerdan en el litoral gallego tuvo lugar en 1921 algo más al sur de la peligrosa “Costa da Morte”, en la bocana de la Ría de Arousa, sólo nueve años después del hundimiento del "Titanic".

El coraje de los habitantes de la pequeña isla de Sálvora evitó que la tragedia fuera mayor, aún así, el siniestro se saldó con 213 victimas, entre muertos y desparecidos. Sólo 56 personas sobrevivieron.

El vapor-correo "Santa Isabel"

Un vapor correo para inmigrantes

El "Santa Isabel" era un barco de mediano (de 88,85 metros de eslora) de los denominados correos, que recorría regularmente los puertos del litoral español entre Cádiz y Bilbao transportando mercancías y pasajeros, algunos de los cuales embarcaban luego (en Cádiz) en los grandes buques con destino América, principalmente Argentina.

El vapor "Santa Isabel" pertenecía a la Compañía Trasatlántica Española, y había sido construido por la Sociedad Española de Construcción Naval en su factoría de Matagorda (Cádiz)y  entregado el 21 de Octubre de 1916.


Estaba dotado de todos los adelantos técnicos conocidos en la época. Tenía 40 literas para pasajeros de 1ª Clase, 16 para los de 2ª y 400 para los de tercera.

El “Titanic” de Sálvora

Sólo nueve años después de la tragedia del “Titanic”, el 1 de enero de 1921, el “Santa Isabel”, después de hacer escala en varios puertos del Cantábrico (como Pasajes y Santander), entraba de madrugada en el puerto de La Coruña, donde después de embarcar carga general y pasajeros, (en su mayoría emigrantes con destino a Sudamérica) sale a la una de la tarde con rumbo a Villagarcía de Arosa. Llevaba a bordo 271 personas (84 tripulantes y 187 pasajeros). 

Al día siguiente, haciendo su entrada en la Ría de Arosa hacía las diez de la noche, el vapor-correo se vio inmerso en un fuerte temporal con fuertes chubascos que limitaban enormemente la visibilidad (en la época no se disponía de radar). Ante estas condiciones, el capitán (Esteban García Muñiz) invita al pasaje a retirarse a sus literas. Él permaneció en el puente.


Hacia las 24:30 de la noche, ante la intensidad de la lluvia que impedía ver los faros para situarse con entera fiabilidad, el capitán decide reducir la velocidad para enfilar la bocana de la Ría de Arosa. Pero al pasar frente la Isla de Sálvora el temporal arrastró el barco violentamente hacia ella haciéndole encallar en las rocas. El barco se quedó varado de popa y en sus bajos se abrieron varias brechas. El capitán ordenó el inmediato abandono del buque. La rápida inundación de la sala de máquinas apagó el alumbrado. El pánico cundió rápidamente sobre el pasaje y dejó sin suministro a la estación de radio, donde el radiotelegrafista intentaba enviar un mensaje de socorro que se interrumpió bruscamente, antes de poder comunicar su situación: : “Estamos encima de las rocas de Sál…”. Ese fue el último mensaje que emitió por radio el “Santa Isabel”. 

La llamada del "Santa Isabel" fue recibida por Finisterre Radio y el buque francés "Flandre", pero poco o nada podían hacer al desconocer la situación del buque.


Lugar del siniestro en la isla de Sálvora (marcado con una cruz)
 En cuestión de unos cuantos minutos el “Santa Isabel” desaparecía bajo las aguas, a unos 200 metros de la costa del islote (en aquel tiempo todavía habitado con unas 60 personas). Era la 01:50 de la madrugada, a muchos les sorprendió durmiendo.

Unas horas mas tarde, el buque de Ibarra "Cabo Menor", que navegaba hacia Villagarcía, pasó por la zona y comunicó la noticia a Finisterre, aunque poco o nada pudo hacer por los náufragos, ya que solo pudo ver los palos y chimenea del "Santa Isabel" y una aglomeración de maletas y equipajes flotando.

El naufragio se saldó con 213 victimas, entre muertos y desparecidos (no se recuperaron los cuerpos de todas las víctimas), y 56 vidas salvadas, (27 tripulantes y 29 pasajeros).

Héroes anónimos

Fue el farero de la isla de Sálvora quien escuchó los gritos de los que viajaban en el buque y dio la voz de alarma.

En Sálvora aquel día había poca gente, la mayoría estaban pasando el Año Nuevo con sus familias en otros lugares, pero partieron tres embarcaciones al auxilio; una hacia la vecina población de Ribeira, para avisar del naufragio, y las otras dos se dirigieron al lugar donde se hundía el “Santa Isabel” para rescatar a los supervivientes.

Las heroínas de Sálvora


De entre los héroes anónimos de la isla hubo tres mujeres que destacaron con nombre propio aquella noche: Cipriana Oujo, de 25 años; Josefa Parada, de 16; y María Fernández Oujo, de 14. Ellas tripulaban una de las dos embarcaciones que rescataron supervivientes del naufragio remando casi cinco millas hasta llegar al barco en medio de un fuerte temporal. Se calcula que entre los diversos viajes que hicieron pudieron salvar entre 15 y 20 vidas.

El segundo oficial del Santa Isabel, Luis Cebreiro, también quedó en la memoria de la comarca por salvar vidas aquella noche. Retuvo a varios botes salvavidas hasta que amaneció, lo que permitió que con la luz del día fuese más fácil evitar las rocas. Además, se negó a subir en un bote porque era muy corpulento y temía hundirlo. Nadó durante dos horas hasta Sálvora agarrado a una de las embarcaciones. Cebreiro resultó ser el marinero más condecorado de la historia.

Las tres mujeres recibieron la Cruz de Tercera Clase con Distintivo Negro y Blanco del Consejo de Estado. Pasaron a la historia como las Heroínas de Sálvora, Una cuarta también fue premiada por su trabajo en tierra, Cipriana Crujeiras, que ofreció a los náufragos rescatados comida y ropa seca.








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