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SOROLLA Y LA DRAMÁTICA DENUNCIA SOCIAL DE SU OBRA

El desarrollo industrial trajo consigo inquietudes sociales que reflejaron puntualmente las creaciones artísticas tanto en la literatura como en la pintura.

Las primeras obras de un Sorolla ya consolidado las realizará dentro del realismo social que tan en boga estaba en aquellos momentos.

Otra Margarita
El realismo social en la pintura

El Realismo fue un movimiento artístico y literario cuyo propósito fundamental consistió en la representación objetiva de la realidad, basándose en la observación de los aspectos cotidianos que brindaba la vida de la época. 

Esa exigencia de contemporaneidad, ajena a evocaciones o fantasías de corte romántico, posibilitaron a los artistas realistas un amplio campo de representación, tanto en la temática como en su intencionalidad.

Sin embargo, esta corriente que tan en boga estuvo en estos años en Europa, en España no encontraba el eco necesario debido al notorio retraso tecnológico y sociológico del país.

Los pintores de la época permanecían anclados en un romanticismo académico (fomentado oficialmente a través de las Exposiciones Nacionales), por lo que el realismo  tardara en introducirse de un modo oficial, si bien era sobradamente conocido por la larga nómina de pintores españoles que durante esos años gozaron de pensiones en Italia y Francia.

La irrupción del Realismo en España se manifestó de muy variada forma. De un lado, la burguesía propicia la producción de un realismo preciosista (dulcificado); de otro, la presión academicista hace que el realismo se manifieste con el concurso de pintores de historia. El realismo social emergerá, sin embargo,  al amparo de las Exposiciones Nacionales.

Trata de blancas
El momento que marca el punto de partida del reconocimiento de la pintura realista española puede situarse en la Exposición de París de 1889, habida cuenta de que, siendo la primera ocasión en que se conceden premios a cuadros de alcance y contenido social, entre los galardonados figura La visita al hospital (Sevilla, Museo de Bellas Artes), del andaluz Luis Jiménez Aranda.

Este reconocimiento resultó un revulsivo en los medios artísticos españoles, provocando que a partir de 1890 se multiplicara la producción de este tipo de obras.

Sin embargo, esta apuesta por reflejar la realidad se bifurcó en dos vertientes claramente diferenciadas. Una, de resultados suaves y agradables, y otra, de connotaciones más críticas y comprometidas socialmente.

Esa primera vertiente es la que más éxito tuvo entre la sociedad burguesa de la época y la que, al igual que hoy, estaría bien cotizada. Se trata de un realismo centrado en asuntos cotidianos, donde prevalece la visión endulzada y anecdótica de la vida y donde se evita lo feo y desagradable. Se trata, en definitiva, de una pintura que parte de un realismo verdadero para acabar en un realismo falso y rayando en lo costumbrista.

Sorolla y el compromiso social

Sorolla practicará el realismo social desde una perspectiva crítica, con tonos oscuros en los que sin embargo ya había tímidos recuadros de luz solar que anunciaban la luminosidad de sus obras más famosas y en las que demostrará un estilo personal. Otra de las características de sus obras de realismo social será la expresividad dramática en los rostros de los personajes de estos cuadros.

Sobresalen en este apartado lienzos tan perturbadores como los de las dos famosas composiciones -localizadas expresivamente en interiores sombríos de vagones de tren-“Otra Margarita” (1892) y  “Trata de blanca”s (1895).

Aún dicen que el pescado es caro

El título de en “Otra Margarita” es una alusión a Margarita, la amada de Fausto —protagonista de la obra de Goethe— que es encarcelada tras asesinar a su hijo. El pintor valenciano mandó el cuadro a la Exposición Universal de Chicago (EE UU) en 1893 y recibió la Medalla de Honor.

La escena se desarrolla en un vagón de tren que se hace verdaderamente asfixiante debido a la abrupta terminación de su perspectiva en una pared totalmente vacía, que viene a remarcar, simbólicamente, la idea de caja, de prisión.

Un ambiente tenebroso y denso engulle a los tres personajes que permanecen sentados en el vagón de madera del tren. Los guardias civiles, adormilados por el traqueteo, custodian a una mujer esposada y de mirada perdida a la que acusan de haber matado a su hijo asfixiándolo.

El realismo social donde mujer y ferrocarril convergen vuelve a reiterarse en “Trata de blancas”  (1894). Aborda el tema de la prostitución.  En el cuadro aparecen representadas un grupo de mujeres vestidas a modo de campesinas con mantillas y pañuelos en sus cabezas que dormitan, a excepción de la anciana de negro que las acompaña, la cual permanece despierta y vigilante. El momento que recoge el pintor, con las jóvenes dormidas y la mujer mayor mirando al infinito, nos oculta su verdadera profesión.

El tono de ambas obras es miserabilista y en ellos se sintetiza la esencia misma del realismo social. Son pinturas de firme dibujo descriptivo, de composición armoniosa, equilibradas en el tratamiento de un espacio difícil y dominadas por una atmósfera de color-luz muy particular.

En ese mismo dramatismo severo y sentido se desenvuelven las nuevas composiciones sociales en que Sorolla decidió introducir la temática valenciana: ¡Aún dicen que el pescado es caro! (1894) -escena de accidente laboral en la bodega de una barca-, y en ¡Triste herencia! (1899).

Con ¡Aún dicen que el pescado es caro! obtuvo una Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de 1895 (se exhibe en el Museo del Prado). El título del cuadro procede de la novela Flor de Mayo escrita por Vicente Blanco Ibáñez que se desarrolla en las playas del barrio del Cabañal en Valencia. En uno de los pasajes, muere en el mar un pescador llamado Pascualet.

Triste herencia
La escena representa  el interior de un barco dos pescadores de edad avanzada con semblante serio y preocupado atienden a otro más joven tendido en el suelo tras sufrir un accidente. Del torso de éste pende una medalla protectora contra los infortunios de la mar como el que acaba de sucederle. 

Alrededor de los personajes se observan diversos aperos de pesca e incluso algunos peces capturados y objetos habituales en el interior de las embarcaciones: un candil, un tonal para el agua dulce o cuerdas. El tema responde a una profunda preocupación social del artista, que muestra las penalidades del oficio de mar.

El cuadro “Triste herencia” fue premiado en París y supuso la definitiva consagración internacional de Sorolla. En el lienzo contienen una gran carga expresiva y sentimental. En el predominan las pinceladas horizontales, los tonos profundos de colorido de atardecer y el movimiento del agua contrastando con la palidez de los cuerpos de los niños enfermos -herederos de las taras de ajenas enfermedades venéreas-, y las sombras proyectadas en la arena.

Con esta escena de baño en la playa de los niños disminuidos culmina la pintura social de Sorolla.

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