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MUJERES DE LA GENERACIÓN DEL 27: SILENCIADAS Y OLVIDADAS

Hasta ahora los libros de textos siempre han recogido la reseña de la Generación del 27 como un grupo de escritores, poetas, pintores, escultores, etc, varones.

Sin embargo, las mujeres irrumpieron en esta generación incorporándose al mundo intelectual y rompiendo las normas sociales y culturales, y sin ellas, nada hubiera sido igual.


María ZAmbrano
La Generación del 27 y las Sinsombrero

Una generación literaria determina a un grupo de escritores nacidos en una determinada época, los cuales escriben movidos por un acontecimiento.

La Generación del 27 (1923-1936) fue un extraordinario momento de la cultura española, pero al igual que sus antecesoras está generalmente asociada a un grupo de hombres.

En ella, como siempre, no cabía la visibilidad de la mujer, sin embargo, las había y muchas. Se habían incorporado al mundo intelectual rompiendo las normas sociales y culturales, consideradas mujeres modernas enemigas de la familia tradicional. Empezaron a tener voz propia.


Rosa Chacel

Las mujeres de la Generación del 27 un grupo de mujeres que escribían, pintaban, componían y esculpían, pero bajo la sombra de intelectuales masculinos. Por ello, en un gesto de rebeldía porque querían ser visualizadas, decidieron (Maruja Mallo y Margarita Manso junto con Salvador Dalú y Federico García Lorca) pasar por la Puerta del Sol, en el Madrid de la década de los 20, quitándose el sombrero para simbólicamente mostrar y dejar salir sus ideas y sus inquietudes, lo que les provocó, por cierto, no pocos insultos por parte de los viandantes. Desde entonces las mujeres de esta generación fueron conocidas como “Las Sinsombrero”.


María Teresa León
La obra de este grupo de mujeres pertenecientes a la Generación del 27 es decisiva para entender esta generación. Escritoras, poetas, pintoras, y artistas casi todas residentes en Madrid y con contacto directo con sus homónimos masculinos en la capital. Pero crearon, no obstante, un grupo paralelo en el Lyceum Club Femenino con la intención de ocupar su propio espacio en la sociedad.

Salían en las fotos de la Generación del 27, pero no en los pies de foto explicativos. Sus obras rezumaban independencia y libertad. Pero igual que ellos volvieron del exilio como héroes, ellas se encontraron con el más profundo de los olvidos.

Su “osadía”, tras la guerra civil, las relegó al silencio y al olvido. Los libros de texto nunca más se acordaron de ellas, salvo alguna rara excepción, y tuvieron que permanecer a la sombra de sus compañeros de generación, que nunca las reivindicaron, o de sus compañeros sentimentales.


Margarita Manso
Las componentes

De este grupo de mujeres, que vivieron el frenesí de un rol que empezaba a cambiar, que se sentían independientes y libres, que tuvieron que exiliarse, en su mayor parte, para seguir luchando y pensando, cabría destacar a:

María Zambrano (1904-1991): la filósofa, pensadora y ensayista es la de mayor reconocimiento en el grupo. es la que refleja en sus escritos el pensamiento de una generación. Fue la última que se marchó en la Guerra Civil y la que más luchó por su pueblo mientras sobrevivía a toda clase de miserias. Regresó en 1984 y a diferencia de sus compañeras fue ampliamente reconocida. Le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1981 y el Cervantes en 1988 (fue la primera mujer en hacerse con este galardón).


Marga Gil Roesset
María Teresa León 1903-1988):  A los 14 años ya rompió una de las convenciones sociales de la época: a esa edad las mujeres dejaban de estudiar, pero ella insistió hasta lograr licenciarse en Filosofía y LetrasFue transgresora tanto en su obra como socialmente: se separó de su marido, Gonzalo de Sebastián Alfaro, en 1922, pero, chantajeada por él con no poder ver al hijo de ambos, acaba regresando. Romperá definitivamente con él en 1928 y será pareja del poeta Rafaél Alberti, con el que acabará casándose en 1932 y pasando con él el resto de su vida. Se la ha conocido por ser la mujer de Alberti pero recorrió el mundo luchando contra el fascismo. Seguirá escribiendo —publicó hasta 20 libros—, aunque a partir del exilio de ambos, en Argentina, ella se dedicará intensamente a la obra de su marido. Reivindicar a Alberti supondrá para ella un paso atrás, pero también entiende que es la única manera que la dejarán hablar. Se convirtió en su altavoz para poder ser escuchada. Y lo consiguió.

Maruja Mallo (1902-1995): esta pintora surrealista es la primera, y la única durante años, que consigue ser reconocida por su propia obra, más allá de su género. La primera que cumple con este sueño, algo inaudita hasta entonces. Tras la Guerra Civil se ve obligada a marchar al exilio en Argentina, donde alcanza bastante reconocimiento, haciendo varias exposiciones al igual que en Nueva York con la presencia de Andy Warhol. Ya en 1962 vuelve a España, donde es prácticamente una desconocida, pero continúa con su actividad pictórica casi hasta su muerte. Su obra forma parte actualmente del Museo Reina Sofía.


Maruja Mallo
Rosa Chacel (1898-1994): esta escritora colaborará en revistas, escribirá narrativa, poesía y una colección de diarios. Hizo los mejores retratos de la mujer de aquella época, o de lo que esperaban ser. Chacel, que sólo escribió una obra antes del exilio en Brasil, donde tuvo sus años más prolíficos, plasmó en ella sus inquietudes intelectuales. Regresó a España en 1973.

Margarita Manso (1908-1960): esta pintora representa a aquellas mujeres que tuvieron que aceptar vivir una vida que no les pertenecía. Tras la guerra no se exilió. Aceptó quedarse en España aunque eso suponía quedarse callada. La vida artística de Manso quedaría en suspenso tras su noviazgo y posterior matrimonio con Alfonso Ponce de León, pintor vanguardista y falangista que fue asesinado en 1936. Después participaría en el diseño de la revista falangista Vértice, y se casaría de nuevo con Enrique Conde Gargollo.


Josefina de la Torre
Josefina de la Torre (1907-2002): fue una vanguardista que se dedicó a muchas cosas como cine, poesía, cantante, actriz..., y por tanto fue más fácil su olvido. Al igual que Margarita Manso no se exilió, se quedó en España. Trabajó en el cine —dobló a Marlene Dietrich— inicialmente, aunque acabó consagrándose casi por completo al teatro, en el que llegó a ser primera actriz del María Guerrero. Una de sus últimas actuaciones, y la más conocida, fue en la serie de TVE Anillos de oro.

 Marga Gil Roesset (1908-1932): la joven escultora vanguardista (también se dedicó a la escritura y a ilustrar los cuentos de su hermana Consuelo), para la que todo era un mundo idílico, se suicidó, con veinticuatro años, porque su amor no era correspondido por Juan Ramón Jiménez. Ella misma era puro arte.


Ángeles Santos
Concha Méndez (1898-1986): esta poeta, dramaturga, guionista, editora e impresora (ella y su marido, el poeta Manuel Altolaguirre, fueron grandes divulgadores culturales gracias a la imprenta que tenían) y muchas cosas más, es la que mejor representa el quitarse el sombrero. Vivió viajando y escribiendo, se identificó como mujer libre, rompió con todo para ser ella misma y murió en el exilio en México.


Concha Méndez
Ángeles Santos (1911-2013): la pintora y artista gráfica de vanguardia es la que mejor retrata a la mujer que deja de ser objeto y apuesta por la independencia. Con dieciseis años ya expuso en el Ateneo de Valladolid. Después, Santos llegaría a exponer en el pabellón español de la Bienal de Venecia en 1936, aunque las duras críticas a su estilo (surrealismo), la Guerra Civil y el nacimiento de su hijo harán que su obra pase a ser más convencional y costumbrista. Su obra temprana forma también parte de la colección del Reina Sofia.

Ernestina de Champourcin (1905-1999): esta poeta fue la más transgresora. Estudió en la Escuela Libre, aunque renunció a la Universidad, pero formó parte del Lyceum Femenino. Abandonó la novela para dedicarse casi exclusivamente a la poesía. Se exilió en México y regresó a España en 1972. Se le impuso el olvido más cruel. Al final de su vida, se metió en el Opus Dei y se la tachó de autora religiosa. Pero ella nunca perdió el objetivo de la libertad y vivir su vida como quisiese. La religión no fue un problema para que durante los 20 y los 30 su objetivo fuese la igualdad. Fue discípula de Juan Ramón Jiménez y es considerada una de las personalidades más brillantes del 27.


Ernestina de Champourcin
Todas ellas, en definitiva, mostraron esa lucha, esa necesidad de ocupar el lugar que les correspondía sin pedir permiso. Querían ser artísticas a secas.
  
Invisibles

A las mujeres de la Generación del 27 generalmente se las ignora al hablar de este grupo de artistas. Fueron transgresoras y la vanguardia de los años 20 y 30 en España y compartieron inquietudes, actitudes y una estrecha relación en revistas y en misiones pedagógicas con sus homónimos masculinos, pero la historia decidió olvidarlas y arrinconarlas.

Para su estudio y los libros de texto, durante mucho tiempo esta generación sólo estuvo integrada por hombres. Hecho curioso ya que mientras ellos representaron la “edad de plata” de la cultura española ellas fueron, reconocido por los expertos, la “edad de oro”.


En este anonimato también tuvieron mucho que ver sus compañeros masculinos. Ellos nunca las mencionaron. Si ellos hubieran puesto a estas mujeres en el nivel que se merecían, seguramente los historiadores se hubieron visto obligados a saber más de ellas para saber más de la generación del 27. 


Ellas y ellos de la Generación del 27
Dalí no habla casi nada de Maruja Mallo, Juan Ramón Jiménez no menciona a Marga Gil-Roësset, Buñuel no se refiere a ninguna, ni siquiera a Concha Méndez que fue su novia siete años. En la primera antología de Gerardo Diego (1932) no hay mujeres; en la de 1934 las hay, pero había hombres que se seguían oponiendo a que ellas salieran. Rosa Chacel y María Zambrano, siendo muy jóvenes, iban a las tertulias de Ortega y Gasset en La Revista de Occidente y a sus clases de la universidad. Estaban mucho mejor preparadas que otros hombres que sí salen en los manuales. Es más, cuenta Concha Méndez que Ortega le dijo de Zambrano -su alumna predilecta- que ningún otro de sus discípulos tenía la inteligencia que poseía ella.

Fue el exilio unido al hecho de ser mujeres lo que les llevó a la invisibilidad. Ellas, las mujeres de la Generación del 27, quedaron reducidas a ser mujeres de".

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