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NECRONOMICÓN: EL LIBRO HERMÉTICO MÁS BUSCADO QUE NUNCA EXISTIÓ

El Necronomicón es seguramente el libro de magia negra más conocido del mundo, pero tiene la curiosa característica de que nunca ha tenido una existencia real.

Esta confusión procede de que Lovecraft en sus obras le dio infinidad de detalles ́y lo enriqueció de forma perfectamente verosímil.

Necronomicón

Lovecraft

Howard Philips Lovecraft (1890-1937) está considerado, junto con Edgard Alan Poe y Stephen King, uno de los maestros indiscutibles de la literatura de terror y ciencia ficción más grandes de todos los tiempos.

Su prolífica obra (71 novelas y relatos, poesía, ensayo, literatura epistolar...) nunca tuvo demasiada trascendencia en su época, motivo por el cual murió completamente arruinado y sin reconocimiento social alguno. 

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La muerte de su madre en 1921 le afectó profundamente, pero volvió a encauzar su vida cuando conoció a la escritora inmigrante ucraniana Sonia Greene con quien se casó en 1924 trasladándose a vivir a Nueva York. Sin embargo, dos años más tarde se terminaron separando supuestamente por problemas económicos. 

Lo cierto que Lovecraft siguió siendo un hombre taciturno al que siempre le angustiaba una profunda sensación de soledad y frustración, además de sufrir pesadillas. 

Los secretos del Archivo Vaticano

Sin embargo, esas pesadillas recurrentes y su simbolismo, además de la fuerte influencia de Edgar Allan Poe en sus primeras obras, le sirvieron de inspiración para sus trabajos. 

Algunas de sus obras más representativas tuvieron lugar precisamente en los años en los que vivió en Nueva York (1923-26), una ciudad en la que, por otra parte, no se sentía nada cómodo, como varias que componen el ciclo literario de los Mitos de Cthulhu. 

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Finalmente, en 1927, vuelve a su Providence natal, de donde ya no se moverá jamás. Pero de su estancia en Nueva York también le surgieron a Lovecraft nuevas amistades con autores (Robert E. Howard, Robert Blch, Henry Kuttner, Clark Ashton Smith, Donald Wandrei, August Derleth y Frank Belknap Long) para los que trabajó como escritor fantasma y con los que luego mantendría una abundante correspondencia. 

Serían estos autores quienes después de su muerte formarían el denominado “Círculo de Lovecraft”, un movimiento literario que ayudará a mantener su recuerdo y su obra y a la vez nutrirse de muchos de sus monstruos para sus respectivas creaciones continuando así de algún modo las sagas de Lovecraft.

Lovecraft

Necronomicón 

El Necronomicón aparece citado por primera vez por Lovecraft en su obra La ciudad sin nombre, en 1921. Pero aparecerá nombrado en muchas obras suyas de las que él dio en llamar terror cósmico. 

En 1927, Lovecraft escribió un texto breve (no publicado hasta 1938), Historia del Necronomicón, donde explicaba los aspectos relevantes de ese grimorio (libro de conocimiento mágico, saberes arcanos y magia ritual) que supuso la base de sus Mitos de Cthulhu. 

Cuenta que el libro se llamaba originalmente Kitab Al Azif, palabra que hace referencia al ruido molesto que producen por la noche los insectos en el desierto y que muchas culturas árabes asocian al aullido de los demonios. 

Lovecraft dice que la autoría de este libro es de un tal Abdul Alhazred, un poeta árabe loco, que vivió hacia el 700 d.C. en Saná, lo que hoy conocemos como Yemen, y que pasa diez años solo en el desierto del sur de Arabia habitado, según la leyenda, por espíritus malignos o demonios de la muerte (djins o gules) y tiene encuentros terroríficos con ellos. 

Luego, Abdul Alhazred transcribirá su historia en este libro (Al Azif) cuando en los últimos años de su vida se traslada a Damasco acosado de una grave enfermedad en la sangre, según cuenta su biógrafo Ibn Kallihan ya en el siglo XII. 

Edgar Allan Poe

Se cuenta en esta Historia del Necronomicón que hacia el año 950 ese Al Azif fue por vez primera traducido al griego por Theodorus Philetas, y comenzó a llamarse Necronomicón o libro de los nombres muertos, teniendo una gran repercusión entre los filósofos y científicos de la Baja Edad Media. 

Posteriormente, parece que se tradujo al latín. Sin embargo, los extraños sucesos que ocurrían en torno al libro hicieron que la iglesia católica lo condenara finalmente en el año 1050. Pero, prosigue Lovecraft en su libro diciendo que en el año 1228 un tal Olaus Wormius hizo una nueva traducción del Necronomicón al latín, pero que el papa Gregorio IX en el año 1232 prohibió la traducción que se había hecho a latín e hizo retirarla. 

Sin embargo, parece que de esa traducción de Wormius, la más famosa, se llevaron a cabo impresiones, una en el siglo XV y otra en el siglo XVII, probablemente en España (Toledo) y Alemania. 

También relata Lovecraft que a pesar de la destrucción de diversas versiones (la árabe y la griega se creen perdidas), habrían llegado hasta nuestro días escasas copias completas que se albergan en la Biblioteca Nacional de París, en el Museo Británico, en la Universidad de Buenos Aires, en la Biblioteca de Widener de Harvard, en la Universidad de Miskatonic en la ciudad de Arkham (Massachusetts, Estados Unidos) e incluso en el Archivo Vaticano. 

Lovecraft finalmente hace una advertencia: la lectura del Necronomicón provoca la locura y la muerte. 

Pero una vez dicho esto por Lovecraft en su pequeño librito, la leyenda del Necronomicón creció y se multiplicó. Así, se habla de que podría haber una cuarta en la Universidad de Buenos Aires (Argentina), e incluso, que en El Escorial pudo haber estado una de esas copias originales del Necronomicón procedente de Toledo. 

Hay crónicas de un Necronomicón en Toledo e incluso que decían dónde podía estar el libro. Parece que un ejemplar se tradujo en León al romance castellano con el título de “Lo que dicen los escritos del desierto” y en Toledo se tradujo al latín (en la época de la Escuela de Traductores de Toledo) con el nombre de Necronomicón. 

Stephen King
Pero la leyenda va más allá y asegura que el Necronomicón original estaba hecho con piel humana y escrito con sangre. De cualquier forma que no estaba escrito en una lengua normal, había necesidad de traductores muy especiales, mezclando varias lenguas y que tenía códigos que se escapaban a cualquier comprensión mundana. 


Detalles verosímiles
 

Alrededor del Necronomicón Lovecraft traza una historiografía con tal abundancia de  datos, fechas y nombres que hace perfectamente verosímil la existencia del libro. 

Lovecraft remonta la historia al antiguo islam y toda su mitología de dioses impíos y espíritus malignos. Algunos expertos dicen que el Necronomicón tiene una base fundamental en los grimorios. Mitología antigua probablemente sacada de tradiciones ancestrales de sumerios y acadios, aunque cambiando el nombre, recogidos por la tradición sufí quizás de las Tablas de Asurbanipal encontradas en Nínive. 

Estos grimorios iban acompañados con una serie de invocaciones, fórmulas satánicas o de preparaciones que permiten acceder a estos dioses y aprovecharse de su poder en beneficio del invocante. 

Pero para empezar, el propio nombre del autor, Abdul Alhazred, es ya una broma de Lovecraft porque Alhazred sería una derivación árabe del inglés “all has read” (el que todo lo ha leído). Abdul Alhazred era un pseudónimo empleado por Lovecraft desde su infancia, inspirado en la lectura de Las mil y una noches. 

El propio nombre del libro, Necronomicón, no deja de ser curioso. Etimológicamente, en griego antiguo, la lengua a la que fue traducido en primera instancia, vendría derivado de adjetivos como “astronómico” (relativo a la ley u ordenación de los astros) o “económico” (lo relativo al consumo), por lo que “necronómico” sería lo relativo a la ley o leyes de los muertos. 

Olaus Wormius

En una carta de 1937 dirigida a Harry O. Fischer, Lovecraft revela que el título del libro se le ocurrió durante un sueño y que hizo su propia interpretación de la etimología añadiendo el sufijo -icon (imagen) por lo que finalmente Necronomicón significaría .«Imagen de la Ley de los Muertos». 

Cita como uno de sus compiladores a Ibn Khallihan, erudito iraní o árabe que existió realmente.También existió Olaus Wormius, el supuesto traductor al latín del Necronomicón, pero el verdadero era un naturalista que  vivió en el siglo XVII, aunque parece que tenía ciertos conocimientos “oscuros”. 

Lovecraft tenía mucha habilidad y propensión para coger personajes reales y hacer más verosímiles sus obras, también incluía con asiduidad a sus amigos, aunque solía cambiarlos de nombre. 

El Al Azif, fue traducido, según los detalles que da Lovecraft, al griego y más tarde al latín, e incluso da datos de en qué bibliotecas se encuentran los ejemplares que han llegado hasta la actualidad e indica incluso en qué lenguas está en cada sitio. La Universidad de Miskatonic no existe, por la misma razón que tampoco existe una ciudad llamada Arkham (Massachusetts, Estados Unidos) donde supuestamente está ubicada. 

Como curiosidad, efectivamente, en esas bibliotecas donde Lovecraft localizaba el libro a día de hoy se siguen recibiendo multitud de peticiones para consultarlo. 

Ficción o realidad

Lovecraft va dando tal cantidad de detalles, e incluso citando en sus relatos determinados pasajes “literales” de este Necronomicón que la gente lo dio por bueno y lo dio por hecho. 

Biblioteca de Harvard
Sobre el carácter ficticio del libro, el propio Lovecraft escribió lo siguiente: Ahora bien, sobre «los libros terribles y prohibidos», me fuerzan a decir que la mayoría de ellos son puramente imaginarios. Nunca existió ningún Abdul Alhazred o el Necronomicón, porque inventé estos nombres yo mismo. 


Pero avispadas editoriales, bromistas, fans e incluso algún que otro timador, siguen publicando a día de hoy ediciones o recreaciones supuestamente basadas en el Necronomicón. También existen páginas en internet donde se ofrece el libro a la venta.
 

En las últimas décadas ha habido un “boom” de demandas del Necronomicón porque hay muchos juegos de rol que se basaban en la mitología de Lovecraft. 

¿Pero qué se cuenta ahí si el libro real no existe?. Pues lo que se deduce de la obra de Lovecraft, y de lo que se llama el Círculo de Lovecraft. Pura imaginación para seguidores de la literatura de terror.


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