El lienzo renacentista fue el campo de batalla donde los pintores de la corte libraron su guerra más silenciosa y peligrosa. No fue un mero capricho estético; fue una necesidad de supervivencia, un sofisticado código visual que convirtió el arte en la forma más segura de disidencia. Lejos de ser meros propagandistas del poder absoluto, estos artistas eran agentes dobles, equilibrando su necesidad de mecenazgo real con la obligación de preservar su integridad política o simplemente la vida. En una era donde la censura era la norma y la Inquisición vigilaba cada pincelada, los pintores encontraron en los símbolos, las distorsiones y los objetos cotidianos un lenguaje cifrado capaz de eludir a los censores y desafiar al trono. 🎭 La arquitectura del engaño El retrato renacentista no era un simple reflejo de la realidad, sino un objeto tridimensional y multifacético. Los pintores de la corte eran los agentes dobles definitivos, y dominaban el arte de la "resistencia óptica". ...
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MURILLO Y LA POBREZA INFANTIL EN EL SIGLO DE ORO
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El éxito de la
pintura de género de Murillo fue mayor fuera que dentro de España, lo que hizo
que estas pinturas salieran del país después de la muerte de pintor.
En la amplia
producción de Murillo se recogen también alrededor de 25 cuadros de género, con
motivos principalmente, aunque no exclusivamente, infantiles.
Niño espulgándose
Murillo pintor de género
En España no hubo
una importante escuela de pintura de género como en el norte de Europa y sólo
hubo alguna tendencia en la composición de estos temas.
Bartolomé Esteban
Murillo (1617-1682) se dedicó casi con exclusividad a plasmar escenas de
tipo religioso, pues la clientela, tanto clérigos como laicos, así lo
demandaban, pero también fue una de
esas escasas excepciones de pintor del
tema de género.
Murillo se sintió
implicado y fue partícipe de la preocupación por la pobreza que respondían a la
situación de un país en depresión y crisis de la que la populosa Sevilla,
venida a menos por el traslado del puerto de las Indias a Cádiz, era una buena
muestra. Mendigos, reales y falsos, pícaros y tullidos poblaban las calles de
la ciudad en la que Murillo había nacido y vivía.
Abuela despiojando a su nieto
Se dice que Murillo pudiera
haber recibido del pintordanésEberhard Keil, llegado y de losbambocciantiholandeses la influencia para su pintura
de género, pero la elección de sus asuntos, puramente anecdóticos y reflejados
con espontánea alegría, le aleja de ellos creando una pintura de género sin
precedentes con un espíritu naturalista.
Niños jugando a los dados
Los cuadros de
género de Murillo tuvieron más éxito fuera que dentro de España, lo que induce
a pensar que fueron pintados por encargo de algunos de los comerciantes
flamencos asentados en Sevilla y con destino al mercado nórdico (algunos de
estos cuadros ya se mencionan en los inventarios de la colección real bávara de
los siglos XVII y XVIII adquiridos por Maximiliano de Baviera).
Niños pícaros y
mendigos
Desde
los comienzos de su producción Murillo se sintió atraído por las escenas donde
intervienen niños, tanto en sus pinturas de asunto religioso, a la hora de
representar figuras divinas, como el “Niño Jesús” o “San Juanito”, como de
género con personajes absolutamente reales. Por ello, Murillo se convertirá en
uno de los principales pintores infantiles del Barroco.
Dos niños comiendo melón y uvas
En sus pinturas de género con niños los que los picaruelos.
golfillos o simplemente niños abandonados serán los protagonistas y el motivo
del cuadro.
Tres muchachos
Pero la soledad y el
aire melancólico con que Murillo retrató al “Niño espulgándose” (Museo del
Louvre) que por su técnica y el tratamiento de la luz los expertos lo sitúan
realizado hacia 1650 o algo antes (está considerada como la primera obra de carácter
costumbrista de las realizadas por Murillo), desaparecerá en las obras posteriores, con fechas que van de 1665 a
1675 donde aunque sus protagonistas son habitualmente niños mendigos o de
familias humildes, pobremente vestidos e incluso harapientos, sus figuras
transmiten siempre optimismo pues lo que atrae al pintor es el espíritu
infantil siempre dispuesto al juego, por lo que buscará siempre ese momento
feliz.
Esa alegría
infantil, y por tanto el cambio de actitud de Murillo, es la protagonista
absoluta y puede apreciarse en lienzos como “Abuela despiojando a su nieto” (como
contrapunto a la soledad del “Niño espulgándose”), conservado en la pinacoteca
de Munich o “Niño riendo asomado a la ventana” (National Gallerry de Londres).
Niño asomado a la ventana
El pícaro pasó
también por los pinceles de Murillo surgiendo así “El joven mendigo” (Museo del
Louvre), “Dos niños comiendo melón y uvas” (Pinacoteca Antigua de Munich),
“Invitación al juego de pelota a pala” (National Gallery de Londres) o «La
vieja y el muchacho» (Colección del Duque de Wellington, Londres)..
Invitación al juego de pelota a pala
Pero Murillo también
diferencia entre el pícaro y los niños abandonados, que vagabundeaban
por las ciudades españolas. y que tenían que ingeniárselas como podían para
poder vivir sin recursos y sin nadie que les ayudara. Estos nos han llegado a
través de los cuadros conocidos como «Dos niños comiendo pastel», «Niños
jugando a los dados» (los dos en la Antigua Pinacoteca de Munich) o «Dos niños
campesinos» (The Governors of Dulwich Picture Gallery de Londres).
Los expertos coinciden en señalar que el marcado acento
naturalista que reflejan las escenas de estas obras tienen como fuentes a
Zurbarán y a Caravaggio y que la pincelada gruesa y pastosa empleada por Murillo es
característica de esta primera etapa, dejando paso en obras posteriores a una
mayor vaporosidad y transparencia (gracias a su contacto con la pintura
veneciana). Además, los detalles de estas obras están captados a la perfección
por lo que dan una clara sensación de realidad.