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JOSEP TAPIRÓ: MÁS ALLÁ DEL PURO ESTILO ORIENTAL

Está considerado, junto con Mariano Fortuny, el pintor orientalista español por excelencia, y un maestro de la acuarela.

Tapiró, a diferencia de otros orientalistas, no se deja llevar sólo por el pintoresquismo sino que realiza con su pincel un trabajo antropológico, casi científico.




La acuarela y el estilo oriental

José Tapiró y Baró (Reus, Tarragona, 1836-Tanger, Marruecos, 1913) tuvo como primer maestro en la pintura a Domingo Soberano. Después completaría sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, Madrid y Roma..

En 1857 viajará a Roma, ciudad en la que vivió durante quince años, junto a Mariano Fortuny, amigo suyo desde la infancia (eran de la misma ciudad y estudiaron juntos con Domingo Soberano y en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona), que será su guía e introductor en la pintura orientalista. Allí coincidirán con otros artistas españoles.













Dos años más tarde realizará su primer viaje a Tánger con Maríano Fortuny, donde comienza a reflejar el Marruecos de su tiempo con gran entusiasmo. Tres años después regresaron a Roma pero volverían a Marruecos en 1871.

Después de la muerte de su amigo Fortuny se instala definitivamente en Tánger en 1876 hasta su fallecimiento en 1913 (con una breve estancia en España entre 1907 y 1908). Allí compra un teatro que se convirtió en su estudio permanente, y durante tres décadas, va a plasmar con precisión y preciosismo escenas africanas de la época, mostrando una especial maestría en la técnica de la acuarela.





En el siglo XIX la ciudad de Tánger se convirtió en fuente de inspiración de los artistas que querían representar un mundo oriental exótico. La mayoría conocieron sus calles de paso y, en casi todos los casos, sus obras reflejaron una imagen que reproducía los clichés habituales del género orientalista. 

Sin embargo, Tapiró  va a inmortalizar la vida tradicional y, sobre todo, el aspecto de los tangerinos, sus costumbres y su vida cotidiana más allá del puro pintoresquismo, por lo cual, sus obras se van a convertir en auténticos documentos testimoniales ya que llegó donde ningún otro pintor europeo lo hizo, como asistir a ceremonias religiosas prohibidas e incluso disfrazarse de mujer para colarse en un gineceo.









De esta forma, mostró en sus obras un mayor rigor, objetivismo  y extraordinaria verosimilitud de las tradiciones de los distintos grupos sociales que vivían en Tánger a finales del siglo XIX. Prueba de su integración en esa comunidad es el hecho de que los musulmanes se dejaran retratar por el.

El orientalismo romántico

Sus estilo es preciosista, de factura impecable y gran realismo, preciso y a la vez detallista, debido principalmente a su absoluto control sobre el dibujo. Su técnica será la de la acuarela con un resultado exquisito y perfecto donde todos los detalles han sido plasmados por un pincel firme.







Los colores que utiliza Tapiró se enmarcan dentro del ambiente marroquí y exótico tan de moda en Europa durante el Romanticismo.


Tapiró recibió numerosos premios y reconocimientos por su obra. Entre ellos están: la mención honorífica de la exposición de Barcelona de 1866 por La llegada de los dos poetas al noveno foso (inspirada en la Divina Comedia); la tercera medalla de la Exposición nacional de Bellas Artes, ese mismo año, por El amor y el pueblo; o la medalla de la Exposición Universal de Chicago de 1893.










La mayoría de sus obras son retratos de santones tangerinos, músicos ambulantes, representación de ritos atávicos y ancestrales, como la excelente y casi fotográfica Fiesta de los issawa, bandidos, criados, indigentes y novias jóvenes enjoyadas y maquilladas a la manera tradicional.



Tapiró




Su producción, se han clasificado cerca de 400 obras, fueron muy aplaudidas en la Europa de su época, desde donde también llegarán al continente americano. Sus obras fueron consideradas entre las mejores del género orientalista, y se vendían a precios elevados en las galerías más prestigiosas de Londres, ciudad a la que el artista viajaba casi todos los años para venderlas.

Asimismo, en Tánger estaba considerado un personaje ilustre, lo que le facilitó la consecución de modelos y la venta de obras a tangerinos adinerados y a los visitantes de la medina.

Desgraciadamente, después de su muerte, por diversas circunstancias, después de ser muy conocido y cotizado, relegaron su figura casi al olvido.

Pese a todo, sus obras siguen estando cotizadas y si salen en subastas acaban en museos de países árabes o en manos privadas. Sus obras se encuentran en grandes colecciones de todo el mundo.

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