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MARÍA CEGARRA, LA POETISA QUE ENAMORÓ A MIGUEL HERNÁNDEZ

María Cegarra tenía una bien definida afición: la poesía, por lo que se codeó con la intelectualidad murciana de la época.

Sin embargo, iba a encontrar su vocación en la química. Se convirtió en la primera mujer española licenciada en Ciencias Químicas.

Una joven María Cegarra
Semblanza

María, que nació en La Unión (Murcia) en 1903, no tenía ningún precedente literario familiar (su padre era comerciante y su madre maestra) si exceptuamos a su hermano mayor, Andrés, autor de una breve pero estimable obra narrativa.

Fue precisamente el triste suceso de la muerte de su hermano lo que llevó a María a publicar su primer poemaCristales míos ( y tras el fallecimiento de su hermana, muy próximo al suyo, realizará su última obra, Poemas para un silencio).

Pero a pesar de todo, apoyada por su hermano y rodeada de un mundo de minas y mineros, decidió que su profesión fuera la química, algo que llegó con el tiempo a fascinarla (parece que fue la primera mujer que obtuvo en España el diploma de perito químico).

Una vez concluidos sus estudios abrió su propio laboratorio de análisis mineralógico, una industria floreciente en aquella época en su ciudad natal.

Asímismo, alternó su trabajo con la actividad docente, descubriendo que también le apasionaba, siendo profesora de Ciencias Químicas en la Escuela de Peritos Industriales y Maestría de Cartagena, así como en otros centros de Formación Profesional y Bachillerato. La dedicación de María a la enseñanza se prolongará durante cuarenta años.

María y Carmen Conde
María se distinguió por ser una mujer muy independiente, profundamente católica y aferrarse a la soltería, aunque se cuenta que tuvo amores que no pudieron ser.

Se dice de ella que dedicó su vida a los tres pilares que conformaron su existencia: su familia, su poesía y su profesión, volcándose en cada uno de ellos con total devoción.

 Las personas primordiales en la vida de María fueron sin duda las de sus hermanos, Andrés y Pepita. Al primero lo adoraba y luchó junto a él para que la enfermedad que le dejó postrado a una silla de ruedas durante catorce años no le mermara nunca la sonrisa. Pepita fue su apoyo y su referencia más inmediata.
  
Trabó amistad, antes de la Guerra Civil, con relevantes escritores y personajes relevantes de la intelectualidad murciana de la época de diferente signo político como los también poetas Carmen Conde, Miguel Hernández y Ramón Sijé, el periodista Raimundo de los Reyes, o el crítico Antonio Oliver.

María Cegarra y Miguel Hernández

Sobre su relación con Miguel Hernández se han escrito muchas páginas calificándola de amorios (circulaba el rumor que Miguel se enamoró de María), aunque ella misma se encargó de aclarar sobre el pretendido romance aduciendo que las visitas que este le hacía en La Unión se fundamentaban en una sincera amistad. Amor o no, el gran afecto que se profesaban quedó reflejado en la correspondencia que mantuvieron durante años, hasta la definición de Miguel como republicano y de izquierdas.

María y diversos intelectuales de la época
María optó por el signo político contrario. Militó activamente en la Sección Femenina de Falange Española. A través de esta organización política contribua la formación de jóvenes puericultoras, y con ello, a paliar el problema de mortalidad infantil de la posguerra española. Asimismo, se mostró activa en el Auxilio Social, especialmente en la distribución de ropas (especialmente "canastillas" para recién nacidos) y alimentos a los necesitados, sobre todo en la difícil década de los 50.

Con anterioridad a la guerra, María no estaba definida políticamente, pero finalmente su actitud fue claramente conservadora, aunque con unos ideales de solidaridad e igualdad. Como la misma María decía, a ella lo que le gustaba era la paz, ya fuera de unos o de otros.
  
Su obra poética

Con anterioridad al fallecimiento de su hermano en 1928 María nunca había escrito nada seriamente. Tras este suceso tan doloroso en su vida, se iniciará su camino poético para prolongar su recuerdo y el deseo de mantener viva su memoria, según manifestó alguna vez la propia María.

María e intelectuales de la época
Los expertos califican su poesía como muy humana, profunda y de exquisita verbalidad, pero despojada de preciosismo. Su temática es afín al espíritu trascendentalista de las generaciones de los años 40 y 50. Ofrece un mundo concentrado, personal y prosaico.

 Ella misma decía que era una mujer de silencios más que de palabras, porque le gustaba dejar reposar cada poema, cada una de las ideas que le atravesaban, sin hacer apenas correcciones.

 María creía en la inspiración, en el surgimiento espontáneo de las ideas. Confesaba no tener una riqueza de vocabulario amplio, por lo que definía su poesía como sencilla pero llena de emoción. Aborda temas como el paisaje natal, los entramados unionenses, sus minas, sus gentes, sus amigos, su familia o, la búsqueda de Dios, pero también la relaciona con la química.

Personajes destacados de la literatura murciana y española alabaron sus poemas, como Juan Ramón Jiménez, Cano Ballesta, Carmen Conde o Miguel Hernández.


Colaboró en las revistas La Región, La Verdad, Tránsito, Levante Agrario, Títiro canta, Monteagudo, entre otras. Publicó su Poesía completa en 1987, con introducción de Santiago Delgado.

 La poca repercusión a nivel nacional de la poesía de María Cegarra ha sido entendida como la consecuencia de las pocas salidas fuera de su entorno y de la irregularidad en sus publicaciones, de ahí su escaso y tardío reconocimiento.

Lo cierto es que los homenajes y premios tardaron en llegar, pero finalmente fueron muchos los que reconocieron y admiraron la gran huella y legado artístico que María Cegarra dejó en su tierra y fuera de ella.

María e intelectuales de la época
María y La Unión

De María Cegarra se ha afirmado que tuvo una estrecha vinculación con su tierra natal, La Unión, por la que sentía un especial cariño y admiración.

Dicen que era una mujer siempre amable, pero que no gustosa de protagonismos.  María Cegarra mantuvo una vida cotidiana y vecinal, renunciando a convertirse en un personaje ilustre y alejado de su tierra.

Al amor por su tierra dedicó muchos de su poemas. Y no sólo eso. María tenía tanto apego a La Unión .que le hizo permanecer siempre en su casa de toda la vida.
Participaba de la devoción popular de la Virgen del Rosario, a quien ofrecería en varias ocasiones sus palabras, así como del del Cristo de los Mineros en la Semana Santa de su tierra. Pero además, María no se perdía el famoso Festival del Cante de La Mina, evento que también promocionó y del que le gustaba participar íntegramente cada año.

A partir de 1979 María instituye y costea el Premio Andrés Cegarra Salcedo, homenajeando a su desaparecido hermano. El propósito fue estimular la creación de nuevas letras de 'mineras' con destino al Festival del Cante de las Minas. Con este concurso se enriquecerán las letras del cancionero de las minas.

La leyenda dice que estando en Murcia, ya enferma y a punto de morir, María pronunció el '¿cuándo nos vamos a La Unión?'.

María Cegarra Salcedo murió en Murcia un 26 de marzo de 1993, habiendo sido nombrada Hija Predilecta de su ciudad cinco meses antes del deceso. El Ayuntamiento de La Unión declaró dos días de luto oficial y su capilla ardiente se instaló en el Instituto Nacional de Bachillerato que actualmente lleva su nombre.

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