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SAMARCANDA: UNA CIUDAD DE LEYENDA

Samarcanda siempre ha estado rodeada de un aura de leyenda, sin embargo, la ciudad existe y existió, aunque sin dejar de ser mítica.

Con más de 2500 años de historia, es hoy una de las ciudades más antiguas del mundo aún habitada.

Tamrlán
Una ciudad legendaria

Actualmente Samarcanda es la segunda ciudad de Uzbekistán, país que fue incorporada al Imperio ruso en el siglo XIX y en 1924 se constituyó en República Soviética. Finalmente accediendo a su independencia en 1991.

Pero esta ciudad tiene una antigüedad de 2700 años. Se han encontrado evidencias de actividad humana en el área de la ciudad desde el Paleolítico tardío, aunque no hay evidencia directa de cuando fue exactamente fundada Samarcanda, se cree que pudo ser entre los siglos VIII y VII antes de Cristo.

Samarcanda fue capital de la satrapía de Sogdiana bajo la dinastía aqueménida de Persia y prosperó hasta convertirse en una de las ciudades más importantes del Imperio Persa cuando Alejandro Magno la conquistó (y arrasó) en el 329 a.C.

Al comienzo del siglo VIII Samarcanda fue sometida a control árabe. Hasta el siglo XIII creció y fue controlada por turcos, árabes y persas hasta ser saqueada por los mongoles de Gengis Khan en 1220 cuando la ciudad contaba con medio millón de habitantes.

No obstante, como en otras ocasiones cuando invasiones y guerras la destruyeron, Samarcanda renació nuevamente de sus cenizas y se recuperó. En 1365 tuvo lugar una revuelta contra el dominio mongol.

Imperio Timur
Su buena ubicación geográfica no fue sólo una maldición por ser cruce de caminos, también la causa de su prosperidad. Así, Samarcanda se convirtió en la joya de la Ruta de Seda. Se convirtió así en una de las grandes ciudades de Asia Central y centro de comercio mundial. Hasta este lugar llegaban las caravanas que iban y venían en el trasiego de la antigua Ruta de la Seda desde el Mediterráneo hasta China.

Tamerlán, creador de un Imperio

Tamerlán oTimür-i lang o ‘Timur el Cojo’ (1336-1405) fue un líder guerrero turco-mongol que en poco más de dos décadas conquistó ocho millones de kilómetros cuadrados de Eurasia. Sus ejércitos llegaron desde Delhi a Moscú y desde la cordillera Tian Shan hasta los montes Tauro de Anatolia. Así, la fama del último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central, entre lo novelesco y el terror, se extendió por toda Europa.

En 1370 Tamerlán decidió hacer de Samarcanda la capital de su imperio, el mayor imperio de Asia, que se extendía desde India hasta Turquía. Durante 35 años se dedicó a reconstruir la ciudad (con un nuevo muro y nuevas calles empedradas) y la cubrió de joyas arquitectónicas como la monumental mezquita de Bibi Khanum o el mausoleo Gur-e Amir que fue construido antes de la muerte de Tamerlán y se convirtió en la tumba para él mismo y para todos los miembros de su dinastía.  

Mausoleo de Tamerlán
Además de arquitectos y otros tantos gremios asociados a la construcción y a la decoración (vidrieros, tejedores, armeros, orfebres, albañiles), también llevó a la ciudad numerosos científicos, sabios y estudiosos y la convirtió en un importante centro islámico de estudio académico (llegando con el tiempo a albergar tres madrazas o escuelas coránicas). En tiempos de Tamerlán se construyó la Madrasa de Ulugh Beg, después se añadirían la de Shir Dor, justo en frente de la primera y construida casi a imagen y semejanza de su ‘hermana mayor, y la de Tillya Kari, célebre por su fastuoso interior decorado con azulejos dorados. Hoy, estos tres edificios son la imagen más reconocible de una ciudad. En estas escuelas se estudió Filosofía, Teología, Medicina, Teología o Astronomía entre otras ciencias.

Ulugh Beg fue un centro académico de primer orden que atrajo a sabios de todo el orbe, y no sólo a los musulmanes. Tamerlán se ganó de esta forma la fama de sabio (aunque no sabía ni leer ni escribir) y de generoso. El período timúrida, entre los siglos XIV y XV, fue el más significativo para Samarcanda.

Patio de la madraza de Sher Dor
Un español en Samarcanda

 La última de la larga serie de victorias de Tamerlán, lograda sobre el sultán otomano Bayaceto, había despertado el entusiasmo de los reyes de la Europa cristiana, que se veían así libres de la amenaza otomana y soñaban con firmar la paz con la potencia emergente de Asia, entre otras cosas para circular libremente por la Ruta de la Seda.

Enrique III, rey de Castilla y León, tras recibir con agrado a un embajador de Tamerlán, envió a su vez a un embajador de su corte, llamado Ruy González de Clavijo, cargado de regalos para hacer los honores al victorioso soberano oriental y a su vez con la intención de crear una alianza con Tamerlán para guerrear contra los turcos (la muerte de Tamerlán frustró estas intenciones). Tras un viaje por Grecia, Anatolia y Mesopotamia que duró más de un año, el 31 de agosto de 1404 Clavijo llegó a Samarcanda.

La delegación castellana permanecería allí casi tres meses. Clavijo observó la sensibilidad de Tamerlán por el arte y la cultura, en contraste con el devastador efecto de sus campañas. y tan maravillado quedó Clavijo por la visión de la riqueza de los productos de sus mercados procedentes de la Ruta de la Seda, el lujo, la grandiosa arquitectura y la mezcla de lenguas y religiones en las calles de aquella remota ciudad que a su vuelta escribió un relato de su experiencia: “Embajada a la corte de Tamerlán.

Ruu González de Clavijo
A la hora y día convenidos, Ruy de Clavijo se presentó ante Tamerlán. Tras las oportunas reverencias, Tamerlán los mandó acercarse y Clavijo que esperaba encontrarse con el «azote de las estepas» lo que vio fue un anciano ya caduco, acomodado entre cojines de seda bordada, Dice Clavijo que «tan viejo era que hasta los párpados de sus ojos estaban caídos». 

Todo fueron cortesías para Clavijo y su rey: «Mirad aquí estos embajadores –proclamó solemne Tamerlán ante sus cortesanos–, son éstos los que me envía mi hijo, el Rey de España, que es el mayor Rey que hay en los francos».

El banquete con que se obsequió a la embajada castellana fue copioso, según relata Clavijo: carneros cocidos y asados, ancas de caballo sin su corvejón, jugosos melones, uvas y duraznos servidos en la dulce leche fermentada de las yeguas; y todo ello ofrecido en fuentes de oro y plata, junto a finas obleas de pan y escudillas con arroz, salsas y condimentos varios. No faltó tampoco el vino escanciado en tazas de oro que descansaban sobre platos de fina porcelana.

Durante la estancia de Ruy de Clavijo en Samarcanda, Tamerlán, que se hallaba inmerso en los preparativos de su última campaña contra China, cayó enfermo. Sus ministros despidieron entonces a los castellanos, que tuvieron que emprender el viaje de vuelta el 18 de noviembre de 1404. El emperador murió poco después de la marcha de Clavijo, a los 71 años, el 19 de enero de 1405. En recuerdo a esta visita de Clavijo un barrio de Samarcanda se llama “Madrid”.

Estatua en honor de Tamerlán
Tamerlán fue enterrado en el mausoleo Gur-e Amir, otra joya decorada con un diseño en retícula romboidal, en forma de panal, como símbolo del cielo y de la armonía cósmica, mosaicos con piezas hexagonales de ónice y lapislázuli e inscripciones de letras de oro sobre un fondo de jaspe verde. Además de los de Tamerlán, la cripta acoge los restos de su nieto y otros familiares. 

La enorme lápida de Tamerlán tiene una curiosa inscripción: «Si yo me levantase de mi tumba, el mundo entero temblaría». De hecho, el 22 de junio de 1941, el mismo día en que el arqueólogo soviético Mijail Gerasimov exhumaba su cadáver, Hitler invadía Rusia.

En la exhumación se descubrieron unos restos adivinándose rasgos como una frente despejada y abrupta, la nariz corta, los pómulos salientes y, sobre todo, su cojera, características que las descripciones antiguas destacaban en el físico de Tamerlán.

Samarcanda actual

Después de un asalto por parte del rey persa, Nadir Sah, Samarcanda fue abandonada en el siglo XVIII, alrededor del 1720. La ciudad pasó a manos rusas en 1868 que la empezó a reconstruir y poblar hacia el oeste de la ciudad vieja. Posteriormente creció sobre todo cuando el ferrocarril Trans-Caspio llegó a la ciudad en 1888. En 1925 se convirtió en la capital de la República Sociealista Soviética de Uzbekistán, antes de ser sustituida en 1930 por Taskent, la actual capital de Uzbekistán.

Hoy Samarcanda se encuentra en la lista de las ciudades más antiguas del mundo y en 2001 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.

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