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ROSA LUXEMBURGO: EL BRUTAL ASESINATO DE “LA ROSA ROJA”

La polaca a la que Lenin llamó el “Águila de la Revolución” soñaba con que todos los trabajadores del mundo se unieran olvidando las fronteras.

Esta menuda mujer, pensadora y revolucionaria, murió ejecutada brutalmente a manos de los despiadados freikorps alemanes.

Rosa Lusemburgo
Una vida marcada

Rosa Luxemburgo nació en 1871, cuando Polonia formaba parte todavía del Imperio Ruso, en un pequeño pueblo llamado Zamość, cerca de Lublin.

Su familia era de procedencia judía y de marcada educación liberal y cosmopolita. De hecho su padre, que había estudiado en Alemania, mostró siempre mucho interés por las ideas contemporáneas, los asuntos internacionales y el gusto por la literatura occidental, afición esta última que compartía con la madre de rosa, ávida lectora de libros en polaco y alemán.



A Rosa su educación, no pudo ir a los mejores colegios porque era polaca y estaban reservados a los judíos, y el antisemitismo, endémico en la vida cotidiana del país (de hecho hubo una ola de pogromos), la marco y politizó tempranamente.

Leo Jogiches
El crispado ambiente decidió a la familia a marcharse a vivir a Varsovia cuando Rosa contaba 15 años de edad. Pero la joven ya estaba involucrada en actividades clandestinas y esto le llevo a unirse al Partido del Proletariado, primer partido socialista polaco.


Cuando Rosa cumplió los 18 años tuvo que huir a Suiza para no ser capturada por la policía pues los activistas de su partido intentaron organizar una huelga general y fueron ejecutados.

En el país helvético conoció a su compañero revolucionario socialista, Leo Jogiches (conocido por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho) que se convirtió en uno de los grandes amores e influencias de su vida.


Sin embargo, Rosa llegó a superar a Leo como oradora y pensadora. Su fama como teórica marxista crecía tanto que Jogiches terminó separándose de ella en 1907, aunque siguió su relación epistolar. Rosa Luxemburgo le escribió casi un millar de cartas a Leo Jogiches entre 1893 y 1914.

Su destino en Berlín

En 1898, Rosa Luxemburgo cambió su residencia a Berlín, donde ya viviría el resto de su vida, casándose allí con el hijo de una amiga, con el que nunca vivió, para obtener la ciudadanía.

Karl Liebknech,
Rosa Luxemburgo, que no era nacionalista, ni creía en la autodeterminación de los polacos, pero que sí creía en una unión de los trabajadores del mundo sin fronteras, el potencial de la revolución le hizo entender la necesidad de resistencia a injusticias históricas. Como muchos de sus contemporáneos, estaba convencida de que en Alemania iba a dar comienzo la revolución.

Rosa era brillante hablando en público y como escritora aguda y sarcástica, muy poderosa, lo que le abrió las puertas del Partido Socialdemócrata alemán.

La revolución empezó a extenderse en 1905 no en Alemania, sino precisamente por el Imperio ruso, lo que supuso una amarga crítica por parte de Rosa a su partido y el consiguiente desagrado de estos.
Pero cuanto más la odiaban en su partido más popular era en las calles y más bienvenida era en los mítines del proletariado.

Rosa y su amiga Clara 
Rosa Luxemburgo creyó firmemente que una huelga general podría usarse para provocar una revolución social, pero empezaba a dudar de que los socialdemócratas alemanes quisiesen estar a la cabeza de tal revolución y más cuando empezó a reconocer las verdaderas aspiraciones del partido en el que militaba: siempre le inquietó ese deseo que tenían de ser parte del sistema político.

Cuando su partido, que en 1914 había conseguido muchos escaños en el parlamento, votó a favor del presupuesto para municiones de guerra, ella se dedicó a hacer campaña contra lo que denunció como una guerra imperialista junto a su amiga Clara Zetkin y al marxista y antimilitarista Karl Liebknech, con el que más tarde fundará el movimiento Liga de los Espartaquistas (1918) que se trasformará en el Partido Comunista Alemán (KPD).

Por esos años encabezó multitud de protestas contra la Primera Guerra Mundial y fue encarcelada por ello en muchas ocasiones, ya conocida como "Rosa Roja".

Lenin
En 1917 tuvo noticia de las revoluciones que estaban teniendo lugar en Rusia y de defender el arrojo de Lenin pasaría a tener con él una de sus más notables disputas. Reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y su supresión de los partidos rivales.

Defendió todo su vida la libertad de pensar diferente de las mayorías y por eso fue amada y odiada en igual medida.

Un macabro final

Del 5 al 12 de enero de 1919, Berlín fue el escenario de una huelga general, con la que los manifestantes soñaban repetir la experiencia rusa. Se le conoce como el Levantamiento Espartaquista, aunque en realidad la Liga Espartaquista no la convocó ni la dirigió, aunque sí que cooperó.

De hecho, Rosa Luxemburgo señaló que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que no contaban con lo necesario para derrocar al gobierno. Sin embargo, aunque anticipó que se venía una catástrofe, se sintió obligada a participar.

Ebert
El presidente socialdemócrata Friedrich Ebert respondió ordenándole a los freikorps -para entonces una banda de protonazis- que aplastaran la rebelión. Una vez cumplida esa misión, el 15 de enero de 1919, detuvieron a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht. Los golpearon, torturaron y humillaron. A ella, uno de los paramilitares le rompió el cráneo con la culata de su rifle. Con la sangre brotando de su herida, la metieron a un auto, donde fue abatida a tiros y arrojada al canal Landwehr de Berlín.
Leo Jogiches fue asesinado semanas más tarde en Berlín intentando investigar su muerte. Unos cuatro meses después de su asesinato el cuerpo de Rosa Luxemburgo fue encontrado y reconocido gracias a sus guantes y lo que quedaba de su vestido. En la actualidad no se tiene claro que aquellos fueron sus restos.

Las últimas palabras conocidas que escribió Rosa Luxemburgo fueron: "Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror de ustedes: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!".


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