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IRAK: 20 AÑOS DE GUERRA, MENTIRAS Y LAS CONSECUENCIAS QUE OCCIDENTE NUNCA QUISO ASUMIR

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  El 19 de marzo de 2003, George W. Bush anunció al mundo el inicio de la "Operación Libertad Iraquí". Lo que prometía ser una guerra rápida y victoriosa, con un coste humano y económico mínimo, se convirtió en un conflicto de dos décadas que ha transformado Oriente Medio, fracturado Occidente y dejado cicatrices que aún supuran. El 30 de septiembre de 2026, Estados Unidos completó formalmente su retirada de Irak, poniendo fin a 23 años de presencia militar ininterrumpida . Pero la verdadera historia de esta guerra no terminó con la salida de las tropas. La verdadera historia es la de una mentira que desató el infierno. 📜 Capítulo I: El Contexto — La Mentira que lo Cambió Todo Los Orígenes: Del 11-S a la "Achse del Mal" Tras los atentados del 11-S, la administración de George W. Bush declaró una "Guerra contra el Terror" y designó a Irak, junto con Irán y Corea del Norte, como parte de la "Achse del Mal". Washington acusó a Saddam Hussein de pos...

JUANA "LA LOCA": LA REINA SIN ROSTRO

Doña Juana I, reina de España, es una figura que permaneció en el olvido durante siglos, a pesar de haber sido uno de los monarcas españoles que más tiempo ciñó la corona.

Fueron los literatos y artistas plásticos del romanticismo los que resucitaron su figura en el siglo XIX a partir de lo que se consideró un dato cierto: su locura de amor.

Juana I
Parecidos poco razonables

Hasta Carlos I, y sobre todo hasta Felipe II, los palacios de la monarquía española carecían casi por completo de cuadros o esculturas, a excepción de algunos de temática religiosa. No había tradición ni gusto por el retrato. Sí abundaban por el contrario los tapices. Éstos se enrollaban y con suma facilidad se transportaban de un lugar a otro y llenaban de colorido, y no sólo desde el punto de vista estético, las frías paredes de los caserones reales.

Margarita de Austria
Por ello, en la Corte de los Reyes Católicos no abundaban los retratistas, pero en un determinado momento se decidió la contratación de especialistas como Juan de Flandes y Sittow, para tal fin. Impúsose así el modelo flamenco. 

Sin embargo, en ese época no se trataba tanto de ser fiel a la imagen real de la persona en cuestión a retratar como de reflejar simbólicamente lo que representaban, haciendose solo una aproximación a sus rasgos.




Así, con relación a la reina Juana I se ha puesto en duda la fidelidad a la fisonomía del personaje por las divergencias en el rostro con los distintos retratos identificados como la reina Juana.

 
Díptico de Juana y su esposo Felipe

Parece haber cierta semejanza entre las diferentes réplicas conservadas en la colección del Duque del Infantado de Sevilla y el museo Kunsthistorisches de Viena, lo cual en cierto modo puede  garantizar su identidad, más aún si se tiene en cuenta que el del museo vienés tiene en su parte inferior una inscripción con su nombre. 

También parece ser que puede tener un claro parecido el retrato de cuerpo entero que ocupa, junto al de su marido Felipe el Hermoso, las puertas del tríptico de Zierikzee, en la actualidad en el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas, que quizás pueda ser el punto de partida de las versiones en busto. Sin embargo, las diferentes versiones del mismo retrato pudieran ser versiones de un original perdido.

Llama la atención los parecidos de las distintas representaciones de la época sobre distintas personas pero con una semejanza más que sospechosa. Esto podía obedecer a que sobre una misma pose se podían luego hacer aproximaciones a los distintos personajes a los que se quería retratar. Sobre este particular cabe mencionar el parecido que existe entre la reina Juana en su conocido cuadro con toca negra y vestido rojo y el de su cuñada Margarita de Austria. Igualmente, el curioso parecido entre el cuadro que representa a una joven Infanta Juana y a su hermana Catalina.

Infanta Juana
 Un rostro inventado

Una vez recluida en Toredesillas, doña Juana pronto desapareció de la memoria de sus súbditos, si exceptuamos el episodio de los comuneros, rápidamente apagado.

Infanta Catalina

Nadie clamó por su presencia, nadie la echó de menos en casi cincuenta años de reclusión. El palacio-cárcel que su padre habilitó para encerrarla cumplió a la perfección su cometido. Si nadie veía a la reina, si nadie podía acercarse a su persona, era fácil conseguir que el olvido se extendiera sobre su figura. Su hijo Carlos I ejercía de hecho y de derecho como rey, por lo tanto no se echaba de menos a doña Juana.



Por eso no existen retratos suyos después de su encierro en 1509. Todos los cuadros que se hicieron con posterioridad, sobre todo procedentes de la época del Romanticismo que encontraron un filón con la tan traída y llevada, y sobre todo supuesta, “locura de amor” de la reina por su esposo, son pura invención de los distintos autores.

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