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CHINA HOY: ¿LA NUEVA POTENCIA ECONÓMICA TRAS LA PANDEMIA?

China es el país más poblado del mundo con casi 1.400 millones de habitantes que viven sobre un territorio de unos 9.600.000 km².  

A pesar de tener un régimen político comunista, desde hace unos años apoya, con buenos resultados, el capitalismo económico. 




Una civilización dormido 

 

La civilización china es una de las más antiguas del mundo, pero una gran desconocida para Occidente. 

 

Su sistema político durante miles de años fue el de las monarquías hereditarias (dinastías) que perduraron hasta 1911. La última de estas fue derrocada por la República China que gobernó el país hasta 1949 cuando, tras una guerra civil, se impuso el partido comunista que instauró desde entonces, y hasta hoy, la República Popular de China 

 

El líder de esta nueva República Popular China fue Mao Zedong, que desde que llegó al gobierno, ocupando la presidencia hasta que murió en 1976, fomentó el crecimiento demográfico y así el país pasó de unos 550 millones de habitantes a más de 990 con un plan plan económico y social a gran escala (el “Gran Salto Adelante”). Pero no tuvo el éxito esperado, produjo una gran hambruna (con la muerte de unos 45 millones de personas) y revueltas por todo el país. 

 

Las revueltas determinaron que Mao impusiera (desde 1966 a 1976) un movimiento sociopolítico denominado Revolución Cultural (con continuas luchas internas por el poder) cuyo objetivo era preservar el comunismo en China. Esta lucha de clases se extendió, no sólo al gobierno, sino a todos los ámbitos de la sociedad: trabajadores, altos funcionarios de la administración y el propio ejército A consecuencia de ello las masacres se sucedieron por todo el territorio (unas fuentes hablan de unos cuantos miles de muertos y otras incluso de hasta unos 20 millones de asesinados). 

 

Tres años después, personalizado el poder en su persona, Mao dio por concluida la Revolución Cultural. Pero con la convocatoria de un nuevo congreso en 1972 se iba a producir una nueva lucha por el poder que iba a ganar la llamada “Banda de los Cuatro”, encabezada por la mujer de Mao. Y la Revolución Cultural continuó, también las purgas.  

 

Si las víctimas propiciatorias del maoismo fueron los líderes campesinos, en la Revolución Cultural fueron sobre todo los intelectuales (técnicos cualificados, académicos, científicos, educadores y profesores universitarios) conllevando una paralización del desarrollo tecnológico, científico educativo del paísSe hizo primar las enseñanzas de valores ideológicos por considerar las intelectuales y científicas materias «burguesas». Esto afectó a toda una generación de jóvenes que se vieron privados de institutos y universidades hasta 1970-72. Las pruebas de acceso a la universidades fueron restauradas en 1978. 

 

Tras la muerte de Mao y la caída de la “Banda de los Cuatro” (juzgados y culpados por los excesos de la Revolución Cultural), una nueva lucha por el poder dio la victoria al revisionario Deng Xiaoping, una de las víctimas principales de la Revolución Cultural en diciembre de 1978. 




 El gigante se despierta 

 

China no es solamente una de las civilizaciones más antiguas del mundo, sino que también fue allí donde surgieron algunos de los grandes inventos de la humanidad como el papel, el compás, la pólvora y la imprenta, e incluso, algunos matemáticos chinos fueron los primeros en utilizar números negativos. 

 

Sin embargo, los expertos coinciden en que en el siglo XVII algo se fragmentó en China y el mundo occidental le sobrepasó en desarrollo tecnológico y científico. Pero China no estaba vencida, sólo dormida.  

 

La llegada de Deng Xiaoping supuso un importante cambio de rumbo para China, aunque no en el plano ideológico. El nuevo dirigente tenía un plan económico muy claro para despertar a su país del largo letargo y la investigación científica iba a ser la parte central y más importante de ese plan. 

 

Desde la puesta en marcha de la liberalización económica, China ha sido la economía del mundo que más rápidamente ha crecido jugando sus bazas sin llamar la atención. 

 

La República Popular de China fue integrándose poco a poco en los foros internacionales, sobre todo económicos: como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas; en la Organización Mundial del Comercio (OMC); el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC); Asociaciones de economías emergentes (BRICS); o el G20 (espacio de deliberación política y económica). 

 

Con la flexibilización económica, las empresas de medio mundo establecían en China sus sedes porque resultaba más ventajoso: suelo y mano de obra más baratos y con escasos derechos laborales reivindicativos. China en ese tiempo trabajaba, pero también aprendía de todo lo que llegaba a su país. 

 

Mientras tanto, desde 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos toma las riendas del poder económico (cultural e ideológico) a nivel planetario, aumentándolo una vez concluida la “guerra fría” con Rusia (1991). Para ello, hace liberalizar el comercio mundial a su favor “dolarizandolo”. Reestablece el patrón oro, crea organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Es decir, desde mediados del pasado siglo XX Estados Unidos, con la mitad del PIB mundial, lo abarca y domina todo: el mar, el aire, la inteligencia, el espacio, la economía, el ciberespacio, etc. 




A partir de 1991, China, con 900 millones de habitantes (600 de ellos pobres) empezaba a ser considerada una economía emergente, pero escasamente desarrollada (con productos de poco valor añadido) y sin apenas visualización en el mundo occidental.  

 

Sin embargo, va aprovechando la globalización inventada e impuesta en el mundo por los norteamericanos. Para ello, empiezan a llevarse a cabo y desarrollarse una serie de medidas del plan de Deng Xiaaoping para levantar la economía consistentes en primer lugar en mandar a sus mentes más brillantes a estudiar o trabajar a aquellos lugares del mundo donde estuviera la tecnología más avanzada para absorber el conocimiento (las universidades norteamericanas, especialmente pero no las únicas, se llenaron de chinos).  

 

Matemáticas, ciencia, tecnología e ingeniería, para la posterior investigación, eran las prioridades. Dieron becas gratuitas a todos esos estudiantes con la finalidad de que luego volvieran a su país a poner en práctica esos conocimientos. El presidente chino aseguraba entonces que cuando estos estudiantes volvieran se vería la transformación de China. Y así fue. 

 

Hubo también una importante diáspora china por el mundo (en ese momento sólo con las frágiles tiendas del “Todo a 100” y poco más. Pero Deng Xiaoping, a pesar de comandar un país comunista, no quería ciudadanos pobres sino ricos. Los ricos, decía, contribuyen a tener el poder económico.  

 

Quería una economía solvente. Para ello hacía falta vender a los mercados, o sea producir. Materias primas y energía no eran precisamente su fuerte, escaseaban. Ahí no podría competir, pero sí podía liderar el mercado tecnológico, sobre todo si podía vender más barato con la misma calidad que sus competidores. Y en ello puso a investigar a sus titulados universitarios formados fuera. Liberó la economía del país desmantelando las granjas colectivas, privatizaron las tierras, comerciando con el exterior y estableciendo zonas económicas especiales en el país.  

 

Con estas medidas empieza a haber un importante crecimiento económico e industrial: en esos años crecían a una media anual del 10% ( mientras los demás países lo hacían al 2-3%) logrando sacar de la pobreza a 150 millones de chinos (sobre todo campesinos con la producción de materias primas y energía). 




En el año 2000 China todavía copiaba la tecnología. Tan sólo presentaba ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual el 1% de las patentes (entre 1970 y 2000 Estados Unidos, Japón y Alemania representaban el 75%). 

 

EE.UU exportaba tres veces más que China en productos tecnológicos a los mercados mundiales. En ese año el PIB de China era el 3% mundial (cuatro veces menor que el de Alemania o Japón) mientras que el de EE.UU era del 25%.  

 

De los 500 corporaciones más importantes del mundo sólo 10 eran chinas, 180 norteamericanas, 100 japonesas y 40 alemanas. 

 

Lo cierto es que, a pesar del despegue, en el año 2000 China seguía significando poco en el panorama económico mundial. Sin embargo, mientras que la economía norteamericana se dedicaba a destinar múltiples recursos para sus guerras (Irán, Iraq, etc), los chinos seguían escalando posiciones discretamente e iban posicionándose decididamente en la economía de la globalización. 

 

Referente mundial 

 

Ya en el siglo XXI, China se caracteriza por tener abiertamente una economía de mercado basada en la adquisición de propiedad privada y es uno de los ejemplos líderes del capitalismo de Estado. El gobierno domina los sectores estratégicos como la producción de energía y las industrias pesadas, pero las empresas privadas se han expandido enormemente.  

 

En los últimos 20 años los números de China son de escándalo y rompen cualquier previsión. Tal es así que se ha convertido en el mayor exportador e importador de bienes y la primera potencia industrial. Sus transacciones comerciales se estiman en unos 4 billones de dólares. También es el mayor receptor de la inversión extranjera directa al atraer más de 250.000 millones. A su vez invierte en el extranjero por varios miles de millones y compra un gran número de empresas de otros países.  

 

En 2008 había cerca de 30 millones de empresas chinas registradas en el país. El mercado minorista chino tiene un valor de unos 4 billones (crece a un 12% anual). 




En 2011 sesenta y un compañías chinas aparecieron dentro del Fortune Global 500 y tres de ellas entre las diez compañías más valiosas del mundo. A día de hoy, de las 500 principales corporaciones mundiales 129 son chinas, 121 norteamericanas, 52 japonesas y 29 alemanas.  

 

En 2014 alcanzó la primacía mundial en términos de PIB medido en paridad de poder adquisitivo y manteniéndose como la segunda potencia por PIB nominal por delante de Estados Unidos. Así, se estima que más de 300 millones de chinos pertenecen a la clase media y aparece como el segundo país del mundo con el mayor número de multimillonarios (5.000.000 de personas con más de 25 millones de dólares). Por ello, el mercado de bienes de lujo (inexistente hasta hace unos años) absorbe más del 35% de todo el mercado del lujo mundial.   

 

El turismo también se ha convertido en un sector importante para China (se estima que está creciendo a un 10-11%) convirtiéndose en los últimos tiempos en el país más visitado del mundo con más de 50 millones de turistas extranjeros (es el segundo país del mundo con más lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), además del nacional que está en torno a los 700 millones de viajeros. También viajan al extranjero y son los que más gastan (a España en 2018 vinieron 650.000 chinos con un gasto medio de 2.500 euros). 

 

Es el país que más energía produce y consume en todo el mundo (incluido el petroleo y la nuclear contando con unos 40 reactores nucleares). Pero como su dependencia exterior era muy fuerte decidió invertir decididamente en energías renovables lo que le ha llevado a un crecimiento vertiginoso en este campo. Es el país con mayor potencia instalada de energía eólica y solar: tiene la mayor planta solar terrestre y marina. 

 

China fabrica el 60% de todas las baterías eléctricas del mundo. Además es el mayor productor de coches eléctricos del planeta. Si le dejasen podría vender en Europa estos coches con garantías y buenas prestaciones por unos 8.000 euros.  

 

Ya en 2013 China contaba con el mayor número de teléfonos móviles del mundo con más de 1.000 millones de usuarios activos y también de usuarios de Internet y banda ancha (el 24% de los usuarios conectados a Internet en todo el mundo son chinos). China Telecom (unos 50 millones de clientes) y China Unicom (unos 40 millones de clientes) acaparan el 20% de los usuarios de Internet del planeta. 




 Hoy China es líder mundial en telecomunicaciones y computadoras personales. Acapara el 75% de la producción y el 39% de las ventas de los smartphones (móviles inteligentes) del mundo con marcas como Huawei, Xiaomi, Lenovo, et. Pretende que en 2025 todos los productos electrónicos no sólo se fabriquen sino que sean vendidos por empresas chinas. 

 

En 2018 creó 100 empresas unicornio (starups relacionadas con la alta tecnología y muchas de estas con la Inteligencia Artificial) con un valor de más de 1.000 millones de dólares (crea 1 de estas cada 3 días). Aumentó la inversión en Inteligencia Artificial (robots )en casi un 140%, y prevé hasta el 2030 una inversión de 130.000 millones de dólares.  

 

Ha creado las BATX, las cuatro empresas que representan actualmente el 35% del PIB de China: Baidu (motor de búsqueda compitiendo con Google), Alibaba (especializada en comercio electrónico), Tender (proveedora de servicios de Internet), y Xiaomi (compañía de smartphones). Más de 7.500 millones de personas usan estas empresas en el mundo, aunque en Europa (500 millones), por ejemplo, sigamos utilizando las norteamericanas. China sabe que el peso comercial está en los países asiáticos. 

 

A día de hoy China acapara al menos el 50% de todo el mercado electrónico global y es el mayor exportador y principal socio comercial de 130 países. Su PIB ha  aumentado en los últimos años en un 15%. 

 

Si en el año 2000 China sólo presentaba el 1% de las patentes mundiales (sólo copiaba), ahora inventa, y en 2018 presenta el 46% (Huawei en los últimos años es la empresa de todo el mundo que más patentes presenta), mientras Estados Unidos presenta el 18% y Japón el 9,4%. 




Los bancos chinos que hasta la fecha nunca habían sido importante, de repente, de entre los 10 primeros bancos del mundo por valor de capitalización bursátil 5 son chinos (Europa ya no tiene ninguno). 

 

China se ha convertido en el principal productor de oro del planeta con más del 12%. Esto podría significar que quiera crear una nueva moneda internacional respaldada por el oro que hiciera frente al dólar (que ya no está respaldado por el oro). De hecho, en mayor de 2020, China anunciaba las pruebas para pagar con una moneda digital (e-RMB). De momento, empezó pagando a sus funcionarios con ella como alternativa al sistema de liquidación en dólares. En su carrera por desdolarizar el mundo sus compras de petróleo en África y Venezuela, por ejemplo, las hace en “petroyuanes” no “petrodólares”. 

 

En los pagos digitales (a través de móvil), China está muy avanzada, de hecho, un chino paga a través del móvil 12 veces más que un norteamericano. La inversión china en el comercio electrónico ha sido muy fuerte, así como en el establecimiento de redes de telecomunicaciones y muy especialmente en el tendido de cableado submarino y de fibra óptica. 

 

En estos últimos años, y debido a su inversión en ciencia, tecnología e investigación, es el país con mayor número de alumnos, licenciados y doctores en esas materias; cuatro científicos chinos obtuvieron el Premio Nobel de Física y uno el de Química; es el país con más publicaciones académicas. Con su plan de los 1.000 talentos pretende que sus estudiantes más destacados repartidos por todo el mundo vuelvan a su país no sólo pagándoles los mejores sueldos sino poniéndoles todos los medios a su disposición para que investiguen (algo que casi ningún país se puede permitir). 

 

Entre sus logros científicos (muchos ocultados hasta el momento), muchos relacionados con la biotecnología (que es también el futuro), se sabe que está el del nacimiento de dos bebés niñas modificados genéticamente para que sean inmunes a buena parte de las enfermedades que hoy día conocemos; la clonación de primates: importantes avances en el campo de las células madre; conseguir que germine una semilla de algodón en la cara oculta de la luna; o la creación de híbridos entre cerdo y mono. 

 

Su carrera espacial parece imparable y rivaliza ya con Estados Unidos, En 1970 lanzó su primer satélite. En 2003 se convirtió en el tercer país en enviar a un ser humano al espacio. En 2011 lanzaron el primer módulo de la estación espacial china (Tiangong-1). En diciembre de 2013 envía otros nueve astronautas al espacio y se .convierte en el tercer país, tras EEUU y la Unión Soviética, en realizar un alunizaje con la misión Chang´e3 y el robot Yutu 

 

Dispone del tercer ejército más numeroso del mundo (cuenta con el segundo presupuesto militar después de Estados Unidos). Posee armas nucleares 




China ha jugado en este tiempo un papel importante para la creación de áreas de libre comercio con países de Asia, África y latinoamericanos. 

 

Tiene ya un superavit económico muy significativo con Estados Unidos, su principal mercado de exportaciones. Por ejemplo, en 2018, los norteamericanos (que eran hasta ahora los grandes exportadores) importaron productos tecnológicos chinos por valor de 400.000 millones de dólares. 

 

En suma, su vertiginoso crecimiento ha sacado de la pobreza a 400 millones de personas, urbanizando a casi 1.000 millones que ahora viven en gigantescas megalópolis. La abnegación al trabajo de una población joven (usan la regla 9-9-6: de nueve a nueve de la mañana seis días a la semana) ha conseguido aumentar sus exportaciones creciendo un 180%. 

 

El 18 de abril de 2017, en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de China en ese momento, Xi Jimping (que ausmió el cargo de presidente en 2013), aprovecha su turno de discurso en la plataforma para anunciar a bombo y platillo que China pretende convertirse en el líder mundial de la globalización y va a defender a ultranza el libre comercio y la liberalización de ese comercio exigiendo la eliminación de cualquier proteccionismo y de cualquier traba aduanera para poder vender sus productos. 

 

No era una broma. Los mandatarios mundiales que allí estaban quedaron atónitos con estas palabras de un dirigente comunista, incluido un Donald Trump que hacía un par de días había sido elegido presidente de Estados Unidos. Desde entonces China ha sido con toda seguridad su mayor quebradero de cabeza porque le está disputando claramente su cetro mundial. 

 

Tal vez por eso desde el comienzo de esta pandemia debida al SARS COV-2 las acusaciones de culpabilidad de propagación del virus han sido frecuentes en ambas direcciones. Es posiblemente un momento propicio para la desestabilización, la desinformación (propaganda, manipulación mediática) y el desprestigio del adversario en la lucha por el poder mundial. De hecho, a finales de mayo de 2020 China ya ha anunciado que no renuncia a esta lucha y que si es necesario llegará la “guerra fría” entre los dos países. Los demás países tendrán que posicionarse. 

 

 

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