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CARMEN DE BURGOS: MUCHO MÁS QUE LA PRIMERA PERIODISTA PROFESIONAL DE ESPAÑA

Escribió unos 10.000 artículos de prensa, libros de ensayo, de viajes y novelas. Creó una tertulia literaria y defendió el divorcio, el feminismo y el voto para la mujer.

Su figura fue la de una mujer libre y emancipada que, a pesar de la época en la que le tocó vivir, no sólo logró dedicarse a lo que le gustaba, escribir, sino que se separó de su marido y tuvo un amante doce años menor que ella: Ramón Gómez de la Serna.

Carmen de Burgos
Los primeros pasos de una “niña bien”

Carmen de Burgos y Seguí (Almeria 1867-1932 Madrid) nació en el seno de una familia acomodada y fue la mayor de los diez hijos que tuvieron sus padres.

De niña, recibió una esmerada educación y una amplia cultura, al igual que sus hermanos varones, pero pronto empezó a “ahogarse” en el pueblecito almeriense donde creció y con tan sólo dieciséis años, a pesar de la oposición paterna, decidió casarse con Arturo Álvarez Bustos, un periodista bohemio doce años mayor que ella.

El matrimonio se trasladó a vivir a Almería donde el padre de su marido era gobernador civil y además poseía una empresa tipográfica donde se imprimía el principal diario de la ciudad. Esto último, permitió a Carmen familiarizarse con el mundo de la prensa al colaborar en algunos momentos de la impresión. Además, publicó sus primeros artículos en la revista satírica Almería Bufa, que dirigía su marido.

Pero su principal dedicación en aquellos años era formar una familia. Tuvo cuatro hijos, de los cuales sólo una, María de los Dolores, logró llegar a la edad adulta. Sin embargo, era una mujer inquieta y, además del cuidado de los niños y los artículos en la revista, estudió para maestra de Enseñanza Elemental Primaria, titulo que obtuvo en 1895. Tres años después consiguió el de Enseñanza Superior, en Madrid.

Carmen de Burgos
En 1901 gana plaza mediante oposición en la Escuela normal de Maestras de Guadalajara. Ese mismo año, tras la muerte de su hijo Arturo (1893-1901), decide abandonar a su marido, un hombre que la había defraudado y le era constantemente  infiel, para comenzar una nueva vida en Madrid junto a la única hija que le quedaba.

La primera periodista profesional

Al llegar a Madrid se instala en la casa de su tío, el senador Agustín de Burgos. Pero cuando Carmen vio que las intenciones de este era aprovecharse de ella como mujer, se fue de allí.

En 1902 comenzó a colaborar con el periódico El Globo con una columna titulada “Notas femeninas”. Esto la dio a conocer y para cuando al año siguiente Augusto Suárez Figueroa funda el Diario Universal piensa en ella y la contrata inmediatamente para que escriba una columna suave diaria titulada “Lecturas para la mujer”, para romper la seriedad de los sesudos artículos masculinos. El mismo director fue el que le propuso que firmase con el pseudónimo “Colombine”, con el que se la conocería a partir de entonces en el mundo del periodismo. También firmaría sus artículos con pseudónimos como “Perico el de los Palotes”. “Gabriel Luna”, “Raquel”, “Honorine” o “Marianela”.

Pero Carmen era una mujer despierta y avanzada, por lo que en su columna se las ingenió no sólo para escribir de modas y modales, sino también para introducir opinión y campañas a favor de la legalización del divorcio, la inspección en las fábricas obreras, la salud sexual, la igualdad o el voto femenino, todo ello con un tono conciliador, sin enfrentamientos, pero firme. Ese empuje y arrojo le granjeó la simpatía de intelectuales de la época, pero también el descrédito, el ataque y el repudio de los sectores más conservadores de la política y la Iglesia.

A lo largo de sus años de actividad periodística también trabajaría para el Diario Universal, El Globo, La Correspondencia de España, El Heraldo de Madrid y el ABC.

Retratada por Julio Romero de Torres
En 1905 consiguió una beca del Ministerio de Instrucción Pública para estudiar los sistemas de enseñanza de otros países, y viajó durante casi un año por Francia, Italia y Mónaco.

Cuando regresa a España retoma su actividad docente y periodística. Consigue una columna en el Heraldo de Madrid donde lanza una campaña en favor de voto femenino. Además, crea en su casa una tertulia semanal “modernista” donde se dan cita artistas, periodistas, músicos, escritores, etc de la talla de Juan Ramón Jimenez, Blasco Ibañez, Julio Romero de Torres, Sorolla, Tomás Morales, Alonso Quesada..... Esta tertulia, a la que bautizó como “El salón de Colombine”, fue el origen de la Revista Crítica, que consiguió sacar sólo seis números por motivos económicas y donde firmaron muchos intelectuales de la época, con la intención de hacerse eco de las nuevas tendencias literarias del país. Tiempo después, Carmen también escribió en la “Revista Prometeo” de Ramón Gomez de la Serna.

El joven amante

En una de aquellas animadas reuniones de su casa es donde conocería a un joven estudiante de diecinueve años: Ramón Gómez de la Serna. Al principio la relación era de admiración de él hacia ella, pues era el personaje reconocido, luego la admiración fue mutua y finalmente se enamoraron y decidieron ir a vivir juntos hacía 1909.

Pero con la llegada del gobierno conservador de Antonio Maura, en 1907, el ministro de Instrucción Pública consigue para Carmen un destino para dar clases en Toledo y alejarla así de Madrid. Sin embargo ella volvía todos los fines de semana para animar su tertulia literaria.

Carmen de Burgos con tropas del Rif
Reportera de guerra

Otro episodio que marcó la vida de Carmen de Burgos fue la guerra del Rif (Melilla, 1909). Tras el desastre del Barranco del Lobo, donde las tropas españolas fueron aniquiladas, Carmen decidió ir hasta el mismo epicentro de la contienda y contar desde allí mismo varios episodios de lo que estaba sucediendo para el Heraldo de Málaga. De esta forma se convirtió en la primera corresponsal de guerra española. Aquella masacre la impresionó tanto que con su artículo “Guerra a la guerra” denunció y apoyó la objeción de conciencia, el derecho a negarse a matar.

Aquel fue también el año en el que quedó viuda al morirse su marido. A partir de entonces compartió su vida y su pasión literaria, durante unos veinte años, con su joven amante Ramón Gómez de la Serna. Viajan y residen temporalmente en diversos países mientras comparten su amor y su pasión por la literatura. Prosiguió con su activismo por las reivindicaciones sociales y en favor de los derechos de las mujeres españolas, aunque ella no se consideraba “feminista” porque creía que ese término era un enfrentamiento con el hombre y eso no es lo que ella quería, sino la igualdad de ambos.

Entretanto, su hija María Dolores, que no siguió sus pasos sino que prefirió dedicarse a la interpretación, se casa con un actor y marchan a América a vivir. Pero el matrimonio fracasa y María vuelve al lado de su madre en Madrid en 1929. La suerte de María como actriz es inversamente proporcional a la de su adicción a las drogas, pero Carmen consigue para su hija un papel secundario en la obra de Gómez de la Serna Los medios seres. La obra fracasa en taquilla, pero durante los ensayos ha surgido una atracción mutua entre el autor y María Dolores. Escaparon a París, pero la aventura duró menos de un mes. Sin embargo, tendría consecuencias para Carmen y Ramón. Rompieron y se distanciaron. No obstante, una vez que el episodio se enfrió nunca dejaron de ser amigos. A su hija la perdonó, pero esta solo sobreviviría a su madre siete años.

Carmen de Burgos
Carmen recibiría una recompensa moral con la llegada de la Segunda República (1931), la Constitución aprobó el matrimonio civil, el divorcio y el voto femenino. Su postura política se radicalizó. Se afilió al Partido Republicano Radical Socialista, fue “presidente” de la Cruzada de Mujeres Españolas y de la Liga Internacional de Mujeres Ibérica e Hispanoamericanos, “vicepresidente primero” de la Izquierda Republicana Anticlerical y gran maestre de la logia masónica “Amor número 1”que ella misma fundó.

Moriría en Madrid 9 de octubre de 1932 a causa de un desfallecimiento que sufrió el día anterior, a causa de un ataque al corazón, mientras participaba en una mesa redonda sobre educación sexual en el Círculo Radical Socialista. Tenía sesenta y cuatro años de edad y fue enterrada en el cementerio civil de Madrid arropada por numerosos políticas e intelectuales que reconocían de esta forma su admiración por ella.

Sin embargo, la dictadura que sobrevino tras la Guerra Civil hizo que la memoria de Carmen y su obra se ocultaran y olvidaran porque no era ni política ni socialmente correcta, y mucho menos en una mujer. Fue incluida en la lista de autores prohibidos.

Excelsa obra

Fue polifacética. Sus actividades fueron muy amplias y los campos donde los difundió también. Carmen de Burgos firmó unos 10.000 artículos de prensa, también dio conferencia en el ámbito de la reivindicación femenina por sus derechos sociales y culturales (“La misión social de la mujer”, “La mujer en España”...). También escribió obras en este sentido como “La mujer moderna y sus derechos” (1927). En este sentido se la considera precursora del feminismo reformista.

Tradujo del del inglés, francés e italiano obras de Salgari, Tolstoi, Ruskin, Mattachich, entre otros.

Como escritora pertenecería a la generación del 98 (1900-1936), la Edad de Plata de los letras españolas. Entre sus novelas más destacadas está: “Puñal de claveles” de la cual se hizo eco Federico García Lorca para sus “Bodas de sangre”; “Los inadaptados” (1909); “La rampa” (1917); “Los anticuarios” (1919); “Los espirituados” (1923); “La mujer fantásticas” (1924); o “Quiero vivir mi vida” (1931)

También escribió relatos cortos (más de cien); libros de viajes como: “Por Europa”, “Cartas sin destinatario”, “Peregrinaciones” o “Mis viajes por Europa”; manuales de uso práctico para el hogar, la belleza femenina, la cocina o el diseño de cartas; el género biográfico (“Giacomo Leopardi”, “Figaro”, “La emperatriz Eugenia”, “Rafael de Riego”...)

Sin duda, Carmen de Burgos fue una mujer singular para la época, ya no solo por su actividad intelectual, social y política sino por su forma de entender la vida y la libertad. Apostó por la independencia y el goce de existir y disfrutar.

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