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ANTONIO MORO: EL RETRATISTA FLAMENCO DE FELIPE II

Moro será el creador del retrato de corte español que continuarán después Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz y el mismo Velásquez.

Como retratista estuvo activo tanto en los Países Bajos como en Italia, España, Portugal e Inglaterra.



Esposa del pintor


Rápida fama internacional

Antonio Moro es en realidad la adaptación española al nombre del artistas holandés Antonis Mor van Dashorst del que se sabe que nació en Ultrecht, pero desconociéndose la fecha exacta del día y año de su nacimiento que algunos historiadores sitúan entre 1516 y 1521.

Se cree que su educación artística comenzó siendo alumno de Jan van Sorel, del que más tarde, en 1540, fue ayudante. También se da como cierto que sobre estos años Moro viajó a Italia, donde copió algunas obras de Tiziano, quizá permaneció tres años antes de volver a Utrecht en 1544. En 1547 fue admitido como maestro en el Gremio de Pintores de San Lucas de Amberes, pero prefirió residir en Utrecht, donde se casó.



María Tudor





En 1548 consiguió su primer gran mecenas en el influyente Antonio Perrenot de Granvela, obispo de Arrás y miembro de la corte imperial de Carlos V, quien le cogió bajo su protección. Granvela lanzó la carrera de Moro al presentarle a clientes de la realeza, y en particular a Felipe II de España.

Entró así al servicio de la corona española, lo que con el tiempo le obligó a viajar a Roma, Lisboa, Madrid y Londres. Durante los retratos que pintó al comienzo de la protección otorgada por Granvela se encuentran dos destacados: uno del propio Granvela y otro del duque de Alba.



Felipe II












En la corte española

En 1550, María de Hungría le envió a Lisboa para pintar a la familia real portuguesa, y en especial a María de Portugal, la prometida del futuro Felipe II. De camino, en diciembre de ese año, hizo su primer retrato oficial de El emperador Maximiliano II de cuerpo entero (Prado). Es probable que desde allí prosiguiera su viaje en el séquito de Felipe II, que desde 1549 realizaba una visita prolongada a los Países Bajos.

Llegó a España en julio de 1551 donde retrató a la hermana de Felipe II, la emperatriz María de Austria, mujer de ­Maximiliano II y a la primera hija de ambos, Ana de Austria (hoy perdido).



Una vez llegado a Portugal realizó los retratos de Juan III y su esposa la reina Catalina así como de la infanta María y otros miembros de la corte.














La dama de las cadenas de oro

En 1553 fue enviado a Inglaterra, donde pintó, entre otros, el retrato de María Tudor, reina de Inglaterra (a decir de algunos expertos su obra maestra), que iba a servir de presente en sus bodas con Felipe II. Por esta obra recibió la paga correspondiente a una anualidad y el honor de ser nombrado caballero.


Fue el retratista preferido por el príncipe Felipe entre los años 1550 y 1554, año en el que la Inquisición le investigó por si el pintor estuviese influyendo al monarca con respecto a Flandes, y cuando Moro se enteró, se marchó a los Países Bajos de inmediato.  El rey intentó en numerosas ocasiones que Moro volviese, pero éste siempre encontraba alguna excusa para no hacerlo, aunque en Flandes continuó trabajando como pintor de cámara para Felipe II.




Gravela




En agosto de 1559 volvió a España acompañando al ya rey Felipe II, que tomó las riendas del gobierno tras los cinco años de regencia de su hermana Juana de Austria. Aquella última estancia del artista en la corte filipina fue breve, y a finales de 1561 estaba de nuevo en Bruselas.

En ese intervalo, entre Toledo y Madrid, había pintado algunos de sus mejores retratos, no todos conservados: Doña Juana de Austria (hermana del rey Felipe) , (1560) y  la tercera esposa del rey, Isabel de ­Valois.










Guillermo de Orange



En Bruselas, ejecutó los retratos de personajes de la realeza (Guillermo de Orange) y la nobleza flamenca, pero también de su esposa, su autorretrato y alguna que otra obra religiosa, de las pocas que sobre esta temática realizó. Igualmente, el duque de Alba (gobernador de los Países Bajos) le encargaría retratos de todas sus amantes, lo que le valió en compensación que el duque colocase a los hijos del pintor (tuvo un hijo, más tarde canónigo y dos hijas) en cargos elevados y a él le concedió la recaudación de la Flandes occidental, por lo que el resto de su vida vivió con grandes riquezas.

Aún recibió un encargo en 1570 desde España, retratar a la cuarta esposa de Felipe II, Ana de Austria.  






Perejón el bufón



Probablemente entre 1568 y 1573 se instalase en la ciudad de Amberes, desde donde se emitió el último documento referido a Moro en 1573. En sus últimos años pasó su tiempo pintando a comerciantes burgueses, artistas e intelectuales de los círculos humanistas en los que se movía, aplicando las mismas composiciones que lo había hecho con su retratística cortesana.

Su última obra conservada es el retrato de Hubert Goltzius, pintor y numismático, amigo personal de Moro, fechado en 1573-1574 y conservado en los Musées Royaux des Beaux-Arts de Bruselas

Cuando le sobrevino la muerte estaba realizando una Crucifixión para la catedral de Amberes. Los historiadores sitúan su fallecimiento entre 1574 y 1576.

Creador de escuela

En las cortes neerlandesa y española Moro se especializó en el retrato regio y cortesano, donde se resolverá con un estilo innovador, aúna la manera veneciana de Tiziano con la tradición de la pintura flamenca, llamado a sustituir a las tradiciones retratísticas más antiguas.





Autorretrato

En los retratos ejecutados por Antonio Moro destaca su minuciosidad descriptiva y en ellos queda patente su habilidad para combinar su estilo con las exigencias de la etiqueta, el ceremonial y el decoro cortesanos.

En sus imágenes sin artificios, centrándose únicamente en la presencia física de sus personajes, consigue reflejar la grandeza y el poderío de los monarcas, así como la psicología del modelo. Moro supo, por ejemplo, captar la etiqueta de la corte española, representando a sus miembros con austeridad pero con sorprendente majestuosidad.

Moro utilizaría a partir de entonces colores y tonos apagados, el detallismo en las telas, plegados y calidades, una iluminación mínima, generalmente del lado izquierdo, y un fondo neutro que realza el aislamiento monumental de la figura, que suele ser de tres cuartos o cuerpo entero.

Es uno de los retratistas más afamados de la historia del arte, creando un tipo de retrato cortesano que tuvo gran influencia en toda Europa, pero sobre todo en los grandes retratistas de la escuela española como Alonso Sánchez Coello (que fue auxiliar de Moro en España), Juan Pantoja de la Cruz, entre otros, e incluso el mismo Velázquez.

En España se conserva posiblemente el más nutrido, e importante, número de obras de Antonio Moro que se conserva en un mismo país (Prado, Museo Thyssen, Bellas Artes de Bilbao, Casa de Alba, etc).



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