En el año 548, cuando el cuerpo de Teodora fue enterrado en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, un imperio entero lloró la pérdida de la mujer que había sostenido los cimientos de Bizancio durante dos décadas. Pero al mismo tiempo, en los círculos aristocráticos de la capital, circulaba en secreto un manuscrito que la describía como algo muy distinto: una prostituta sin escrúpulos, una actriz depravada, un demonio con forma de mujer que había hechizado al emperador Justiniano para dominar el mundo . Ese manuscrito era la Historia Secreta de Procopio de Cesarea, el cronista oficial del imperio que, oculto en las sombras, escribió la versión más venenosa jamás concebida sobre sus propios gobernantes . Y durante más de mil años, esa fue la imagen que prevaleció: la de una Teodora manipuladora, lasciva y corrupta, cuya única virtud era haber seducido al hombre más poderoso de su tiempo. Pero la historia, como casi siempre, es mucho más compleja. Teo...
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FERNANDO VII: EL REY FELÓN QUE TRAICIONÓ VARIAS VECES A SU PUEBLO
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Fernando VII fue uno de los reyes más polémicos y controvertidos de la historia de España.
Su reinado, que abarcó desde 1808 hasta 1833, con una breve interrupción entre 1810 y 1814, estuvo marcado por las guerras, las conspiraciones, las intrigas, las revoluciones y las traiciones.
Fernando VII
Primera traición
Fernando VII traicionó a su pueblo en varias ocasiones, tanto por acción como por omisión, y se ganó el apodo de "el rey felón" por su falta de lealtad, de honradez y de respeto a la Constitución y a las Cortes.
La primera traición de Fernando VII se produjo en 1808, cuando se alió con Napoleón Bonaparte para derrocar a su padre, Carlos IV, y hacerse con el trono de España. Fernando VII aprovechó el descontento popular contra Carlos IV y su valido, Manuel Godoy, que habían firmado el Tratado de Fontainebleau con Francia, permitiendo el paso de las tropas francesas por territorio español para invadir Portugal. Fernando VII encabezó una conjura palaciega contra su padre, que culminó con el Motín de Aranjuez, el 17 de marzo de 1808, en el que Godoy fue apresado y Carlos IV fue obligado a abdicar en favor de su hijo.
Sin embargo, Fernando VII no contaba con que Napoleón tenía otros planes para España. El emperador francés, que ambicionaba dominar toda Europa, aprovechó la crisis dinástica española para intervenir en el país y colocar a su hermano José Bonaparte como rey. Para ello, Napoleón convocó a Carlos IV y a Fernando VII a Bayona, bajo la excusa de mediar entre ellos, y les hizo renunciar a sus derechos al trono, a cambio de unas pensiones y unos territorios en Francia e Italia. Así se produjeron las llamadas Abdicaciones de Bayona, el 5 y el 6 de mayo de 1808, que supusieron la entrega de España a los franceses.
Motín de Aranjuez
Fernando VII, lejos de resistirse a la imposición de Napoleón, se mostró sumiso y servil, e incluso llegó a pedirle que lo adoptara como hijo. Fernando VII esperaba que Napoleón lo restituyera en el trono, pero pronto se dio cuenta de que había sido engañado y traicionado. Napoleón lo mantuvo prisionero en Francia durante seis años, mientras su hermano José ocupaba el trono de España con el apoyo de las tropas francesas.
Segunda traición
La segunda traición de Fernando VII se produjo por omisión, al no apoyar ni reconocer la resistencia del pueblo español contra la invasión francesa y la imposición de José Bonaparte. El pueblo español, engañado, vio a Fernando como una víctima de sus padres y de Napoleón, e inició la guerra contra los franceses con el principal objetivo de recuperar la corona de Fernando VII, llamado "el Deseado". El 2 de mayo de 1808, el levantamiento popular en Madrid contra las tropas francesas fue el detonante de la guerra de la Independencia, que se extendió por todo el país y contó con el apoyo de Gran Bretaña y Portugal.
Guerra de Independencia 1808
Durante la guerra, se formaron juntas locales y provinciales que asumieron el poder en nombre de Fernando VII, y que se unificaron en la Junta Suprema Central. Esta Junta convocó a las Cortes Generales y Extraordinarias, que se reunieron en Cádiz, el único territorio libre de la ocupación francesa. Las Cortes de Cádiz elaboraron y aprobaron la Constitución de 1812, la primera de la historia de España, que establecía la soberanía nacional, la división de poderes, el sufragio universal masculino, la libertad de expresión, la abolición de la Inquisición y la supresión de los señoríos, entre otros principios liberales y progresistas.
Fernando VII, mientras tanto, permaneció en Francia, sin participar ni colaborar en la lucha contra los franceses, ni en la elaboración de la Constitución. Fernando VII se limitó a escribir cartas ambiguas y contradictorias, en las que a veces se mostraba favorable a las Cortes y a la Constitución, y otras veces las rechazaba y las desautorizaba. Fernando VII no tuvo ningún gesto de agradecimiento ni de reconocimiento hacia el pueblo español, que se sacrificó y se desangró por él, ni hacia las Cortes, que le mantuvieron como rey legítimo y constitucional.
Cortes de Cádiz 1612
Tercera traición
La tercera traición de Fernando VII se produjo en 1814, cuando regresó a España tras la derrota de Napoleón y la firma del Tratado de Valençay, que le devolvía el trono. Fernando VII fue recibido con entusiasmo y júbilo por el pueblo español, que esperaba que jurara la Constitución de 1812 y que gobernara como un rey liberal y moderado. Sin embargo, Fernando VII decepcionó y traicionó las expectativas de sus súbditos, y se reveló como un rey absolutista y reaccionario, que no aceptaba ninguna limitación a su poder.
Fernando VII, apoyado por el sector más conservador de la Iglesia, la nobleza y el ejército, derogó la Constitución de 1812, disolvió las Cortes, persiguió y encarceló a los liberales, restableció la Inquisición y los señoríos, y anuló todas las reformas realizadas durante su ausencia. Fernando VII inició así el llamado "sexenio absolutista" (1814-1820), un periodo de represión, de censura, de corrupción y de atraso, que provocó el descontento y la oposición de amplios sectores de la sociedad española, que reclamaban el retorno al constitucionalismo y al liberalismo.
Cien mil hijos de San Luis
Cuarta traición
La cuarta traición de Fernando VII se produjo en 1820, cuando se vio obligado a jurar la Constitución de 1812 y a restaurar el régimen constitucional, tras el pronunciamiento militar del coronel Rafael del Riego, que contó con el apoyo popular. Fernando VII, que se encontraba en el Palacio Real de Madrid, rodeado de tropas sublevadas, no tuvo más remedio que aceptar las exigencias de los liberales, y pronunció la famosa frase: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional".
Sin embargo, Fernando VII no tenía ninguna intención de cumplir su juramento, y desde el primer momento buscó la forma de recuperar el absolutismo y de acabar con el régimen constitucional. Fernando VII se puso en contacto con las potencias absolutistas de Europa, agrupadas en la Santa Alianza, y les pidió ayuda para sofocar la revolución liberal en España. Fernando VII también fomentó la resistencia de los sectores más intransigentes y ultramontanos, que se organizaron en partidas armadas conocidas como los "cien mil hijos de San Luis", que actuaron como una guerrilla realista contra el gobierno constitucional.
Rafael del Riego
Quinta traición
La quinta y última traición de Fernando VII se produjo en 1833, cuando murió sin dejar descendencia masculina, y nombró como heredera a su hija Isabel, con el apoyo de los liberales, que esperaban que con ella se iniciara una nueva etapa de progreso y de modernización en España. Fernando VII, al hacer esto, vulneró la ley sálica, que impedía el acceso de las mujeres al trono, y que había sido impuesta por Felipe V, el primer Borbón que reinó en España. Fernando VII, además, desheredó a su hermano Carlos, que era el legítimo sucesor según la ley sálica, y que contaba con el respaldo de los absolutistas, que veían en él la continuación del antiguo régimen.
La decisión de Fernando VII de nombrar a su hija Isabel como heredera provocó la oposición de su hermano Carlos, que se proclamó rey con el nombre de Carlos V, y de sus partidarios, los carlistas, que iniciaron una guerra civil contra los isabelinos, partidarios de Isabel II y de la regente María Cristina. Esta guerra, conocida como la primera guerra carlista, duró desde 1833 hasta 1840, y enfrentó a dos concepciones políticas y sociales opuestas: el absolutismo tradicionalista y el liberalismo moderado. Fernando VII, con su última voluntad, abrió una nueva etapa de conflictos y de cambios en la historia de España, que marcarían el siglo XIX.
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