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ARGENTINA Y EL REFUGIO NAZI: CUANDO EL PAN Y LA CARNE COMPRARON EL SILENCIO DEL MUNDO

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En mayo de 1945, mientras Europa ardía y los Aliados descubrían el horror de los campos de concentración, un hombre llamado  Adolf Eichmann  —el arquitecto de la "solución final"— desaparecía. No fue un fugitivo solitario ni un caso aislado. En los años siguientes,  más de 10.000 criminales nazis y colaboracionistas  cruzaron el Atlántico y encontraron refugio en Argentina . La narrativa oficial durante décadas ha sido la de un "exilio accidental": fugitivos desesperados que, aprovechando la confusión de la posguerra, escaparon hacia una tierra lejana que les ofrecía hospitalidad. Pero esa versión es, como mínimo, incompleta. Capítulo I: Argentina, la "Tierra Prometida" del Tercer Reich Para entender por qué Argentina se convirtió en el principal destino de los fugitivos nazis, hay que retroceder al período anterior a la guerra. La relación entre Buenos Aires y Berlín no era casual. Argentina había mantenido una  neutralidad cercana al Eje  durante la mayo...

BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA: UNA INSTITUCIÓN CARGADA DE HISTORIA

Abrió sus puertas en 1712 como Real Biblioteca Pública, recibiendo y conservando desde entonces todos los libros publicados en España.

Atesora una valiosa y voluminosa colección de incunables, manuscritos, estampas, dibujos, fotografías, grabaciones sonoras, partituras, etc. de la cultura española e Iberoamerciana.

Fachada
Sus fechas clave

La Biblioteca Real fue fundada por el primer rey Borbón español, Felipe V, a finales de 1711 (abrió sus puertas en marzo de 1712) con un doble objetivo: fomentar el estudio en sus súbditos y reunir las bibliotecas de los nobles que luchaban en la guerra en apoyo de Carlos de Austria.

En un principio, se le asigna como sede el pasadizo que une el Real Alcázar con el Monasterio de la Encarnación.


Por un privilegio real, precedente del actual depósito legal, los impresores debían depositar un ejemplar de los libros impresos en España.

En 1716, por Real Decreto de 26 de julio, se establece el precedente del Depósito Legal. Por esta norma toda persona que costease la impresión de libros y papeles, ya fuese autor, impresor o editor, estaba obligado a entregar a la Biblioteca Real un ejemplar encuadernado de todo lo que imprimiese.

En 1836, la Biblioteca dejó de ser propiedad de la corona y pasó a depender del Ministerio de la Gobernación, y recibió por primera vez el nombre de Biblioteca Nacional (BNE).

Fachada
En 1761 el bibliotecario mayor pasa a ser el director de la Biblioteca Real, los bibliotecarios son considerados criados de la Real Casa con los privilegios correspondientes. Además se establecen nuevas normas de funcionamiento interno en lo referente a libros de registro, índices temáticos de los fondos.


Se funda una imprenta real, a cargo del bibliotecario mayor, vinculando la labor editorial de la Biblioteca a los más destacados impresores, encuadernadores y grabadores de la época.

El 21 de abril de 1866 la reina Isabel II colocó la primera piedra del Palacio de Museos, Archivo y Biblioteca Nacionales situado en el Paseo de Recoletos, futura sede de la Biblioteca Nacional. El proyecto fue realizado por el arquitecto Francisco Jareño Alarcón.

Durante la guerra civil, se reunieron en la Biblioteca Nacional cerca de 500.000 volúmenes procedentes de la actividad de la Junta de Incautación, designada para salvar de su destrucción las obras de arte y libros conservados en centros religiosos, palacios o casas
particulares.

Escalera central
La Biblioteca Nacional de España (BNE) recibe y conserva ejemplares de todos los libros publicados en España. Además, atesora una valiosa colección de incunables, manuscritos, estampas, dibujos, fotografías, grabaciones sonoras, partituras, etc.

Hoy, la Biblioteca Nacional es el principal centro informativo y documental sobre la cultura escrita, gráfica y audiovisual española e iberoamericana. Sus colecciones incluyen todo tipo de materiales y las principales vías de enriquecimiento de sus fondos son las adquisiciones: compra, depósito legal, donativo y canje.

Para poder consultar estos fondos basta con estar en posesión de un carné de lector o investigador.

Las Salas de Exposiciones y el Museo de la Biblioteca, donde se realizan diversas exposiciones y actividades culturales, son de libre acceso.

Los rincones ocultos de la Biblioteca

Como cualquier entidad centenaria la BNE, luna de las mayores institución bibliográfica del mundo que ha sido capaz de permanecer en un primer nivel de la cultura española durante más de 300 años, también tiene sus secretos, y en este caso son tres. Se trata de estancias vedadas al gran público y llenas de controles de seguridad: el Depósito General, la Sala de Incunables, el Laboratorio y la Sala de Encuadernación.

Sala de lectura
Su Depósito General es un sombrío almacén en el que se guardan libros que abarcan más de cuatro siglos de conocimiento impreso. Hay tratados de astrología, memoriales, arcanos, estudios de metalurgia o traducciones de clásicos prohibidos durante años por el férreo dictamen de la Iglesia Católica.

Todos ellos están ordenados en estanterías metálicas, diseñadas por un discípulo de Gustave Eiffel, bajo una tímida y pálida luz. El único criterio que rige su colocación es el del tamaño. Pero son sólo una parte de una colección que supera los 30 millones de objetos (ha ido nutriéndose de colecciones privadas de aristócratas y eruditos) y que extendida superaría los 800 kilómetros, y los hallazgos forman parte de la rutina del lugar.

En la Sala de Encuadernación todavía siguen trabajando a la antigua usanza, es decir, sólo unas pocas máquinas les facilitan la labor de tallado de las guardas, de los lomos. Pero los títulos de muchos de los libros deteriorados se siguen ornamentando manualmente con la técnica del hierro a presión, con la que se forman las letras doradas.

Vista aérea
En la Sala de Incunables se encuentran los libros anteriores a 1501, es decir, al momento previo a la aparición de la imprenta de Gutenberg.

Mirando al futuro

El progreso se va introduciendo lentamente por los laberínticos pasillos de los lugares “secretos” de la Biblioteca, gran parte de cuyos ficheros no han sido digitalizados todavía.

Todas las fichas anteriores a 1980 se almacenan en sus casilleros (tantos y tan largos que los empleados de la institución los llaman "la culebra"), por eso el gran reto de la BNE es la preservación y la transmisión de los contenidos digitales como todas las grandes de su categoría.


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