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HIPATIA Y LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA: LA LUCHA POR EL CONOCIMIENTO Y EL SABER

Matemática, astrónoma, física y cabeza de la escuela de la filosofía neoplatónica en Alejandría cuyos variados éxitos destacaron en su época. 

Sin duda fue una mujer que se adelantó a su tiempo, pero también fue el último científico que trabajó en la mítica biblioteca de Alejandría. 

Hipatia según Rafael Sanzio

Hipatia, la más grande 

Hipatia de Alejandría (cuyo nombre significa “la más grande”) nació en esa ciudad en el año 370 d. C. en una época en la que las mujeres no tenían elección porque estaban consideradas como objetos en propiedad. Sin embargo, Hipatia se movió con libertad en ese mundo tradicional masculino. 

Se cuenta, en las pocas informaciones que han llegado hasta nuestros días, que era una mujer de una gran belleza, pero que aunque tuvo muchos admiradores, no tuvo interés por casarse. 

Desde su más tierna infancia Hipatia estuvo en contacto con las estrellas y con los problemas matemáticos, pues su padre, Teón de Alejandría (matemático y astrónomo) fue su primer maestro y quien le enseñó a mirar el cielo y sus misterios. 

Teón daba clases en la Biblioteca del Serapeo (sucesora de la gran Biblioteca de Alejandría), por lo que la pequeña Hipatia tuvo acceso ilimitado a todo el saber que se encontraba en los legajos. 

Su pasión por la búsqueda de los desconocido la llevó a viajar por Italia y Grecia. En Atenas estudió las enseñanzas filosóficas de Plutarco “el Joven” y con apenas treinta años ya se había convertido en toda una maestra del neoplatonismo. 

Representación Biblioteca de Alejandria

Su casa se convirtió en el centro intelectual de Alejandría. Allí se daban cita estudiantes de todas partes del mundo y de toda condición y religión que acudían a aprender filosofía. 

Hipatia defendió el heliocentrismo, calculó los valores matemáticos de los cuerpos celestes descritos por Ptolomeo, realizó un canon astronómico, confeccionó un planisferio y se interesó por la mecánica. Inventó un destilador, un artefacto para medir el agua, un hidrómetro para medir la densidad y gravedad de los líquidos e incluso un astrolabio para determinar la posición y altura de las estrellas sobre el cielo, y mucho más. 

Sus amplios conocimientos hicieron que muchos importantes hombres de Alejandría acudieran a ella en busca de consejo. 

Su trágica muerte 

La Alejandría de los tiempos de Hipatia, que para entonces estaba bajo el dominio romano, era una ciudad en grave conflicto. La iglesia cristiana, en crecimiento, estaba consolidando su poder e intentando erradicar la influencia de la cultura pagana. 

Teón, padre de Hipatia

Egipto se había convertido en una de las sedes cristianas más importantes y con Teodosio I “el Grande”, que convirtió el catolicismo en religión de Estado, comenzaron las persecuciones. 

Muchos paganos se convirtieron al cristianismo por miedo a las represalias, pero no todos. Hipatia se negó a ello y pagó las consecuencias. 

Hipatia estaba en el epicentro de las poderosas fuerzas sociales. Ciro, el obispo de Alejandría, la despreciaba, en parte por su amistad con el gobernador romano, pero también porque simbolizaba el saber y la ciencia, los cuales eran identificados por la iglesia primitiva católica con el paganismo. 

A pesar de encontrarse en peligro, Hipatia continuó enseñando y publicando hasta que en marzo del año 415, cuando se dirigía a su trabajo en un carruaje, fue atacada por un grupo de fanáticos seguidores de Ciro. La sacaron de su carro, la golpearon, la rasgaron la ropa mientras la insultaban y luego le ataron una cuerda a las manos arrastrándola por toda la ciudad hasta llegar el templo Cesareo. Allí la la desollaron con conchas marinas separándole la carne de los huesos hasta que murió. Sus restos fueron descuartizados y quemados, sus obras destruidas y su nombre olvidado. Se la acusó incluso de bruja y practicar la magia negra. 

Sus verdugos nunca pagaron por tan cruel asesinato y Ciro fue convirtió años después en santo. Sus defensores callaron por temor a perecer también en las llamas de la incultura. 

Herón de Alejandría
Biblioteca de Alejandría 

Al año de la muerte de Hipatia, la Biblioteca de Alejandría (el Serapeo, primero templo y luego consagrado a la ciencia pues el original se quemó también) sería arrasada por los mismo bárbaros que mataron a Hipatia. Quisieron acabar con todo lo que significaba conocimiento, cometiendo uno de los mayores crímenes contra la humanidad de la historia. 

Los estudiosos consideran que el incendio de la Biblioteca de Alejandría nos echó no menos de cinco siglos de retraso tecnológico y científico y que a día de hoy todavía estamos arrastrando. 

Se perdió prácticamente el 90% del conocimiento del mundo antiguo hasta esa época. Lo que sabemos a día de hoy, de los filósofos griegos, de la propia Hipatia, de literatura, de los dramaturgos, etc, es apenas una fracción de lo que allí había. Eso sin contar la sabiduría oriental que venía de Persia, de la India, etc. Todo eso perdido para siempre, el edificio y los legajos. 

Tanto fue así que mucho de ese conocimiento no sólo se perdió, sino que ni siquiera sabíamos que existía (como por ejemplo la máquina de Anticitera, una especie de “ordenador” digital). 

Apolonio de Perga

La Biblioteca de Alejandría, además de fuentes y columnas, jardines botánicos e incluso un zoo con animales de la India y del Sahara, tenía agregados diez grandes laboratorios de investigación (anatomía, observatorio astronómico, etc) donde trabajaron las mentes más privilegiadas del mundo antiguo y orgullo de la ciudad (la más grande del mundo en ese momento) durante su periodo de esplendor hace más de dos mil años. 

Los reyes de Egipto que sucedieron a Alejandro consideraban los avances de la ciencia, la literatura y la medicina como los tesoros del Imperio. Durante siglos apoyaron generosamente la investigación y la erudición, una actitud bastante inusual tanto antes como ahora. 

Aquí comenzó la aventura intelectual donde se estudiaba de todo, incluido el cosmos, lo cual nos condujo al espacio, con grandes eruditos y centenares de descubrimientos fundamentales. Toda la ciencia del mundo antiguo se dió cita aquí. Eratóstenes de Cirene midió por primera vez el diámetro de la Tierra; Hiparco de Nicea quien hizo un mapa de las constelaciones, dividió el día en 24 horas, calculó la distancia a la Luna y midió el brillo de las estrellas, entre otras cosas. 

También estuvo Euclides, al que se conoce como el “padre” de la geometría;  también Dionisio de Tracia, quien realizó el primer estudio sistemático de la estructura del lenguaje (nombres, verbos, etc); Herófilo, el médico que realizó las primeras disecciones humanas y ubicó en el cerebro, y no en el corazón, la inteligencia. 

Arquimedes

También Arquímedes, quien planteó su famoso principio y gran genio de la mecánica hasta los tiempos de Leonardo Da Vinci; el astrónomo Claudio Ptolomeo quien recopiló en su obra la gran cantidad existente de información sobre el movimiento de los planetas. 

Apolonio de Perga que estudió la parábola, la hipérbola y la elipse, curvas que como hoy sabemos describen la trayectoria de objetos que caen en un campo gravitatorio.

Herón de Alejandría, ingeniero y matemático que inventó sofisticadas máquinas, como los motores a vapor y trenes de engranaje, e incluso autómatas, siendo el autor del primer libro sobre robots. 

Y muchos más, entre ellos Hipatia, cuyo martirio está unido a la destrucción de este lugar siete siglos después de haberse fundado. 

Claudio Ptolomeo

Pero el tesoro de la biblioteca, consagrada al dios Serapis, era su colección de libros. Los organizadores de la biblioteca buscaron libros de todas las culturas y lenguas del mundo. Enviaron emisarios al extranjero para comprar bibliotecas enteras. 

Los barcos comerciales que atracaban en el puerto de Alejandría eran revisados por la policía que no buscaba contrabando sino libros. Los rollos de pergamino se pedían prestados para copiarlos y después se devolvían a sus propietarios. Estos pergaminos se colocaban en grandes pilas y fueron llamados “libros de los barcos”. 

Aunque es difícil hacer un cálculo exacto, parece ser que la Biblioteca llegó a tener en su momento de mayor esplendor cerca de 1.000.000 de pergaminos. Cada uno de los volúmenes de esta biblioteca fueron escritos a mano en rollos de papiro. Pero fueron destruidas. 

Dionisio de Tracia
Sin duda hemos avanzado mucho en el campo de la ciencia con relación a lo que se conocía en los tiempos antiguos, pero existen lagunas irreparables en nuestros conocimientos históricos del pasado podrían resolverse si hubieran sobrevivido esos libros. 

Aún así, sabemos, por ejemplo, que en un tiempo existió aquí un libro escrito por el astrónomo Aristarco de Samos, el cual defendía la teoría de que la Tierra era un planeta más que giraba alrededor del Sol y que las estrellas estaban enormemente lejos. Su teoría era correcta, pero tuvimos que esperar casi 2.000 años para su redescubrimiento. 

Asimismo, existió una historia del mundo en tres volúmenes, escrita por un sacerdote de Babilonia llamado Berosus. El primer volumen abarcaba desde la creación del mundo hasta el diluvio universal. 

Sabemos igualmente que en esta biblioteca hubo 123 obras de Sófocles, de las que solo 7 han llegado a nuestra época. Una de esas siete es “Edipo rey”. Lo mismo ocurrió con las obras de Esquilo, Eurípides y Aristófanes. 

Eratóstenes

Después de todo esto llegó la oscuridad. Pasada la época de la superstición y la ignorancia se llegó a un redescubrimiento general de las obras que estos sabios realizaron aquí, lo cual dio lugar al Renacimiento que fue una poderosa influencia sobre nuestra cultura. 

Cuando en el siglo XV Europa estuvo por fin preparada para despertar de su largo sueño recurrió a algunos de los instrumentos, libros y conceptos que existieron en la biblioteca de Alejandría más de mil años antes. 

Pero qué duda cabe que nuestro mundo hubiera sido diferente si esos descubrimientos y conocimientos de la Biblioteca de Alejandría hubieran sido entonces explicados y aplicados para el bien de todos. 

Alejandría era la ciudad más grande que el mundo occidental había conocido jamás. Gentes de todos los países vinieron aquí a vivir a comerciar y a instruirse. Sus calles eran un hervidero de comerciantes, eruditos, y turistas. 

Pero no existe ningún registro donde se consigne que los eruditos y científicos que estudiaban e investigaban en la Biblioteca de Alejandría estuviesen en este lugar para desafiar al poder político, religioso o económico. 

Euclides

La ciencia y el saber en general estaban reservados a unos cuantos privilegiados. La vasta población de esta ciudad no tenía la más mínima noción de los grandes descubrimientos que se estaban realizando dentro de etas paredes. Los nuevos hallazgos no eran explicados ni popularizados. 

El progreso realizado aquí les beneficiaba poco. La ciencia no formaba parte de sus vidas. Servían sólo a los poderosos y tenían pocas aplicaciones prácticas para el pueblo. Así que cuando el populacho vino a quemar esta biblioteca nadie pudo detenerlo. 

El final de esta biblioteca es la historia del último científico que trabajó aquí, Hipatia de Alejandría, resultando como si toda una civilización hubiera desaparecido de repente con todos sus tesoros culturales dejando al mundo en la oscuridad. 

Legado de Hipatia 

Fue una de las primeras científicas de la humanidad, pero hoy día sólo se la conoce gracias a los testimonios en los libros escritos por sus discípulos o por las citas que hacen de ella grandes filósofos como Sócrates, que la consideraron como un icono dentro de la filosofía y de la astronomía, sosteniendo que si bien su padre fue un gran astrónomo, Hipatia le superó con creces. 

Ninguna de sus obras se han conservado.

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