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HORMIGÓN ROMANO: EL SECRETO DE LAS ESTRUCTURAS QUE PERDURAN MILENIOS

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Cuando observamos la majestuosidad del Panteón de Agripa , con su cúpula de 43 metros de diámetro —la mayor del mundo sin refuerzos hasta bien entrado el siglo XX—, nos enfrentamos a una verdad incómoda. Los romanos, hace dos mil años, dominaban una tecnología que nosotros, con toda nuestra ciencia y ordenadores, seguimos sin poder replicar a escala masiva . Mientras sus puertos sumergidos en el Mediterráneo siguen tan sólidos como el primer día y sus acueductos desafían a los terremotos, nuestros hormigones modernos se agrietan a las pocas décadas y muchos complejos hoteleros de la costa llevan ya el certificado de demolición en la mochila (sí, aunque sea una exageración, señala una realidad: la obsolescencia programada ). Esta disparidad no es un accidente; es el rastro de una tecnología perdida y deliberadamente suprimida . Aquí planteamos una hipótesis explosiva: que la industria moderna de la construcción, con intereses creados en el cemento Portland, enterró la alquimia curativa...

MORSE Y SU AFICIÓN NO TAN OCULTA: LA PINTURA

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Morse inventó el sistema de telegrafía mediante pulsos electrónicos cifrados en un código inventado también por él. Pero además de ser el inventor del telégrafo fue un pintor reconocido en su tiempo y fundador de la Academia Nacional de Dibujo de Nueva York. El inventor del telégrafo Samuel Finley Breese Morse nació en Boston, Massachussets (EE.UU) un 27 de abril de 1791. Era hijo del clérigo protestante Jedidiah Morse, que fue uno de los geógrafos más importantes de América en los años posteriores a la independencia. Los padres de Samuel siempre trataron que recibiera una educación esmerada. Por ello acudió a prestigiosas academias e incluso a la Universidad de Yale. Se formó en filosofía religiosa, matemáticas, veterinaria equina y electricidad.  Máquina de vapor: ¿un invento de Blasco de Garay? En la universidad, Morse nunca demostró mucho interés por las clases, excepto por la pintura y la electricidad, lo que causó no pocas veces la desesperación de s...