Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como C_arlos I

Entrada destacada

FEDERICO GRAVINA: EL ALMIRANTE ESPAÑOL BORRADO DE TRAFALGAR PARA OCULTAR LA INCOMPETENCIA BORBÓNICA

Imagen
En los libros de texto de medio mundo, la batalla de Trafalgar (1805) es una historia de un solo héroe: Horacio Nelson. Su muerte a bordo del Victory , su genio táctico, su sacrificio por Inglaterra. Al otro lado del Atlántico, en España, el nombre de Federico Gravina, el almirante que mandaba la flota española en aquel desastre, apenas aparece en unas líneas. Y cuando aparece, se le presenta como el comandante de una flota derrotada, un peón en el tablero de Napoleón, un hombre trágico que no pudo hacer nada para evitar el desastre. Pero la historia real es muy distinta. Los archivos navales españoles, digitalizados en los últimos años, y la labor de historiadores como Agustín Guimerá, José Cervera Pery o Juan Carlos Mejías Tavero, han reconstruido una figura mucho más compleja: la de un táctico brillante , un marino culto y valiente que se opuso a las órdenes suicidas del almirante francés Villeneuve , que intentó salvar a su flota de la aniquilación y que murió pocos meses después a...

ISABEL "LA CATOLICA": MUJER, REINA Y MADRE

Imagen
Tuvo cinco hijos a los que no veía con demasiada asiduidad, pero se encargó de que su educación fuera esmerada. La muerte de su heredero, Juan, fue un duro golpe que no superó, al igual que la de su hija Isabel y su nieto Miguel que rompían su sueño dinástico. Como mujer, Isabel también sufrió de celos al lado de su esposo Fernando el cual, como cualquier príncipe de la época, disfrutaba de correrías e infidelidades con total inmunidad. Isabel la Católica Retrato de una reina Cuentan los cronistas de Isabel la Católica que era alta, de piel muy blanca y de porte majestuoso. Que tenía los ojos claros, de un azul verdoso, y que su mirar era muy gracioso y honesto. Su pelo era rubio, entre rojizo-dorado y cobrizo (rasgo que heredaron sus hijas Juana y Catalina), aunque con los años se le fue oscureciendo hasta volverse casi negro. Los escritores de entonces no se cansan de ponderar su hermosura, que según ellos no tenía rival en su tiempo, su honestidad, su ponderaci...