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LA VERDADERA HISTORIA DEL DIARIO DE ANA FRANK

El diario fue escrito por la adolescente entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944 en el contexto de la persecución nazi a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Ana y su familia se escondieron del régimen nazi en una casa de Ámsterdam durante la invasión alemana de los Países Bajos.

Ana Frank en el colegio
Encierro involuntario

Durante dos años la familia Frank (Otto, Edith, Margot y Ana) y la familia van Pels (el socio de Otto, Hermann, su esposa, Auguste y su hijo, Peter), así como un dentista amigo de las dos familias, Fritz Pfeffer, estuvieron escondidos en un anexo secreto, de poco más de 120 metros cuadrados, de un edificio de tres pisos en el número 263 de la calle Rue Prinsengracht de la capital holandesa para evitar ser detenidos por los alemanes.

En esas circunstancias poco se podía hacer. Se levantaban temprano, se lavaban (sólo se podían bañar los sábados o los domingos) y tomaban café antes que llegaran para trabajar, a las 8:30, los empleados del edificio puesto que después ya no se podía hacer ningún ruido. Había que caminar descalzo o con calcetines y estaba prohibido tirar de la cisterna, toser, estornudar, reír o hablar si no era en susurros.

Alrededor de las 12.30, cuando los empleados salían a almorzar, preparaban la comida y luego encendían la radio un rato para escuchar las noticias. Como era lógico, por seguridad, ningún miembro del “anexo secreto” salía a la calle. Los que llevaban ropa y comida eran los cuatro trabajadores de confianza de Otto: Miep Gies, Johannes Kleiman, Victor Kugler y Bep Voskuijl.




Ana pasaba las mañanas leyendo y estudiando, pero era una escritora compulsiva (su sueño era ser periodista o escritora) por lo que, por la tarde, cuando el resto dormía la siesta, ella se dedicaba a escribir sus vivencias, pensamientos, angustias y temores en el diario que le habían regalado por su decimotercer cumpleaños (cuando se le acabó usaría dos cuadernos más y 324 hojas sueltas de papel de colores).

Páginas manuscritas del diario de Ana
Ana dirigía gran parte de los mensajes del diario a Kitty, que no era ni su compañera de clase ni una amiga imaginaria, como especuló al principio. Kitty Francken era una de las protagonistas de Joop ter Heul, una serie de cinco libros infantiles escritos por la novelista holandesa Setske de Haan, bajo el seudónimo de Cissy van Marxveldt. Durante mucho tiempo, Ana dirigió sus cartas del diario a los personajes de la serie, pero al enterarse por la radio que el ministro de Educación holandés, Gerrit Bolkestein, había prometido publicar los relatos de los sobrevivientes de la guerra, Ana decidió dar al diario el nombre de Kitty.

¿Traición o casualidad?

Hasta diciembre de 2016 siempre se aceptó que Ana Frank y los demás residentes del "anexo secreto" habrían sido víctimas de una denuncia anónima. Sin embargo, un estudio de la Casa de Ana Frank, coordinado por el investigador Gertjan Broek, indica que la casa de atrás se habría encontrado por casualidad.

Los nazis que descubrieron el paradero de los ocho habitantes el 4 de agosto de 1944, estaban investigando un posible fraude en la distribución de cupones de alimentos. Un par de meses antes, dos empleados de la misma empresa que ocupaba el edificio fueron arrestados por cargos de vender cupones ilegalmente. No obstante, La hipótesis de la traición no ha sido descartada definitivamente.

El edificio donde vivieron y se escondieron los Frank
Todos fueron llevados a campos de concentración.

Una de las últimas personas en ver a Ana Frank con vida fue su compañera de la escuela secundaria judia de Ámsterdam, Nanette Blitz Konig que también coincidió con ella en el campo de concentración de Bergen-Belsen (Alemania). Nanette la recordaría años después como “calva y muy débil, parecía casi muerta”.

De hecho, Ana y su hermana Margot murieron de tifus e inanición en febrero de 1945, con 15 y 18 años, respectivamente, dos meses antes de que fuera liberado el campo por las tropas inglesas. Sus cuerpos fueron enterrados en fosas comunes.

Sólo Otto Frank, el padre de Ana, sería el único de los ocho ocupantes de la "casa de atrás" que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y pudo publicar el diario de su hija.

La casa donde Ana Frank permaneció oculta junto a su familia por la persecución nazi a los judíos se transformó en un museo en 1960. Desde entonces, recibe una media de 1,2 millones de visitantes cada año.
  
El “no” de las editoriales

El diario que recibió Ana Frank durante su cautiverio se publicó en Holanda en 1947 como libro póstumo con el título de "Het Achterhuis" ("El anexo secreto").

Entrada al anexo secreto
En los Estados Unidos, donde fue lanzado en 1952 y rebautizado como "El diario de una joven", fue rechazado por 15 editores calificado de "tonto", "aburrido" e "inoportuno", entre otras cosas.

Durante décadas, la controversia estuvo servida con el diario por detractores que dudaban de la autenticidad de este (unos decían que se había falsificado y otros que el verdadero autor era el padre) y por los admiradores que veían en él el relato de la angustia y el miedo de los que sufrieron la persecución nazi.

Sin embargo, varios forenses expertos en caligrafía contratados por el Instituto de Documentación de Guerra pudieron probar la autenticidad del diario.

Ha sido traducido a más de 70 idiomas, el diario de Ana Frank ha vendido más de 35 millones de copias. También ha dado lugar a varias películas, documentales, cómics, etc.

Tumba de Ana y su hermana Margot
Hoy día existen cuatro versiones de “El diario de Ana Frank”. La primera, llamada versión "A", es el manuscrito original sin cortes. La segunda, o "B", es la versión revisada por la propia Ana que decidió reescribir su diario cuando se enteró que cartas, diarios y documentos se convertirían en documentos históricos cuando terminase la guerra (usó entonces nombres falsos para su familia, que pasarían de ser los "Frank" a los "Robin" y adoptaría el género epistolar). La tercera, o "C", es la versión editada por su padre, Otto Frank, en 1947 (en ella, omitió detalles que se consideraba innecesarios, como las reflexiones de su hija Ana sobre la sexualidad o sus arrebatos de ira hacia su madre, Edith), La cuarta y última, la "D", es la versión revisada, ampliada y organizada por el escritor y traductor alemán Mirjam Pressler. Esta última es de 1995 y cuenta con más de más de 700 páginas, en ella se rescata los pasajes suprimidos por el padre en 1947.

Con el paso del tiempo la importancia del libro creció como testimonio del holocausto y lo frágil que puede ser la vida humana, pero también en los últimos años crece la figura de Ana como una adolescente “normal”, curiosa y precoz en muchos aspectos.

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