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DON QUIJOTE: EL ANTIHÉROE

Se dice que Don Quijote, el gran personaje de Miguel de Cervantes, es infinito, completo, embriagante y admirable, en una palabra, que no tiene par.

Don Quijote a pesar de todos sus fallos, es un caballero, tiene nobleza, es admirable y simpático y está lleno de sabiduría e ingenio.

Su aspecto físico

Nos podemos hacer una idea clara sobre como es Don Quijote porque son muchos los adjetivos que se repiten a lo largo de la novela en referencia al personaje: largo, flaco, seco, amojamado, amarillo, tendido y estrecho.

Ya en el primer capítulo, Cervantes escribe de él: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro".

El propio Sancho Panza, su fiel escudero, le dice a las claras: "... verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto".

Otro personaje de la segunda parte de la obra, el bachiller Sansón Carrasco, añade más detalles sobre Don Quijote: "...estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos".

El propio Don Quijote habla de "la contextura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y espaciosidad de sus venas".

En otra parte, se añade: "la más triste y melancólica figura que pudiera formar la misma tristeza".
Sus modales también denotan su hidalguía. Aunque la novela de Cervantes está salpicada de una amplia muestra de la gastronomía española, su héroe se mantiene frugal. Esta misma disciplina al comer la recomienda Don Quijote a su escudero: "Come poco y cena más poco". Así como con la bebida: "Sé templado en el beber; considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra". Y no sólo le espeta en la cantidad, sino también en la actitud: "Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de eructar delante de nadie".

Valentía, honor y amor

Aunque termina más veces echado por tierra o apaleado, la valentía -o el anhelo de ser valiente- de Don Quijote es incuestionable. "Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las hazañas, los valerosos hechos", le dice a Sancho.

Su imagen es la de un endeble hidalgo, pero él se atreve “en desigual batalla” con molinos de viento (tomados por gigantes), rebaños de ovejas (tomadas por un ejército), etc. Sin embargo, en sus momentos más lúcidos entiende que la prudencia no es mala consejera: "Bien sé lo que es valentía, que es una virtud que está puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad".

Pero la principal motivación del famoso hidalgo es el honor. Es la base de su filosofía. En este concepto significa para él la honradez, la firmeza la dignidad, su deseo por socorrer a los desgraciados y ayudar a los necesitados.

Este mismo honor persiste durante sus estados de lucidez y es precisamente este el que hace a Don Quijote aceptar la derrota a manos de Sansón Carrasco, al final de la Segunda Parte, y que lo devuelve triste y vencido a su personalidad de Alonso Quijano al final de sus días.

Don Quijote, además, entrega su amor y fidelidad a una sola mujer, Aldonza Lorenzo, a la que transforma en Dulcinea del Toboso. Él sabe que la joven es una identidad inventada e idealizada, pero que le permiten desarrollar un amor platónico que es, en definitiva, la razón de ser de su misión pues "el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma". Será por ella que se embarca en sus aventuras y desafíos declarándosele: "Vuestro hasta la muerte".

Imaginario hombre moderno

Para muchos investigadores de la obra inmortal de Cervantes, esta novela representa nada menos que uno de los puntos claves de la inauguración de la época moderna, es decir, inventa el imaginario del hombre moderno.

Consideran esos mismos estudiosos que "El Quijote" está estrechamente vinculado con el surgimiento del "anti-dogmatismo", el ocaso de las certidumbres de la edad medieval, porque en "El Quijote” todo se pone en duda y precisamente la tarea del hombre moderno es intentar descifrar las muchas interpretaciones del mundo. Ya desde la primera frase de la novela surge la duda ("en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme"), lo cual rompe de forma absoluta el esquema tradicional de la literatura épica, para instaurar el mundo moderno de la duda y del viaje de descubrimiento, aseguran.

La parte más fascinante del libro, concluyen estos analistas, es justamente la manera en que pone de manifiesto esta búsqueda dentro de la propia novela. Sin embargo, en el transcurrir del libro Don Quijote, como primer hombre del mundo moderno, tendrá que aprender a distinguir entre ficción y realidad. Un esfuerzo de imaginación que desemboca en la conciencia individual, y, por tanto, en la idea de la libertad individual como obligación y desafío.

La novela de Cervantes está llena de posibilidades, sorpresas y desafíos.También es fascinante el viaje de exploración que emprende el caballero de la triste figura, es decir, el probarse en el mundo.

Pero a Don Quijote, que vive mil aventuras extremadamente peligrosas, donde lo golpean, lo hieren etc, ninguna de estas le derrota, solo cuando vuelve a casa, porque su voluntad le falla, muere.Es decir, Don Quijote vive mientras está siendo lo que quiere ser, pero cuando es lo que meramente es, ya no encuentra sentido a vivir. Esto es interpretado como una lección vital, como que la fantasía es esencial en la vida del individuo, ya que la satisfacción no la da ser complaciente con lo que se es, si no se está a gusto con lo que te ha tocado, sino que está en el camino hacía lo que uno quiere ser.

Es pues, el “Don Quijote” de Cervantes, en opinión de los expertos, una novela absolutamente moderna, en el sentido que presenta muchos niveles de realidad.

“Don Quijote”, un libro infinito

Cuando Cervantes escribió "El Quijote", éste fue recibido como un libro cómico, divertido. La novela no empezó a ser entendida hasta el siglo XIX, con el romanticismo.
Es aquí cuando la figura del Quijote empieza a crear otra dimensión distinta, que encaja perfectamente con ese sentido de la libertad y del apasionamiento que caracteriza al romántico.
Don Quijote por un lado es apasionado, es rebelde, se salta todas las normas. Pero también es introvertido, ama por encima de todas las cosas, se crea su ideal de belleza. Es un romántico pleno.
Es a partir de este siglo que Don Quijote se descubre como un personaje universal y atemporal. Don Quijote, dicen, somos todos, en cualquier momento y en cualquier lugar.
Si Don Quijote viviera hoy no se sabe en qué ocuparía su tiempo, pero si se apuesta porque sería un gran espadachín verbal, un observador incansable y un irónico burlador de su destino.

Este libro es el más editado y traducido de la historia, solo superado por la Biblia. 

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