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EL MILAGRO DE EMPEL: LA NOCHE EN QUE EL HIELO SALVÓ A LOS TERCIOS (Y DIOS FUE ESPAÑOL)

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Cuando el almirante holandés Felipe de Hohenlohe-Neuenstein vio a sus barcos inmovilizados por un hielo que jamás debió aparecer —y a los soldados de los Tercios españoles caminando sobre él para atacarle—, solo pudo pronunciar una frase que la historia ha conservado: «Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro» . Lo que el almirante no sabía era que aquella noche, un puñado de soldados cercados, hambrientos y empapados por las aguas del Mosa, habían sido testigos de algo que la razón se negaba a aceptar: la naturaleza había cambiado las reglas del juego en cuestión de horas. Esta es la historia de cómo 5.000 soldados españoles , aislados en una isla, rodeados por una flota de entre cien y doscientos barcos rebeldes, y condenados a una muerte segura, se convirtieron en dueños del campo de batalla al amanecer del 8 de diciembre de 1585. Esta es la historia del Milagro de Empel , una de las mayores gestas de supervivencia militar de todos los tiempos. Una gesta que, cont...

“JACK EL DESTRIPADOR” PODRÍA NO HABER SIDO HOMBRE, SINO MUJER

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Una de las últimas teorías sobre el más famoso de los asesinos en serie es que tras “Jack el destripador” podría ocultarse una mujer. El asesino de cinco prostitutas en el Londres victoriano podría ser Lizzie Williams, la mujer del que ha sido considerado el principal sospechoso, el cirujano sir John Williams. Lizzie Williams El monstruo de Whitechapel Pasado más de un siglo, una vez más, se pretende dar nombre al asesino en serie de la época victoriana que más ríos de tinta ha vertido. Durante diez semanas de 1888 el Destripador atacó cinco veces, manteniendo en vilo a la policía y al barrio londinense de Whitechapel. Sus víctimas fueron: Mary Ann Nichols, Anne Chapman, Elisabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. Todas eran prostitutas del East End londinense y tres tenían la matriz del útero extirpado. El sórdido vecindario era el lugar ideal para cometer los crímenes pues por sus calles merodeaban pobres, mendigos y prostitutas de una sociedad victoriana don...