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LO QUE PASA EN LA ANTÁRTIDA: MISTERIOS, ENIGMAS Y QUIÉN LA RECLAMA

La remota Antártida está considerada no sólo el último rincón inexplorado de la Tierra sino también la gran reserva de agua dulce del planeta. 

El continente helado, tan fascinante como desconocido, es a su vez imprescindible para la regulación del clima de nuestro mundo. 




Descubrimiento controvertido 

  

Todavía hoy los historiadores no se ponen de acuerdo, y sigue generando polémica, sobre a quién atribuir el hallazgo de la Antártida. 

  

Siempre se ha otorgado su descubrimiento a expediciones británicas, rusas o norteamericanas del siglo XIX. Sin embargo, una teoría casi desconocida considera que el primer avistamiento de la Antártida correspondió al almirante español Gabriel de Castilla a comienzos del siglo XVII. 

  

La primera versión dice que en esa época con la llegada a América, marinos y exploradores españoles y portugueses ya habían avanzado por el descenso del continente. Pero por aquellas aguas abundaban los piratas, sobre todo holandeses, por lo que en este contexto, en marzo de 1603, al almirante Gabriel de Castilla se le ordenó proteger las costas chilenas de los ataques corsarios con la Armada del Sur compuesta por tres naves: el galeón Jesús María (600 toneladas y 30 cañones); el Nuestra Señora de la Visitación; y el Nuestra Señora de las Mercedes (400 toneladas).  

  

Parece que la aventura resultó memorable empezando porque una fuerte tormenta que desvió y empujó a la flota más allá de los 55º de latitud sur (alcanzada esta en 1525 por Francisco de Hoces) para llevarlos a los 64º de latitud sur, posiblemente hasta las islas actualmente llamadas Melchior (archipiélago situado en la  bahía de Dallman).  

  

Esta singladura solo se conoce por el testimonio sin fecha (probablemente de 1607) que realiza un marinero holandés llamado Laurenz Claesz que al parecer iba en aquella flota y declara haber “navegado bajo el Almirante don Gabriel de Castilla con tres barcos a lo largo de las costas de Chile hacia Valparaiso, i desde allí hacia el estrecho, en el año de 1603; i estuvo en marzo en los 64 grados i allí tuvieron mucha nieve. En el siguiente mes de abril regresaron de nuevo a las costas de Chile”. 


Una variación de esta teoría del descubrimiento de la Antártida por Gabriel de Castilla afirma que este salió de Valparaíso a bordo del navío Buena Nueva en el verano austral de 1603 y que superó los 60º llegando hasta unas islas, actualmente llamadas Shetland del Sur y que él llamó “Islas de la Buena Nueva” como homenaje a su navío. 

 

En cualquier caso, a día de hoy, aún no se ha encontrado documento alguno que confirme oficialmente la gesta del almirante español. Sin embargo, sí resulta curioso que pocos años después de este supuesto avistamiento antártico circularan descripciones muy concretas que afirmaban que “a los 64º Sur hay tierra muy alta y montañosa, cubierta de nieve, como el país de Noruega, toda blanca, que parecía extenderse hasta las islas Salomón”, cuando se supone que esas tierras no fueron descubiertas hasta el siglo XIX. 


 

Si el almirante español fue el primero en superar la latitud sur de los 64º, esta sólo fue superada ya en el siglo XIX por el navegante y capitán británico James Cook (71° 10') en 1773, aunque parece ser que después de Gabriel de Castilla y antes de la llegada de Cook, otros navegantes españoles alcanzaron latitudes similares, como la Fragata Aurora en 1702 o la San Miguel en 1709. 

  

España, que como otros muchos países posee en la Antártida bases científicas (dos), llamó a la primera de ellas, creada en Isla Decepción en 1989 (Archipiélago de Shetland del Sur), “Gabriel de Castilla” en honor del audaz almirante y una placa allí conmemorativa el probable hito. 

  

Expediciones 

  

Mucho se ha hablado y se conoce sobre las grandes expediciones del siglo XIX realizadas por grandes aventureros o marinos como Amundsen, Scott, Fabián Gottlieb von Bellingshausen, James Cook, Nathaniel Palmer, Richar E. Byrd, Edward Bransfield o Ernest Shackleton. 


Sin embargo, probablemente hubo algunas de los nazis de las que poco se sabe, entre otras cosas, porque todavía parte de la documentación está clasificada como secreto militar. 

  

¿Qué es lo que buscaban los allí?. No se sabe con seguridad, pero puede que tuviera que ver la preservación de la raza aria. 

  

Parece ser que realizaron una expedición entre 1938-1939, denominada “Nueva Suabia” que dio con una zona seca, sin hielo, una especie de oasis (lo llamaron “Oasis de Schirmacherde”) de 25 kilómetros de largo y tres de ancho. 

  

En 1947, Estados Unidos llevó a cabo la expedición “High Jump”, un despliegue de carácter militar en la Antártida (con una flota de guerra de 10.000 hombres, un portaaviones y todos los buques de apoyo disponibles) a cuyo frente se situó al almirante Richard Byrd quien confirmó la precisa información de los alemanes al respecto: una tierra de unos 500 kilómetros cuadrados sin nieve, con una cadena lacustre de aguas templadas y con una temperatura de unos 4º centígrados. La especulación señala que fueron a limpiar la zona de los últimos reductos nazis. 

  

Durante muchos años se ha especulado desde hasta qué punto los alemanes habían conseguido construir base fiables en la Antártida en esa época, pero al parecer sí pudo ser así ya que se tiene constancia de que en 1942, por ejemplo, en la estación de ferrocarril de Poltava (Ucrania) un batallón entero de jovencitas ucranianas, todas ellas rubias con los ojos azules y con uniformes celestes con la insignia de las SS fueron trasladadas de allí a un lugar del Báltico donde se las entrenó para supervivencia de temperaturas extremas ya que habían sido elegidas por el Ministerio de Colonización y Raza para colonizar la Antártida y ser las madres de la nueva era aria en estas tierras. 




El almirante alemán Karl Dönitz, en aquellas mismas fechas, se jactaba de que habían creado una especie de Shangri-Lá (paraíso) bajo el hielo antártico y un lugar de refugio para la raza aria. Pudo estar operativo incluso hasta después de la Segunda Guerra Mundial. 

  

Recursos y riquezas naturales 

  

La Antártida tiene una superficie estimada de unos 14 millones de kilómetros cuadrados y un perímetro de 23.000 kilómetros. 

  

Es el continente de los extremos: la zona más alejada del planeta, la más seca, la más fría, la más ventosa y la que tiene más hielo. 

  

Así, mientras que el Ártico es un océano congelado, la Antártida es todo lo contrario, es una masa de hielo aplastada por el peso de millones y millones de toneladas de hielo. La capa de hielo tiene un espesor de 2.500 metros por término medio (3.000 en los puntos máximos) pero hay zonas aplastadas por 4.700 metros de hielo. Por ello, está considerada la mayor reserva de agua del planeta 

  

Pero sus recursos naturales no se quedan ahí. Aunque aún no se ha podido determinar con exactitud, casi con seguridad que se podrían hallar hidrocarburos en la plataforma submarina de las cuencas de los mares de Weddell, de Amundsen, de Bellingshausen y la del mar de Ross, junto a la Barrera de hielo de Amrey. También en la Antártida occidental. 


Así mismo, a pesar de las condiciones climáticas extremas y sus hielos perpetuos que parecen incompatibles con la vida animal, dispone de recursos de pesca de alto valor. 

  

Igualmente se ha confirmado una gran riqueza en recursos mineros como el molibdeno, cobre, plomo, zinc, plata, hierro, cromo, níquel y cobalto. 

  

Por otro lado, aunque pueda parecer extraño, en el interior de la Antártida existen microclimas templados gracias a una zona con un perpetuo anticiclón que hace que registre la humedad ambiental más baja y, como consecuencia, no haya hielo. 


  

En la antártica isla de Ross se sitúa el volcán más austral y activo del planeta, el Monte Erebus, con una altitud de 3.974 metros. Al ser uno de los pocos lagos de lava permanente que existen, puede convertirse en una fuente importante de energía geotérmica. 

  

Las especiales condiciones atmosféricas y espaciales de la Atlántida (una velocidad de rotación muy baja, sus -88 grados centígrados de temperatura, inexistencia del efecto dinámico de dilatación centrífuga adicional, etc) hacen de ella un lugar privilegiado de estudio para el anunciado camino del ser humano hacia la Luna y Marte, cuyas propiedades parecen ser similares y donde se podrían encontrar los recursos que en la Tierra escasean.  


Anomalías 

  

La Antártida es una yerma extensión de desolación blanca cuya belleza salvaje es solo comparable a su hostilidad hacia los seres humanos, una hostilidad recíproca ya que se trata de uno de los ecosistemas más alarmantemente amenazados por las actividades humanas. 

  

Estas actividades humanas ya han generado un enorme agujero sobre la capa de ozono de su atmósfera y por ende un calentamiento general del planeta que comienza a constituir un serio problema para la supervivencia de sus hielos eternos, de hecho, en los últimos años se están desprendiendo, y a la vez derritiendo kilométricos trozos de hielo, como el colosal Glaciar Thwaites, uno de los más importantes de la Antártida occidental, cuyo deshielo ha contribuido al aumento del nivel del mar de Amundsen en por lo menos un 4%, unos 64 centímetros. 

  

Los científicos aseguran que esto es resultado del cambio climático y que el hielo una vez que comienza a retirarse ya no retrocede. 

  

Sin embargo, la Antártida también engaña a los humanos haciéndoles creer que es un lugar incapaz de albergar vida alguna. Pero la realidad es que encierra una fauna fascinante y variada. 

  

Pero aunque de esa sensación, en este continente no todo está cubierto por el hielo: hay lagos, ríos, extraños magnetismos e incluso “cataratas de sangre”. 

  

En 1957 la Unión Soviética instaló en la Antártida una estación científica permanente, la estación Vostok, pero en la década de los 70´ se dieron cuenta que casualmente se habían ubicado en la orilla de un enorme lago helado (con más de 200 kilómetros de largo y unos 50 de ancho) en el que todo no está helado sino que a unos 2 km bajo esas toneladas de hielo hay agua líquida. 

  

En las posteriores investigaciones también se dieron cuenta de la existencia de una cámara de aire entre la superficie de ese agua dulce y el hielo donde, todavía por descubrir, puede haber cualquier cosa, incluida vida superior, es decir, animales que hayan estado durante millones de años evolucionando y que tengan una forma de vida absolutamente diferente a lo que conocemos. 

  

Todo esto no tendría más interés que el meramente científico de no ser porque a partir del año 2001 todas las investigaciones que se llevaban a cabo respecto al lago Vostok se cubrieron de un velo de secreto silencio. 

  

Curiosamente, ese mismo año, científicos de la Universidad de Columbia, haciendo estudios gravitacionales, descubrieron una gran anomalía magnética en la orilla suroeste del lago Vostok, es decir, que allí abajo había algo que provocaba que la atracción fuera mucho mayor en ese punto. 


  

La única hipótesis más o menos viable es que hay un objeto metálico natural o artificial de enorme tamaño bajo ese hielo y esas aguas de cuya naturaleza no se sabe absolutamente nada, puede ser desde un yacimiento enorme de algún mineral férrico pesado hasta un objeto de origen meteórico o incluso de origen artificial. 

  

Las llamadas “cataratas de sangre” sobre determinadas zonas de la Antártida son en realidad óxido ferroso que mana de entre los hielos. Los científicos han descubierto en esos lugares microorganismo que no sabían que podían existir sobre la superficie de la tierra y menos en ese lugar tan extremo y alimentándose de hierro, de minerales, y sin utilizar oxígeno o carbono para respirar y vivir. 

  

Otra anomalía descubierta por satélite no hace mucho tiempo son unas aberturas, especie de “cuevas”, que se han localizado en diversas zonas de la Antártida, concretamente en la zona que los nazis llamaron Nueva Suebia y que ellos intentaron colonizar de alguna manera. 

  

Por ello, las especulaciones hablan de que posiblemente estas “cuevas” no sean del todo naturales, pero que también podrían ser antiguas chimeneas volcánicas que de alguna forma han quedado libres. Lo cierto es que parece ser que en las fotografías de satélite se pueden “ver” una especie de construcciones o vestigios de caminos rodados que llevan hasta ellas desde la costa. 

  

Aunque tan sólo representan el 2% de la Antártida, en los valles secos, que no están cubiertos de hielo y se sitúan cerca de la costa, la temperatura en verano puede subir hasta los 10 grados centígrados. En ellos se han encontrado animales momificados que llevan así cientos de años. 

  

El continente helado es seguramente el lugar de la Tierra donde fluye más vida marina (microorganismo, krill, focas, ballenas, orcas, pingüinos, etc). En este sentido, el 20 de agosto de 2020, un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences indicaba que un equipo de científicos había hallado una criatura primitiva parecida a un insecto (lo llamaron “colémbolo fantasma”) que ha sobrevivido a 30 eras glaciales.  

  

Este ejemplar, podría explicar cómo se desarrolló la dinámica de la capa de hielo a lo largo del tiempo en la Antártida y cómo afectó a los ecosistemas históricos. Además, explicaría mejor cómo respondería la vida en la tierra a este tipo de cambios ahora. 

  

La NASA también acaba de hallar vida a 200 metros bajo de la capa de hielo de la Antártida y lo han grabado (una especie de camarón primitivo y una especie medusa grande). Este hallazgo en esas zonas oscuras y heladas supone que no solamente pueden sobrevivir los más de 10.000 virus descubiertos por los científicos, sino también vida superior. Al parecer queda aún mucha vida por descubrir de la que no sabemos absolutamente nada. 

  

La Antártida también es vital para la regulación del clima de la Tierra. Todo el proceso ecológico del planeta no se entiende sin la Antártida y sus mecanismos, de ahí su alto valor e interés científico. Así, el cambio climático que está experimentando el continente blanco afectará de una u otra forma al resto. 


  

Bases y reclamaciones antárticas  

  

En la actualidad, y desde hace décadas, la Antártida constituye por muchas razones un centro importante de proyectos y observaciones biológicas, geológicas, climatológicas, etc, por lo que muchos países tienen allí bases científicas (y en muchos casos también militares). 

  

En la zona interior del continente antártico hay tres bases reconocidas: la norteamericana Amundsen Scott, la rusa Vostok y la Concordia, gestionada de forma conjunta por Francia e Italia. El resto de las bases se localizan en las zonas costeras, alrededor de la península Antártica como la McMurdo, también de gestión 

estadounidense, en el extremo sur de la isla de Ross o la oenegé Greenpeace, que se cree que es financiada por grupos de interés principalmente occidentales y de relevancia, como el Grupo Rockefeller. 

  

También existe la pugna geopolítica por repartirse la Antártida por su alto valor estratégico, y hoy día parece que irá a más. Por ejemplo, existen reclamaciones delimitadas de Chile, Argentina, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Francia y Noruega. 

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