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EL MILAGRO DE EMPEL: LA NOCHE EN QUE EL HIELO SALVÓ A LOS TERCIOS (Y DIOS FUE ESPAÑOL)

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Cuando el almirante holandés Felipe de Hohenlohe-Neuenstein vio a sus barcos inmovilizados por un hielo que jamás debió aparecer —y a los soldados de los Tercios españoles caminando sobre él para atacarle—, solo pudo pronunciar una frase que la historia ha conservado: «Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro» . Lo que el almirante no sabía era que aquella noche, un puñado de soldados cercados, hambrientos y empapados por las aguas del Mosa, habían sido testigos de algo que la razón se negaba a aceptar: la naturaleza había cambiado las reglas del juego en cuestión de horas. Esta es la historia de cómo 5.000 soldados españoles , aislados en una isla, rodeados por una flota de entre cien y doscientos barcos rebeldes, y condenados a una muerte segura, se convirtieron en dueños del campo de batalla al amanecer del 8 de diciembre de 1585. Esta es la historia del Milagro de Empel , una de las mayores gestas de supervivencia militar de todos los tiempos. Una gesta que, cont...

SAMUEL VAN HOOGSTRATEN: UN PINTOR BARROCO DE PERSPECTIVAS

Pintó escenas de género y retratos, pero es más conocido como un especialista en efectos de perspectiva.

También son famosas sus peep-show cajas que muestran un mundo pintado en miniatura visto a través de una pequeña abertura. 




Siglo de Oro holandés

# main_activity.xml ... ... La pintura holandesa del Siglo de oro, que abarca el siglo XVII, posee muchas de las características del Barroco europeo, sin embargo, carece normalmente de la idealización y el esplendor típicos de este. No obstante, la mayor parte de las obras de estos artistas holandeses (fue un periodo muy fecundo en diversos géneros) reflejan un detallado realismo.

Otro rasgo distintivo es la escasez de pintura religiosa (el calvinismo holandés la vetaba en las iglesias por lo que el arte holandés tuvo que reinventarse tras el corte con la tradición cultural católica), aunque si eran aceptados los temas en las casas privadas, pero se produjeron relativamente pocos.


Hubo también pintura de historia y retratos, pero el período destaca más por una amplia variedad de otros géneros (más fáciles de vender y mejor aceptados por el público), subdivididos en numerosas categorías especializadas, como escenas de la vida campesina, paisajes, paisajes urbanos, o con animales, marinas, flores y bodegones.

Los holandeses del siglo XVII influyeron de manera decisiva en el desarrollo de estos géneros ya que las Provincias Unidas era la nación más próspera de Europa, liderando el comercio, la ciencia y el arte. El arte holandés, especialmente, era motivo de orgullo nacional. Así, salvo los retratos, la mayor parte de los cuadros se realizaban sin venir precedidos de un encargo específico, a diferencia de lo que ocurría en el resto de Europa.

Los visitantes de los Países Bajos se sorprendían de las enormes cantidades de arte que allí se producían y las grandes ferias en las que se vendían muchos cuadros. Aunque con tal volumen de producción, los precios eran bastante bajos, excepto en el caso de los mejores artistas. Los que no gozaban de gran reputación o que pasaban de moda, incluyendo muchos hoy considerados entre los más grandes del período, como Vermeer, Hals y Rembrandt en sus últimos años, tuvieron considerables problemas para ganarse la vida (muchos tenían otros trabajos o tuvieron que abandonar la pintura) o murieron pobres.


Peep-Show

La mayoría de los cuadros eran pequeños, salvo los retratos de grupo (la pintura mural se cultivó poco) ya que se prefería colocar lienzos enmarcados cuando se necesitaba decorar la pared de un edificio público.

Según los expertos, la calidad técnica de los artistas holandeses de este periodo era generalmente muy alta. La mayoría de estos se continuaron formando como aprendices de un maestro en su taller. Pero proliferaron las corporaciones profesionales de pintores. Ya no solamente estaba la famosa Guilda de San Lucas, sino que aparecieron otras nuevas como la de Ámsterdam, Gouda, Rótterdam, Utrecht, Delft y la de Leiden.





Aunque la pintura de paisaje tuvo mucho éxito en el momento, sin duda, la pintura de género fue la que gozó de una mayor popularidad, siendo rasgo más característico de la pintura holandesa de la época.

Dentro de la pintura de género se distinguían categorías dentro de este género: figuras solas, familias campesinas, escenas de taberna, fiestas de la «alegre compañía», mujeres trabajando en sus hogares, fiestas en la ciudad o en el pueblo, mercados, barracones, con caballos o animales de granja, en la nieve, a la luz de la luna, etc. Cada clase tenía un término específico, y los artistas solían especializarse en uno de estos sub-géneros.










Fue tal la consideración y el reconocimiento que tuvieron estos pintores y sus obras que los historiadores del arte señalan que ningún pintor holandés de los doscientos años posteriores fueron reconocidos fuera de los Países Bajos.


Van Hoogstraten

Uno de estos pintores holandeses del Siglo de Oro fue Samuel Dirksz van Hoogstraten (1627-1678).
Este artista fue primero alumno de su padre, Dirk van Hoogstraten, mientras vivía en Dordrecht hasta alrededor de 1640. Cuando este murió, Samuel cambió su residencia a Ámsterda, y entró en la escuela de Rembrandt.



Autorretrato

Al terminar su aprendizaje comenzó como maestro y pintor de retratos. También por esa época realizó viajes a Viena, Roma y Londres, retirándose finalmente a Dort. Allí se casó en 1656, y tuvo un cargo como preboste de la ceca.

A lo largo de su carrera Van Hoogstraten incursionó e imitó diferentes estilos, particularmente a su maestro Rembrandt, pero hacia finales de 1650 empieza a adquirir una identidad propia que lo caracterizará.

Además de por sus retratos asomados a la ventana, se distinguirá por su habilidad como pintor de arquitectura y perspectivas. Hoogstraten también empleó su habilidad con la perspectiva para construir cajas «peepshow» donde se ven en miniatura (a través de pequeños agujeros a cada lado de la caja) interiores de casas en tres dimensiones.

Van Hoogstraten, además de pintor y grabador, también fue poeta y dramaturgo, hombre político y ensayista de arte. Su tratado más importante sobre pintura es: Introducción a la Academia de Pintura , Rótterdam 1678, que es por su tamaño y amplitud teórica uno de los tratados de pintura más ambiciosos publicados en los Países Bajos en el siglo XVII.




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