FORO DE DAVOS: ¿DIÁLOGO GLOBAL O CÍRCULO DE PODER?
Cada mes de enero, la pequeña y lujosa estación de esquí de Davos, en los Alpes suizos, se convierte en el centro simbólico del poder global. Durante unos días, sus calles se pueblan de séquitos de seguridad, sus hoteles de lujo acogen a huéspedes excepcionales y sus centros de convenciones se llenan de debates sobre el futuro de la humanidad. Este es el escenario de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial (FEM), más conocida como el Foro de Davos. Su narrativa oficial es poderosa: una plataforma "imparcial" para el diálogo que reúne a líderes de todos los sectores con el noble fin de "hacer que el mundo avance en conjunto".
Sin embargo, la realidad que se cuece entre paneles de discusión y recepciones privadas es objeto de una profunda controversia. Para sus críticos, Davos es la "tertulia del 1%", un "club de ricos y poderosos" donde las élites políticas y económicas, principales beneficiarias de un sistema desigual, fingen preocuparse por los problemas que ellas mismas han ayudado a crear.
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1. Orígenes y Evolución
El Foro Económico Mundial no nació con la ambición de gobernar el mundo. Fue fundado en 1971 por el economista y profesor suizo Klaus Schwab bajo el nombre de European Management Symposium. Su objetivo inicial era modesto: crear un espacio donde los líderes empresariales europeos discutieran estrategias de gestión moderna, inspirados por la "teoría de las partes interesadas" (stakeholder theory) de Schwab. Esta visión sostenía que las empresas debían servir no solo a sus accionistas, sino a empleados, clientes, proveedores y a la comunidad en general.
La evolución fue rápida y significativa:
1973: Se celebra por primera vez en Davos y se aprueba el "Manifiesto de Davos", un código ético para los negocios.
1974: Se invita por primera vez a líderes políticos, expandiendo el alcance del evento más allá del mundo empresarial.
1987: Cambia su nombre a Foro Económico Mundial, reflejando su nueva misión de ser una plataforma para la cooperación público-privada en asuntos globales.
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| K. Schwab |
El concepto del "capitalismo de las partes interesadas" (stakeholder capitalism), una evolución de su idea original, se consolidó como el principio rector del Foro. En 2020, este manifiesto fue actualizado para abordar el propósito de las empresas en la llamada Cuarta Revolución Industrial, otro concepto popularizado por el propio Schwab. Durante más de cinco décadas, el evento solo se trasladó de Davos en dos ocasiones: a Nueva York en 2002 tras el 11-S, y a formato virtual en 2021 y 2022 por la pandemia.
Un hito simbólico se produjo en 2025, con el retiro de Klaus Schwab de la presidencia ejecutiva. Su legado fue una institución que pasó de ser un seminario de management a lo que muchos consideran la reunión más influyente del planeta.
2. La Transición del Poder
La salida de Schwab marcó el fin de una era y el inicio de una nueva estructura de liderazgo. Para la edición de 2026, la copresidencia del Foro recayó de forma interina en dos pesos pesados del capitalismo global:
Larry Fink, Consejero Delegado de BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo.
André Hoffmann, vicepresidente del gigante farmacéutico Roche.
Esta elección no fue casual. Refleja el núcleo del poder contemporáneo en Davos: la intersección entre el capital financiero a gran escala y la industria tecnológica y de la vida. Fink, en particular, es una figura emblemática, conocido por su defensa pública de la inversión sostenible y su influencia colosal en las corporaciones a través del voto accionarial de BlackRock. Su presencia al frente simboliza cómo los principios del "capitalismo de las partes interesadas" son ahora promovidos desde los vértices mismos del capital financiero.
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| L.Fink |
3. Los Debates: Agenda Global en un Mundo Fragmentado
El programa de Davos es un termómetro de las ansiedades y aspiraciones de la élite global. Cada año se define bajo un lema; en 2026 es "Un espíritu de diálogo", una respuesta directa a un contexto internacional marcado por la tensión.
Los temas dominantes son un catálogo de los desafíos del siglo XXI, y se debaten en más de 200 sesiones, muchas transmitidas en vivo:
Geopolítica y Cooperación: Cómo renovar la colaboración internacional en medio de guerras activas, alianzas tensionadas y un cuestionamiento del orden basado en reglas.
Crecimiento Económico y Comercio: Búsqueda de nuevos motores de crecimiento frente a un comercio global estancado y la rivalidad entre grandes potencias.
Revolución Tecnológica: El despliegue de la Inteligencia Artificial es un tema omnipresente, analizando sus promesas económicas y sus amenazas de disrupción laboral masiva.
Futuro del Trabajo y Capital Humano: Cómo invertir en educación y capacitación para reducir brechas de habilidades en un mercado laboral en transformación.
Clima y Sostenibilidad: Cómo conciliar el crecimiento económico con los límites planetarios, promoviendo la transición energética.
Un documento clave que moldea estas conversaciones es el Informe de Riesgos Globales, publicado por el FEM antes de cada reunión y que identifica las principales amenazas a corto y largo plazo.
4. La Exclusiva Membresía
Davos es un evento estrictamente por invitación. Su composición es una muestra cuidadosamente seleccionada del poder mundial. Para 2026, se esperaban cerca de 3,000 participantes de 130 países.
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Aunque el Foro se defiende señalando la diversidad de sectores y la creciente presencia de voces del Sur Global y mujeres, la crítica sobre su carácter elitista persiste. El costo de participación, que puede alcanzar decenas de miles de francos suizos, actúa como una barrera económica definitiva.
5. La Influencia Real
Este es el núcleo del debate. El Foro insiste en que "no influye en las decisiones de los responsables políticos ni dicta políticas públicas", definiéndose solo como una plataforma de encuentro. Sin embargo, su influencia es profunda, aunque de naturaleza indirecta y simbólica.
Mecanismos de Influencia:
Agenda-Setting Global: Davos determina sobre qué se habla en los corredores del poder mundial. Los temas que dominan sus paneles se convierten en prioridades en juntas directivas y ministerios.
Espacio de Diplomacia Paralela: Es famoso por facilitar encuentros bilaterales cruciales fuera de los canales oficiales. En 1988, se fraguó ahí un acuerdo que evitó una guerra entre Grecia y Turquía; en los 90, fue escenario de diálogos clave para el fin del apartheid en Sudáfrica.
Forja de Narrativas y Consensos: Es la catedral donde se predica y se legitima el "capitalismo de las partes interesadas". Allí se moldean las narrativas que luego son adoptadas por corporaciones y gobiernos.
Networking de Alto Nivel: El valor más tangible para muchos asistentes son las conexiones informales. Los acuerdos comerciales, las fusiones y las asociaciones público-privadas a menudo se gestan en sus pasillos.
Los detractores, como la Alianza Contra la Desigualdad (Fight Inequality Alliance), argumentan que esta influencia es parte del problema. Acusan a Davos de ser "gloriosamente hipócrita", un lugar donde la élite que se beneficia de un sistema que genera desigualdad extrema y crisis climática se reúne para discutir cómo resolverlos, sin voluntad real de cambiar las reglas fundamentales. Para ellos, Davos es un "desfile de ricos" que perpetúa el neoliberalismo mientras "las personas y el planeta son llevados al límite". Las soluciones reales, argumentan, no vendrán de esta cumbre, sino de la organización y la presión popular desde la base.
El Poder del Diálogo en un Mundo de Desigualdades
El Foro de Davos es, en esencia, la materialización de una paradoja. Es a la vez un espacio único de diálogo transversal en un mundo fragmentado y el símbolo más visible de la concentración de poder y riqueza que caracteriza nuestra era. Su valor no radica en la toma de decisiones ejecutivas, sino en su capacidad para definir la agenda, tejer redes de influencia impensables en otros foros y forjar los marcos ideológicos —como el capitalismo de las partes interesadas— que luego se implantan globalmente.
Sin embargo, su legado está manchado por la percepción, y en muchos casos la realidad, de que el diálogo rara vez se traduce en una acción transformadora que desafíe los intereses establecidos. Mientras en sus paneles se debaten los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en sus suites privadas se cierran acuerdos que pueden exacerbarlos. La pregunta crucial no es si Davos es influyente —lo es, enormemente—, sino ¿influencia para qué y para quién? La verdadera medida de su impacto no estaría en los discursos pronunciados en los Alpes suizos, sino en la reducción tangible de la desigualdad, la contención efectiva de la crisis climática y la construcción de una gobernanza global verdaderamente democrática. Hasta ahora, para una parte significativa del mundo, Davos parece más parte del diagnóstico que de la solución.


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