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LAS REALES FÁBRICAS: MANUFACTURAS DE LUJO SÓLO PARA UNOS POCOS

Con la llegada de la dinastía Borbón a España, en el siglo XVIII, se empezará a aplicar el modelo francés de las Reales Fábricas.

Muchas de manufacturas reales se dedicaban a la fabricación de objetos de lujo para el consumo, en primer lugar, de los propios palacios reales.

Real Fábrica de Tapices
 Fábricas de lujo para consumo propio

Las manufacturas reales fueron instalaciones industriales que se crearon por iniciativa de los monarcas absolutos durante el Antiguo Régimen como una medida proteccionista de la política mercantilista.

Estas manufacturas reales trataban, por un lado, de ofrecer trabajo a los ciudadanos, y por otro, proteger la producción y el comercio del propio país, sobre todo de objetos de lujo pues de no ser así se habrían comprado en el exterior, con lo que la balanza de pagos se desequilibraba.

Se perseguía pues no sólo el autoabastecimiento de productos de lujo por parte de los propios monarcas para sus palacios, sino que las clases altas imitasen las costumbres del rey y así obtener un público consumidor aún mayor, con protección arancelaria incluida. 

Los primeros testimonios de esta política de fabricas reales habría de ser la política de Colbert en Francia, durante el reinado de Luis XIV, tiempo en el que se creó la manufactura de los Gobelinos, a partir de 1662, dedicada a tapices, alfombras y otros textiles).

Real Fábrica de Cristal de La Granja
Con la llegada de los borbones a España sucederá algo muy parecido y se empezarán a crear manufacturas reales de inspiración colbertista para consumo propio aplicando una economía mercantilista que rompía con la tradicional, escasa y poco productiva artesanía familiar  de la época de los Austrias.

Estas Reales Fábricas eran grandes talleres con más mano de obra que en los talleres gremiales y con algo más de tecnología dedicadas a la producción de bienes de lujo, por lo que la Casa Real, la Iglesia, la nobleza y la alta burguesía eran sus principales clientes.

La política mercantilista cambió en el reinado de Carlos III hacia un mayor liberalismo económico, ya que se pretendió estimular más la iniciativa privada. Para ello se generó un verdadero debate en el seno del poder, con el concurso de las Sociedades Económicas de Amigos del País, sobre los gremios. La Ilustración española era contraria a los gremios porque consideraba que coartaban la libertad, la innovación y la competencia, y buscó su reforma procurando restarles poder. Otra de las grandes novedades del reinado fue la Real Cédula de 1783 que suprimía la deshonra legal de los oficios, intentando terminar por vía legal con una mentalidad contraria al trabajo manual muy arraigada en España.

Resulta evidente que algunas manufacturas reales generaron importantes concentraciones de capital y trabajo, cubrieron una demanda y produjeron avances técnicos y laborales dignos de tener en cuenta. Ahora bien, económicamente no resultaron viables. En unos casos porque la demanda de sus artículos era escasa, en otros porque los precios debían responder a criterios políticos, en las más de las ocasiones porque no pudieron competir con otros productos extranjeros ni dentro ni fuera de España. Además, como quiera que representaron un gran dispendio para el erario público, los gobernantes tuvieron muchas vacilaciones en cuanto a los apoyos que debían prestarse. La inmensa mayoría desaparecieron en poco tiempo y hoy día no se conserva más que alguna de ellas.

Decoración del Palacio Real con porcelana del Buen Retiro
Reales fábricas en España

En el entramado de redes de las Reales Fábricas las había dedicadas a la fabricación de textiles: como la Real Fábrica de Mantelería de La Coruña; las de paños y sarguetas de San Carlos en Guadalajara, de Brihuega, de Ezcaray, de Segovia, de Alcoy y San Fernando de Henares; de sedas en Talavera de la Reina, Murcia y Valencia; de lencería de la Granja de San Ildefonso y León; la de holandillas y bocacies de Madrid; la de hilados de algodón de Barcelona y Avila; o la de hules de Cádiz; sin olvidar la Real Fábrica de Tapices de Madrid que perdura en la actualidad y que fue fundada por Felipe V que se dedicaba a la realización de tapices alfombras y reposteros.

Pero también a la fabricación de armas de artillería, cañones y pólvora como las de Toledo, Murcia, Sevilla, Madrid, Orbaiceta, Trubia, Jimena de la Frontera, etc. A la fabricación de cerámica, loza y porcelana como la de Alcora, Sargadelo, del Buen Retiro o La Moncloa (Madrid) o la de azulejos de Valencia. A tabacos como la de Cádiz, La Coruña, Madrid y Sevilla. A abanicos, a aguardiente, a cera, a papel, a coches, a relojes, a sombreros, o a cristal como la Real Fábrica de la Granja de San Ildefonso hoy reconvertida en Centro Nacional de Vídrio.

Las Reales Fábricas también tuvieron su reflejo en el fomento de los astilleros de Cádiz, Cartagena y Ferrol. La producción de barcos adquirió un gran desarrollo permitiendo que España contase con la tercera flota más importante después de la inglesa y la francesa.

Al Nuevo Mundo también llegaron las manufacturas reales españolas donde se implantaron, entre otras, la Real fábrica de Aguardiente de Guayaquil, la de tabacos en La Habana y México y de pólvora también en México. 



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