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LOS SECRETOS DEL ARCHIVO VATICANO

El Archivo Secreto del Vaticano cuentan con correspondencias papales que se remonta a más de 1.000 años.
  
Ubicado en un búnker de hormigón, que forma parte de un ala detrás de la basílica de San Pedro, los archivos están protegidos por guardias suizos y policías del Vaticano.

Archivo Secreto Vaticano, interior.
Fundación del Archivo Secreto

El Archivum Secretum Vaticanum quiere expresar que este era el archivo "personal", "exclusivo" o "privado" del Pontífice. Con el tiempo se convirtió en el archivo de la documentación de la Santa Sede y en uno de los  centros de investigación histórica más importantes del mundo. Hoy sirve para solicitar documentos o información, o las exigencias más variopintas. 

Este Archivo Secreto Vaticano, o “bunker” como lo llaman los que trabajan en él, es un cubo de hormigón armado que se encuentra debajo del Patio de la Piña, lugar por el cual transitan millones de turistas que visitan los Museos Vaticanos.
  
El lugar es un laberinto de 85 kilómetros lineales de estanterías cuya andadura comienza en 1612, año en que el papa Paulo V Borghese decide trasladar a los Palacios Vaticanos todos los volúmenes y documentos que hasta entonces se conservaban en otros edificios, sin embargo, la historia oficiosa, comenzó mucho antes como lo confirman los folios amarillentos de peticiones de personas que escribían al Papa ya en el siglo XVI.

Posee unos 150.000 documentos, más de 650 fondos de archivos distintos, con las actas promulgadas, documentación y correspondencia diplomática acumulada por la Santa Sede durante unos ochocientos años.

 El documento más antiguo se remonta al siglo VIII y se conserva documentación sin interrupciones a partir del año 1198.

Archivo Secreto Vaticano, interior.
El Papa León XIII permitió por primera vez que estudiosos cuidadosamente escogidos lo visitaran en 1881, tres años después fundó la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivística. En un principio atraía predominantemente personal eclesiástico, pero en la actualidad los estudiantes son en su gran mayoría seglares.

En la asignatura anual de iniciación a la archivística se matriculan todos los años 72 alumnos divididos en dos clases. Casi todos son mujeres. Para acceder se exige una licenciatura en cualquier disciplina y una carta de presentación de un docente universitario o de un prelado. El aula en la que se imparten las clases cuenta con puestos informáticos en los cuales los alumnos comienzan a familiarizarse con los documentos antiguos. Todos los años se propone a los 15 mejores alumnos del curso para unas prácticas en el Archivo Secreto. Contratar personal nuevo en estos momentos es imposible a causa de la crisis económica mundial, que, según afirman los responsables del Archivo, también se percibe en el Vaticano.

Hoy día muchos documentos pueden ser vistos por los investigadores. El acceso a las áreas de archivos sigue prohibido. Sólo tres salas del Archivo, situadas en la primera planta noble, están abiertas al público: se accede a ellas desde el Salón Sixtino de los Museos Vaticanos.
Además de asistir a los eruditos que viajan a Roma, el Archivo cursa todos los días decenas de correos y cartas con solicitudes de todo tipo. Lo que más se sigue solicitando, a mucha distancia,si gue siendo lo relacionado con el Santo Grial y los Templarios. 

Patio de la Piña
¿Para qué se creó?

La Iglesia siempre ha considerado imprescindible conservar su propia memoria, desde el mis mo momento en que las persecuciones pusieron en riesgo su existencia. Así, después del edicto de Constantino en el año 313 d.C. y la consecuente salida de la clandestinidad de la religión cristiana, empezaron a recogerse códices litúrgicos y documentos de registro en unas oficinas ad ministrativas llamadas sacra scrinia.

De aquel período no ha sobrevivido nada.Conquistas, incendios y expolios han borrado para siempre la memoria de épocas históricas enteras.

Los documentos más antiguos conservados en el Archivo Secreto datan de los siglos VIII-IX. El Liber diurnus Romanorum Pontificum es el formulario eclesiástico más antiguo, seguido de un pergamino del año 809 que sanciona una donación a la iglesia de San Pietro in Castello en la ciudad de Verona. El acta forma parte del Fondo Véneto, que de por sí conserva cerca de 17.000 pergaminos.

Como sucede con todos los archivos de Estado, los documentos no adquieren estatus de consultables hasta que ha transcurrido el período de rigor desde que se producen los hechos. En el Vaticano se trabaja por pontificados: actualmente pueden consultarse las cartas del de Pío XI, fallecido en febrero de 1939. Sigue vedado el polémico período de Pío XII: los años de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, los albores de la Guerra Fría.

¿Qué contiene?

Los tesoros de este Archivo consisten en cartapacios, libros de familias nobles romanas, registros papales, actas de tribunales eclesiásticos, correspondencia diplomática, es decir millones de datos y fechas, nombres, hechos. Historias de papas y de ejércitos, de descubrimientos geográficos que cambiaron el rumbo de la historia, vívidos testimonios de católicos devotos y de peligrosos herejes.
También contiene la correspondencia entre el Vaticano y figuras como Mozart, Erasmo, Carlomagno, Voltaire y Hitler y la petición del rey Enrique VIII de anular su matrimonio con Catalina de Aragón. También está el decreto de 1521 del Papa León X excomulgando a Martín Lutero, una transcripción escrita a mano del juicio contra Galileo por herejía y una carta de Miguel Ángel, donde se queja porque no le habían pagado el trabajo en la Capilla Sixtina.

Vista aérea del Vaticano
Cada 30 o 35 años las nunciaturas apostólicas, es decir, las representaciones diplomáticas de la Santa Sede repartidas por el mundo, remiten a Roma todos los documentos acumulados. A ellos se suman los aportados por la Curia romana, congregaciones, tribunales y negociados. Una mole impresionante de papeles que se añaden a lo custodiado. En cambio, ya no puede llegar nada de familias particulares. En su día los Bor ghese, los Rospigliosi, los Boncompagni-Ludovisi eran libres de donar sus archivos al Vaticano, pero desde la Segunda Guerra Mundial el Estado italiano se arroga el deber de tutelar su propio patrimonio documental haciendo valer la posesión iure soli, esto es, por derecho territorial.

Sin embargo, eso no ha impedido que sea objeto de teorías de la conspiración.

Uno de los lugares más protegidos del Archivo es la cámara acorazada subterránea que custodia los sellos de oro remitidos al Vaticano por soberanos de toda Europa. Son unos ejemplares únicos, todos ellos repujados.

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