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MENCIA CALDERÓN, LA ASOMBROSA EPOPEYA CON SU CARAVANA DE MUJERES EN EL NUEVO MUNDO

La aventura de Mencia Calderón y sus grupo de doncellas casaderas estuvo plagada de tempestades, ataques piratas, peste, prisión en territorio portugués y hostigamiento de los indios.

Para alcanzar su meta, seis años después de haber zarpado de España, este grupo de mujeres   tuvo que atravesar a pie 1.600 kilómetros de selva.

Mencia Calderón
Una Adelantada inesperada

Mendía Calderón Ocampo nació en Medallín (Badajoz) alrededor de 1514 en el seno de una familia noble. Hacía 1535 contrajo matrimonio con el viudo e hidalgo adinerado Juan de Sanabria, que aportó un hijo llamado Diego.

Por ese entonces, las hazañas del también medillense Hernán Cortés en el Nuevo Mundo eran de dominio público en España, especialmente en Extremadura y muy particularmente en Medellín, donde muchos sueñan con alcanzar sus glorias y honores. Por eso, cuando Juan de Sanabria se entera que el cargo de Adelantado (o Gobernador de una zona) del Río de la Plata estaba vacante no duda en solicitar el puesto.

El 22 de junio de 1549, el Consejo de Indias acordó la capitulación por la que se nombraba tercer Adelantado del Río de la Plata a Juan de Sanabria. Este, asumía con el cargo el compromiso de llevar en su expedición en no menos de seis barcos a cien parejas con hijos y doscientos cincuenta solteros (hombres y mujeres) para establecerlos y repoblar con familias criollas (ya que los hijos mestizos de los españoles, reconocidos y considerados sus herederos a todos los efectos, implicaban un alto riesgo de independencia) dos asentamientos que debían fundarse en las costas de la isla de Santa Catalina y en el Río de la Plata con el fin de consolidar las propiedades reales en la costa atlántica, continuamente asediadas por los portugueses.

Mencía Calderón decide acompañar a su esposo con las tres hijas que tenían en común (María, Mencia y Francisca) al igual que otras familias extremeñas.

Hernán Cortés
Pero la fatalidad quiso que ya en Sevilla organizando el viaje, a Juan de Sanabría le sobreviniera la muerte por una fiebres tercianas. De este forma, su hijo Diego, con apenas 18 años, heredó los folios reales en los que constaban los derechos y obligaciones del cargo de Adelantado que exigía Carlos V.

Sin embargo, aunque la familia vendió todas sus propiedades para poder realizar la empresa, no tenían suficientes recursos para llevarlo a cabo. Mencía Calderón se ofreció para encabezar la misión con lo que ya estaba preparado, y sorprendentemente el Consejo de Indias aceptó, por lo que se decidió que el el inexperto y joven Diego fuera el que quedase en España aprovisionando tres barcos más y Mencia partiera con los tres que ya estaban listos.

De esta forma, Mencia Calderón, a sus más o menos treinta y tres años, se convertía de hecho en la Adelantada del Río de la Plata, en funciones. No iba a ser una conquistadora, sino una colonizadora por lo que cargó sus barcos con libros, semillas, instrumentos de labranza y animales vivos para impulsar la ganadería y la agricultura.

Un viaje de seis años

Se hicieron a la mar el 10 de abril de 1550 al mando de Juan de Salazar (fundador de Asunción el 15 de agosto de 1537), capitán mayor y tesorero de la expedición, con unas trescientas personas a bordo (de ellas 50 o 60 mujeres, algunas fuentes apuntan 80) repartidas en tres naves (los casados iban en una bajo las órdenes de Francisco Becerra, los pertrechos y armas en otra bajo las órdenes del capitán Ovando y Mencia Calderón, Salazar y las mujeres solteras en el patache San Miguel, más lento pero más grande (las otras eran la carabela Asunción y la nao San Juan). 

Muchas de estas mujeres solteras rodaban los quince años de edad, de sangre limpia, sin ascendencia judía, morisca o conversa, como se pedía, pero no eran ricas. Sus hidalgas familias venidas a menos las mandaban a casar al Nuevo Mundo con algún conquistador como solución honrosa ante su falta de dote para conseguir en España un buen matrimonio.

Carlos V
Nada más zarpar se hicieron presentes las incomodidades: hacinamiento, ratas, cucarachas, pulgas, chinches, falta de higiene, hedor, restricciones de agua dulce, etc. Pero para estas jóvenes casaderas era una aventura fabulosa que nunca pudieron imaginar en sus pequeñas villas de Extremadura. Pero el destino les tenía preparadas muchas sorpresas antes de llegar a su destino.

El primer contratiempo surgió poco después de dejar atrás las Islas Canarias. Una terrible tempestad destrozó la nao San Miguel, donde iba Mencia Calderón y las mujeres solteras, separándola de las otras dos. Se vieron obligados a costear el golfo de Guinea, donde fueron atacados por piratas franceses. Contrariando la opinión de sus hombres de mando, Mencia Calderón ordenó no pelear con ellos sino negociar, por temor a que ultrajasen a las jóvenes y luego las vendieran en el mercado de esclavos y asesinaran al resto de la tripulación. Dejó que se llevaran todo lo que había de valor en el barco (instrumentos de navegación, joyas, ropas....

Reparar el barco en algún lugar de la costa de Guinea les llevó meses cosiendo velas, haciendo cabos, preparando conservas, etc. Después se hicieron a la mar sin instrumentos de navegación, lo que les supuso perderse en el océano durante muchas semanas donde el hambre y la sed a bordo fueron sus inseparables compañeros, además de la peste. Todo ellos provocó la muerte de muchos marineros y mujeres, incluida la hija menor de Mencia.

Los problemas continuaron cuando por fin consiguieron llegar a la isla de Santa Catalina (hoy parte de Brasil). Fueron atacados por los indios. Tuvieron que pedir ayuda al contingente portugués de la cercana localidad de San Vicente, pero estos, recelosos, les retuvieron durante dos años. Cuando fueron liberados algo había cambiado. Parte de las mujeres se habían casado con los pobladores portugueses y otras con miembros de la propia tripulación de Mencia, entre ellas sus dos hijas mayores (uno de los hijos de su hija María, Hernando Arias de Saavedra, fue el primer gobernador nacido en Paraguay).

Mencía Calderón consiguió fundar una colonia en San Francisco (hoy también perteneciente a Brasil. Tuvieron que abandonarla por los continuos ataques de los indios. Llegados a este punto solo les quedaba llegar a Asunción (Paraguay).

Final de trayecto

El capitán Salazar dispuso dividir el contingente. Una parte de la gente y el equipaje embarcó en un bergantín que consiguieron construir y el resto debía hacerlo a pie a través de la selva (senda transitada con anterioridad por Alejo García y Alvar Núñez Cabeza de Vaca). La expedición estaba compuesta por algunos hombres (indios porteadores y guías, algunas vacas llevadas por portugueses, curas, oficiales, soldados) y la dotación de las cuarenta mujeres que aún quedaban de la expedición inicial que viajaban amparadas por Mencia. Tuvieron que recorrer en penosas condiciones los 1.600 kilómetros que les separaban de su destino.

Río de la Plata
Salazar y su grupo llegaron a la ciudad de Asunción en octubre de 1555 en medio del júbilo y la algarabía de los antiguos conquistadores. Al año siguiente, en abril de 1556, llegaría a destino Mencia Calderón Ocampo y su grupo (fue necesario enviar otra embarcación para prestarles auxilio y acelerar su llegada a destino).

Cuando finalmente llegaron, Mencía Calderón no pudo ocupar el puesto de Adelantada ya que había sido concedido a Diego Martínez de Irala al darle a ella y a su hijo Diego por desaparecidos. A este, efectivamente, parece que una tormenta, cuando trataba de llegar a Asunción, desvió su nao hacia Venezuela donde murió a manos de los indios.

Pero ahora ni ella ni aquellas mujeres, ya no tan niñas, eran las mismas después de aquella odisea. Eran fuertes, independientes y capaces. Aunque aquel terrible esfuerzo iba a ser olvidado injustamente por la historia, sus descendientes iban a formar parte de las élites de Paraguay, Uruguay y Argentina.

En 1564 Mencia Calderón escribió un breve relato donde narra su fabulosa aventura. Murió en Asunción en el último cuarto del siglo XVI.

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