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INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS: EL PAPEL DECISIVO DE ESPAÑA EN LA GUERRA

La fuerte influencia de la herencia anglosajona en el relato oficial de la historia de EE.UU., y la poca o mala propaganda que los propios españoles han hecho de su historia, ha favorecido el desconocimiento de la importante ayuda de España a la independencia de EE.UU.  Para empezar, España, desde la llegada de Colón, no sólo exploró las tierras hoy conocidas como la América Hispana, sino que durante trescientos años, muchos fueron los españoles que se afanaron en el descubrimiento y exploración de la mayor parte de los actuales Estados Unidos e incluso Canadá. Mapa de Las Trece Colonias Las Trece Colonias y la Declaración de Independencia Sin apagarse del todo los ecos de las continuas batallas que habían estado teniendo lugar en el Mediterráneo y en Europa (con la Guerra de Sucesión española), en el norte de África, así como por el control territorial y comercial con las Indias Occidentales  a lo largo del siglo XVIII, se iba a producir otra de dimensión internacional por el dominio

INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS: EL PAPEL DECISIVO DE ESPAÑA EN LA GUERRA

La fuerte influencia de la herencia anglosajona en el relato oficial de la historia de EE.UU., y la poca o mala propaganda que los propios españoles han hecho de su historia, ha favorecido el desconocimiento de la importante ayuda de España a la independencia de EE.UU. 

Para empezar, España, desde la llegada de Colón, no sólo exploró las tierras hoy conocidas como la América Hispana, sino que durante trescientos años, muchos fueron los españoles que se afanaron en el descubrimiento y exploración de la mayor parte de los actuales Estados Unidos e incluso Canadá.

Mapa de Las Trece Colonias


Las Trece Colonias y la Declaración de Independencia

Sin apagarse del todo los ecos de las continuas batallas que habían estado teniendo lugar en el Mediterráneo y en Europa (con la Guerra de Sucesión española), en el norte de África, así como por el control territorial y comercial con las Indias Occidentales  a lo largo del siglo XVIII, se iba a producir otra de dimensión internacional por el dominio de Silesia, India y la supremacía colonial en América del Norte  cuyos contendientes principales serían nuevamente  Francia y Gran Bretaña, pero donde se vieron involucrados en uno u otro escenario: Prusia, Rusia, Austria, Suecia, Finlandia y finalmente España. Fue la llamada Guerra de los Siete Años llevada a cabo entre 1756 a 1763.




España se afanaba en esos años, con la llegada de Carlos III al trono, en la recuperación de territorios estratégicos perdidos en la Guerra de Sucesión como Gibraltar y Menorca, pero también en frenar las continuas intromisiones de la flota inglesa en los territorios y el comercio de ultramar, así como el apresamiento de sus buques.

En el frente americano, las hostilidades entre Francia y Gran Bretaña comenzaron en 1754, donde los primeros empezaron a perder paulatinamente sus posesiones en favor de los segundos hasta finalmente perderlo todo con la conquista inglesa del Canadá francés.

Por su parte, España seguía recibiendo el hostigamiento inglés, lo que le hizo considerar, tras el fracaso del diálogo, en una nueva alianza con Francia en el encuadre de un Tercer Pacto de Familia en 1761, esta vez muy diferente a los dos anteriores, pero que permitiría a ambos países conseguir una mayor fuerza ante el enemigo común: Inglaterra.

George Washington


Este apoyo militar y estratégico a Francia iba a tener como consecuencia para España la pérdida de las dos Floridas y el derecho a la libre navegación por el Misisipi a favor de Gran Bretaña (a cambio de que esta retirara sus tropas de Manila y el puerto de La Habana) y la Colonia de Sacramento (Uruguay) para Portugal, aunque por otro lado recibió de Francia la Luisiana (mediante el Tratado de Fontainebleau de 1762) ya que estos temían la pérdida de sus territorios en Canadá si no recibían la ayuda de España. En ese momento, la Luisiana abarcaba toda la zona central de los actuales Estados Unidos, desde Canadá hasta el Golfo de México, incluida la ciudad de Nueva Orleans.

La expansión territorial británica por América del Norte dio lugar en la costa este, a lo largo de los siglos XVII y XVIII,  a la fundación de las llamadas Trece Colonias, que serían el germen de la fundación de los Estados Unidos. Estas eran en su mayor parte protestantes, de habla inglesa y con unos sistemas políticos y legales similares.

Las Trece Colonias eran administradas económicamente por y para beneficio de la metrópoli, pero tenían un alto grado de autonomía política y de elecciones locales al ser menos productivas que las islas caribeñas y ser los colonos dueños de sus tierras. A mediados del siglo XVIII empezaron a colaborar entre si para tener cada vez menor dependencia de Gran Bretaña, ya que pagaban unos altos impuestos pero no se sentían representados. lo que les llevó a ser más conscientes de sus derechos y a crearles un sentido de identidad, además, la reciente Guerra de los Siete Años les había dejado un poso de sentimiento independentista. 

Estas quejas contra el gobierno británico derivó más tarde en la revolución estadounidense con encuentros armados contra Gran Bretaña, y un año después, reunidas las Trece Colonias en un Congreso continental, declarar su independencia el 4 de julio de 1776. Por supuesto, en ese momento, la guerra total contra la metrópoli fue un hecho.

Carlos III

La ayuda española

Pero los encuentros armados entre las Trece Colonias e Inglaterra habían puesto desde el principio en evidencia una cosa: la inferioridad manifiesta del ejército comandado por el general George Washington, formado en su mayor parte por colonos que se dedicaban a la agricultura y la caza, pero que no tenían ninguna formación militar. 

Washington manifestó este mismo argumento en el Congreso donde se declaró la independencia, así como que se necesitaba urgentemente la ayuda externa de Francia y España, los mayores rivales ingleses y que podían hacer frente a su poderío militar por tierra, pero sobre todo por mar, que era donde ellos no disponían de una flota eficaz.

Francia, dolida y humillada por los ibritánicos en la reciente Guerra de los Siete Años, atendió la petición de auxilio de las Siete Colonias de inmediato, una vez que supo de la victoria de estos en la Batalla de Saratoga en 1777. Nada tenía que perder, pues ya casi nada le quedaba en el Continente.

España, por su parte, se lo pensó un poco más. Tenía muchos intereses en la zona y no quería que se extendiese el deseo de independencia por sus territorios. No obstante, desde el comienzo, optó por la ayuda encubierta. Con el máximo secreto envió a los sublevados armas, medicinas, pertrechos, municiones, pólvora, uniformes, calzado e importantes cantidades de dinero, tanto desde la península como desde los territorios españoles en América, así como proporcionando refugio a sus barcos. Nada de esto cesó hasta la conclusión de la guerra y  fue, sin duda, crucial para el desenlace final de la misma en favor de los colonos estadounidenses de forma rápida.

Pero el cerco inglés cada vez se aproximaba más a los territorios españoles y a su flota en alta mar para apoderarse de su carga comercial. Todo ello convenció a España de la necesidad de pasar a un primer plano en la guerra por la independencia de las Trece Colonias, y con ello, diezmar la fuerza inglesa. De esta forma, en 1779, firmaría con Francia el Tratado de Aranjuez, en cuyos objetivos no sólo estaba el de su entrada de forma abierta en el conflicto mediante su ayuda declarada, sino también, con esa fuerza conjunta franco-española, el de arrebatar a Inglaterra Gibraltar, Menorca y la Florida, así como expulsarlos de Jamaica y Honduras.

Luisiana y Florida siglo XVIII


Serían varios los flancos, y muy alejados entre sí, en los que la Armada española tendría que combatir a la inglesa, la más poderosa de la época. Pero en estos momentos, la española, estaba entrando de lleno en un nuevo esplendor naval ya que llevaba varios años reforzando y preparando sus navíos (con un aumento cuantitativo y cualitativo de sus buques de guerra a los que aplicó los cambios y novedades más avanzados de su tiempo) para combatir al enemigo inglés obligándole a dividir sus fuerzas entre uno y otro lado del Atlántico.

Tras más de seis años de guerra, finalmente, el 30 de noviembre de 1782 a Inglaterra, con sus fuerzas diezmadas, debido a las operaciones llevadas a cabo por la escuadra hispano-francesa que consiguieron proteger los convoyes que se dirigían por mar  a las costas americanas con ayuda humana y material y facilitando las terrestres de Washington, no le queda más remedio que reconocer la independencia de las Trece Colonias. El 3 de septiembre del siguiente año, poniendo fin a la guerra, se firmará la Paz de París. El propio George Washington escribirá al rey Carlos III una carta agradeciéndole su indispensable ayuda por alcanzar sus objetivos de libertad.

En lo relativo a España, la firma de esta paz le supuso la recuperación de Menorca y la Florida, así como el acceso restringido de Inglaterra a las costas de Honduras, Nicaragua y Campeche.

Bernardo de Gálvez y muchos más

Aunque no cabe duda de que Francia ha sido la que ha pasado a la historia, y posteriormente a los libros, las novelas y el cine, como la gran aliada de los rebeldes para conseguir su independencia frente a Gran Bretaña, dado que estaban junto a Washington en la célebre batalla de Yorktown donde los británicos fueron derrotados, España, y su importante y decisiva ayuda ha pasado, por contra, desapercibida o ser muy poco conocida, estudiada y divulgada, obviamente por razones interesadas, y tal vez también por el secretismo de la ayuda inicial encubierta que ha hecho difícil la investigación y la demostración de los hechos.

Bernardo de Gálvez


Sin embargo, los más recientes estudios sobre el tema empiezan a abrir paso a la verdad no sólo en el ámbito académico sino a la opinión pública en general con exposiciones y documentos como un escrito de 1776 del conde de Aranda, a la sazón embajador en Paris en la época, que demuestra la ayuda financiera y material a los colonos desde el momento en que estalla el conflicto.

No sólo eso, se sabe ya que mientras que los galos aportaron 5.000 efectivos humanos a la guerra para luchar junto a los rebeldes, España lo hará con más de 11.000. Pero además de los soldados, grandes nombres de la historia de España pondrán su experiencia, lucha y tesón  al servicio de esta causa como por ejemplo, entre otros, el ya mencionada conde de Aranda, gran impulsor de la ayuda española a la independencia de la Trece Colonias; el comerciante bilbaíno Diego María Gardoqui, a quien en secreto el rey Carlos III le encargó el envío de dinero y suministros, a través de su compañía naviera, de 1777 a 1783, y a quién el monarca nombrará posteriormente primer embajador de los recién estrenados Estados Unidos; el almirante José Solano, a cuyas órdenes se encontraba el convoy que trasladaría a 11.000 soldados a luchar en favor de los rebeldes americanos colaborando en la conquista de Florida y en la toma de Pensacola; el comandante Luis de Córdova; el teniente general José de Mazarredo; Luis de Unzaga, militar y administrador, quién entre otras muchas cosas, colaboró en la implantación del dólar como moneda comercial transfronteriza; Juan de Miralles, comerciante, diplomático y espía en la Guerra de Independencia americana y amigo personal de George Washington al que el ejército estadounidense rindió honores militares por los servicios prestados cuando falleció en 1780; y por supuesto, el que fue gobernador de Luisiana y Nueva España, militar y político clave en esta guerra, Bernardo de Gálvez, el cual, al principio contando con poco más de 600 hombres, bloqueó el puerto de Nueva Orleans impidiendo que los navíos británicos utilizaran el Misisipi, facilitó el tránsito de los rebeldes hacia el sur de la zona de guerra, ayudó al envío de munición para las tropas de Washington y Clark, y así mismo, vencedor con sus tropas en el asedio a Pensacola en 1781, algo que resultó vital para la victoria final de los colonos americanos.  Su padre y su tío también fueron decisivos en esa ayuda. Gálvez también ordenó la expedición militar, mandada por Manuel Cagigal y Francisco Miranda, que tuvo lugar en mayo de 1782 alzándose con la olvidada conquista de Bahamas a los británicos, en combinación con los americanos.

Batalla de Pensacola

Bernardo de Gálvez va saliendo paulatinamente del olvido en los últimos años por el regalo de España en 1976 de una estatua ecuestre suya a Estados Unidos con motivo del bicentenario de su independencia y que fue colocada en la ciudad de Washington, junto a la de otros libertadores, por su destacado papel y su singular gesta en la Luisiana; por el retrato que cuelga en el Congreso norteamericano, por orden directa del ex presidente Barack Obama, al ser localizados unos documentos por una asociación cultural española que lleva su nombre en los cuales se acreditaba el agradecimiento del Congreso estadounidense de la época a la ayuda que prestó España al pueblo norteamericano y particularmente la destacada actuación de Bernardo de Gálvez; y finalmente, ser  nombrado ciudadano honorífico norteamericano a título póstumo en el año 2014 .

El militar español también da nombre a una ciudad en Texas: Galveston, a la Bahía de Galveston, al Condado de Galveston, a Gálvez en Luisiana o a la Parroquia de St. Bernard también en Luisiana, entre otras tantas calles, plazas y estatuas colocadas en su honor en diversos lugares de Estados Unidos.

Presencia española en Norteamérica

Si olvidadas y desconocidas son las gestas y ayuda española a las Trece Colonias por su independencia, no lo es menos la presencia de España en Norteamérica desde los inicios del siglo XVI, es decir, cuando comenzaron las primeras expediciones por la zona, o lo que es lo mismo, una historia común de más de trescientos años. 

La primera presencia documentada es la de Ponce de León al llegar con sus tropas a la Florida en 1513. Desde entonces, otros tantos expedicionarios españoles fueron adentrándose poco a poco hacia el interior y hacia el norte del continente hasta llegar a California, más o menos un siglo más tarde. 

Ponce de León

Por ello, las cartografías más antiguas de la costa del Pacífico fueron realizadas por españoles en el siglo XVIII, así como documentación acerca de organización y costumbres de nativos, geografía, clima, flora y fauna, abriendo este conocimiento científico al mundo.

Pero la extensión del territorio, el clima y la hostilidad de los indios nativos fueron un impedimento importante a la hora de la fundación de ciudades en estas latitudes. Sin embargo, lo hicieron posible basándose en los sistemas de los pueblos de misión, los ranchos, el presidio defensivo o con la hibridación en poblados nativos ya existentes. Todos estos asentamientos pueden rastrearse en la amplia cartografía existente de las nuevas tierras.

También se han conservado en valiosas colecciones, como las del Museo Naval de Madrid, muchos instrumentos astronómicos , científicos y de navegación de nuevo cuño que permitieron estas peligrosas incursiones, gracias a los avanzados medios técnicos estudiados y puestos en práctica por los marinos españoles de la época que les permitieron tales logros.

Sin embargo, una vez conseguido el asentamiento, no permanecían aislados sino que estas comunidades contaban con comunicaciones para el abastecimiento como los llamados Caminos Reales, o rutas terrestres que recorrían el territorio. El más antiguo de estos fue el llamado Camino Real de Tierra Adentro que unía México con Santa Fe, desde 2010 Patrimonio Cultural de la Humanidad. Las rutas fluviales fueron también vitales para el comercio, especialmente el río Misisipi.

Pero la presencia española en suelo hoy norteamericano no se queda aquí. Esta larga y abundante actividad exploradora puede rastrearse desde la Florida hasta California y por el norte hasta Alaska, siendo España el primer país europeo en asentarse en estas inexploradas tierras.

Cartel del Camino Real de Tierra Adentro

Es por ello, que esta presencia española en Norteamérica se hace patente todavía en su cultura e idiosincrasia. Esta huella puede encontrarse en todo el país, pues está lleno de referencias hispanas, calles, lugares, plazas, estatuas, etc., aunque muchos lo desconozcan. Por ejemplo, Nueva Orleans, recuerda a La Habana, no en vano fue reconstruida por los españoles; en el escudo de Los Ángeles se ve claramente el castillo y el león de la corona española; la primera moneda legal de los estadounidenses fue el "Real de a 8", moneda española que sentó la bases del actual dólar; en muchas banderas y escudos de sus estados figuran los colores rojo y amarillo de la bandera española; el primer sello en difundirse en Estados Unidos tuvo el rostro de Isabel la Católica; e igualmente, su afamado día de Acción de Gracias, tiene su origen (como señalan diversos estudios muy recientes de algunas universidades norteamericanas), en la celebración dando gracias a dios  llevada a cabo por colonos españoles cuando llegaron sanos y salvos a lo que hoy es San Agustín, en Florida, el 8 de septiembre de 1565. Posteriormente se fue repitiendo y extendiendo su uso a lo largo del país.


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