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PINTURA: MITO DE LAS TRES GRACIAS

Ya en Grecia y Roma se pueden ver representaciones de las tres Gracias en diversos frescos que aún se conservan.

Estas diosas, hijas de Júpiter, encarnan, generalmente, el concepto de belleza, amor y fidelidad, pero también la diversión y la sabiduría.

de van Loo
La mitología

La representación de “las tres Gracias” se remonta ya a la Antigua Grecia y Roma ((por ejemplo en los frescos de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles, siglo I a. C.), tanto en versión literaria como en las artes plásticas.

La tradición mitológica cuenta que estas tres diosas, que recibieron el nombre de Hágale, Eufrosina y Talía, eran hijas de Júpiter y de Eurymone.













de Alberto Durero
Aunque no hay unanimidad al respecto, y las tres jóvenes simbolizan diferentes conceptos, se las relaciona tanto con la belleza, el amor, la fertilidad y la sexualidad como con la generosidad, la amistad y el recibir y otorgar dones.


Tampoco se puede afirmar cuál era la cualidad exacta de cada una de ellas, pero sí se sabe que además de ser diosas, cada una contaba con una característica especial como por ejemplo la jovialidad, el buen gusto o el esplendor, entre otras.















de Fragonard
Eran la buena compañía de los dioses del Olimpo (sobre todo Afrodita y Eros). Se las encargadas presidir todos aquellos eventos en los que el placer fuese el ingrediente principal como las buenas comidas y banquetes o los espectáculos de danza, por ejemplo, ya que proporcionaban toda la alegría posible tanto a dioses como a mortales.







de van Aalest
También guardan una estrecha relación con las musas, con las que solían divertirse al son de la música, por lo que se las asocia con la elocuencia y sabiduría. Se decía que aquellos mortales que eran bendecidos por una de estas tres gracias se convertiría en un gran orador, filósofo, artista, etc.

En las representaciones plásticas se las muestra jóvenes y bellas, bailando y divirtiéndose, unas veces vestidas con túnicas, pero en la mayor parte de los lienzos, completamente desnudas.















de Tintoretto
Otra característica de las tres gracias es que siempre están representadas juntas y nunca por separado.

Aunque la representación más famosa de las tres Gracias es la de Rubens, muchos grandes pintores, antes y después de él, han plasmado a las tres diosas en sus lienzos: Durero, Jacques Blanchard, Pietro Liberi, Boucher, Johann Zoffany, George Frederick Watts, William Blake, Jacques-Louis David, Pradier, Carpeau, Burne Jones, Cèzanne, Renoir, Picasso o Dalí, por citar algunos.. He aquí algunos ejemplos.









de Botticelli
“Las tres Gracias” de Botticelli

El pintor renacentista italiano Sandro Botticelli no representó a las tres Gracias de forma individual, sino en el contexto de su obra titulada La primavera (1480-81) donde se representa a Venus adornada con flores acompañada por las jóvenes diosas anunciando la llegada de la primavera.








de von Aachen
Probablemente fuese un encargo de los poderosos hermanos Pierfrancesco de Florencia.

La obra rompe con la pintura religiosa cristiana al ilustrar el rito pagano de primavera, y opta para ello por un formato monumental, con figuras de tamaño natural, y lo compagina con una gran atención al detalle 8como en los broches de las Gracias).

Como fuente iconográfica para la representación de las tres Gracias, Botticelli parece recurrir a la Puerta del Paraíso realizada por Ghiberti en el Baptisterio de Florencia, en particular el grupo de siervas en el relieve de Esaú y Jacob.

Las figuras del lienzo destacan contra el fondo por la claridad de su piel y sus ropajes, de colores claros e incluso transparentes. Esta palidez en los colores muestra la anatomía del desnudo, que da más volumen a la representación.

Hoy se puede contemplar en la Galería Uffizi de Florencia (Italia).




de Rafael
“Las tres Gracias” de Rafael

Se cree que el cuadro de Las tres gracias de Rafael fue pintado en 1504, durante su estancia en Florencia, por encargo de Scipione di Tomaso Borghese, aunque también se baraja la posibilidad de que el cliente fuese Francesco Maria della Rovere.

Está pintado sobre tabla y apenas mide 17 centímetros de altura y formaba pareja con El sueño del caballero (National Gallery de Londres).









de Picasso
Aunque ha tenido numerosos dueños, actualmente se conserva en el Museo Condé de Chantilly (Francia).

Para su realización, Rafael se inspiró en el grupo escultórico de las Tres Gracias de Siena, pero las dotó de un sentimiento de castidad. Las figuras forman un conjunto que se destacan sobre el fondo de un paisaje accidentado. Las tres doncellas representan el prototipo de belleza de la escuela clásica italiana.
















de Rubens
Las tres Gracias de Rubens

Peter Paul Rubens sitúa a sus “Tres Gracias” (1630-35) en un escenario donde aparece Cupido sujetando una cornucopia de la que sale agua y una guirnalda de flores, que actúa como telón. Al fondo hay un paisaje con ciervos, pero las figuras de las jóvenes centra todo el primer plano sin elemento que distraiga de su contemplación.

En esta obra, la pincelada es suelta, trabajando los detalles a través del color. La piel de las diosas se contrae y se hunde al contacto de unas con otras, demostrando además un alto grado de conocimiento d el cuerpo femenino. La luz incide en los cuerpos desnudos para resaltarlos.

Rubens, conocedor de los diferentes significados de las tres diosas, pinta este tema en al menos doce ocasiones, enmarcados en diferentes contextos.





de Dalí
El pintor flamenco no realizó el lienzo de las “Tres Gracias” por encargo, sino que lo hizo por propio deleite personal ya que, además, en él plasmó a su joven segunda esposa en la diosa de la izquierda.













de Lucas Cranach el Viejo

La obra fue adquirida para la colección real española en tiempos de Felipe IV cuando se pusieron a la venta de los bienes del artista tras su muerte en junio de 1640 (acudieron compradores de toda Europa). 

Hoy se exhibe en el Museo del Prado.

“las tres Gracias” de van Loo

Las tres Gracias (1763) del pintor francés del barroco Louis-Michel van Loo son representadas, una vez más, prácticamente desnudas. Están cogidas de la mano en un semicírculo y protegidas con una gran tela a modo de cubierta colgada del árbol que las cobija. Dos miran en una dirección, mientras la otra dirige la suya en dirección opuesta a las primeras.

Son la encarnación del canon de belleza aceptado en la época, además de una excelente excusa para mostrar unos desnudos femeninos en una sociedad poco tolerante al respecto.

En la actualidad la obra se encuentra en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (Estados Unidos).


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