Entrada destacada

MONA LISA OLVIDADA DE ESPAÑA: EL TESORO QUE DURMIÓ DOS SIGLOS EN EL PRADO

En las profundidades del Museo del Prado, colgado sin demasiada pompa junto a maestros italianos de segunda fila, permaneció durante décadas un cuadro enigmático. Era una mujer de mirada serena, con las manos cruzadas y ese gesto tan familiar que hace girar cabezas en el Louvre. Pero algo fallaba. Su fondo era un negro absoluto, como si la hubieran recortado de otro lugar y pegada sobre la nada. Los catálogos la despachaban con desdén: "copia anónima del primer cuarto del siglo XVI", una más entre las docenas de réplicas de la Gioconda que poblaban los museos europeos .

Nadie, durante casi doscientos años, se detuvo a preguntarse por qué aquella copia, a pesar de su fondo muerto, tenía una calidad que no encajaba con su humilde catalogación. Hasta que en 2011, una petición del Louvre para una exposición sobre Leonardo da Vinci obligó a los conservadores del Prado a mirarla de nuevo. Lo que encontraron bajo esa capa de pintura negra no fue una simple réplica. Era una cápsula del tiempo, una ventana al taller de Leonardo que llevaba siglos esperando ser abierta.

Mona Lisa del Prado con fondo negro


🏛️ Capítulo I: El Tesoro que Nadie Vio

El cuadro que hoy conocemos como la Mona Lisa del Prado tiene unas dimensiones casi idénticas a las del original del Louvre: 76,3 x 57 centímetros, pintado al óleo sobre tabla de nogal . Este último detalle, como veremos, fue una de las claves del misterio. Durante décadas, los expertos habían asumido erróneamente que el soporte era de roble, lo que llevaba a atribuciones absurdas: se llegó a pensar que era obra de un pintor flamenco del siglo XVII .

La pintura muestra a Lisa Gherardini, la esposa del mercader florentino Francesco del Giocondo, en la misma pose y con el mismo atuendo que la versión parisina. Pero hasta 2012, nadie podía ver el paisaje que la rodeaba. En algún momento del siglo XVIII —probablemente hacia 1750—, alguien decidió cubrir el fondo con una espesa capa de pintura negra . Las razones de esta intervención se han perdido en la historia. Quizás fue para integrar el cuadro en una decoración palaciega, quizás para ocultar daños, quizás por un simple capricho estético. El caso es que, durante más de dos siglos, la Mona Lisa española fue una mujer sin mundo, flotando en el vacío.

El cuadro aparece por primera vez en los registros históricos en 1666, en un inventario de la Gallería del Mediodía del Alcázar de Madrid. Allí figura como "Mujer de mano de Leonardo Abince" —literalmente, "mujer de la mano de Leonardo da Vinci"— . Esa atribución, que hoy sabemos errónea en cuanto a la autoría directa del maestro, indica que en la corte española del siglo XVII se consideraba la pieza como algo más que una copia vulgar. Sin embargo, se desconoce por completo cuándo y cómo entró en la colección real. Pudo llegar a través del escultor italiano Pompeo Leoni, que viajó frecuentemente entre Milán y Madrid a finales del siglo XVI, o pudo ser adquirida por algún noble español durante sus viajes por Italia . El rastro documental es un callejón sin salida.

Mona Lisa del Prado restaurada


En 1819, cuando el Museo del Prado abrió sus puertas con los fondos de la colección real, la Mona Lisa española pasó a formar parte de su catálogo . Allí colgó, discreta, ignorada, mientras el original del Louvre se convertía en el icono más famoso de la historia del arte. Los conservadores del Prado la exhibían junto a obras de Rafael o Andrea del Sarto, pero sin darle mayor importancia. Era, simplemente, "una copia".

🔬 Capítulo II: El Descubrimiento Bajo la Capa Negra

En 2010, el Louvre comenzó a preparar una gran exposición titulada "La última obra maestra de Leonardo: Santa Ana", programada para 2012. Los organizadores solicitaron al Prado el préstamo de su Mona Lisa para exhibirla junto al original. Era una petición de rutina, pero desencadenó un proceso que cambiaría para siempre la historia de ambas pinturas .

Los conservadores del Prado decidieron someter el cuadro a un estudio técnico exhaustivo antes de enviarlo a París. Utilizaron reflectografía infrarroja y radiografías para examinar lo que se escondía bajo la superficie. Lo que encontraron los dejó sin aliento.

Bajo la capa de pintura negra, el paisaje estaba intacto. No solo eso: cuando comenzaron a retirar cuidadosamente el repinte, descubrieron un escenario de colinas, ríos y caminos prácticamente idéntico al del Louvre, pero en un estado de conservación infinitamente superior . Mientras la Mona Lisa parisina sufre siglos de barnices oxidados y craqueladuras que oscurecen sus tonos, la versión española había permanecido protegida bajo esa capa negra, como una semilla en el permafrost.

Mona Lisa del Louvre


Pero el hallazgo más espectacular no fue el paisaje, sino lo que revelaron los rayos infrarrojos. Las imágenes mostraron el dibujo subyacente de la pintura, los trazos preliminares que el artista realizó antes de aplicar el color. Y ese dibujo coincidía de forma asombrosa con el de la versión del Louvre, pero con una diferencia crucial: mostraba las mismas correcciones y arrepentimientos .

Esto solo podía significar una cosa: ambas pinturas se realizaron simultáneamente, en el mismo taller, mientras Leonardo trabajaba en su original. El autor de la copia no estaba copiando un cuadro terminado; estaba pintando junto al maestro, viendo cómo evolucionaba la composición y haciendo los mismos ajustes al mismo tiempo . Como expresó Gabriele Finaldi, entonces director de investigación del Prado: "Es como si estuviéramos en el mismo estudio, de pie junto al caballete de al lado" .

La datación confirmó el hallazgo: la Mona Lisa del Prado fue pintada entre 1503 y 1516, exactamente el mismo período en que Leonardo trabajó sobre la versión del Louvre .

🖌️ Capítulo III: El Autor Invisible

Si la copia se realizó en el taller de Leonardo, ¿quién fue su autor? Los expertos barajan varias hipótesis, y el debate sigue abierto.

Los candidatos principales son dos de los discípulos más cercanos del maestro: Francesco Melzi y Andrea Salai (también conocido como Salaì) . Melzi, hijo de un noble milanés, entró en el taller de Leonardo alrededor de 1506 y permaneció con él hasta su muerte. Era un pintor meticuloso y refinado, y heredó gran parte de los manuscritos y dibujos del maestro. Salai, por su parte, era un personaje más pintoresco: entró en el taller con solo diez años y se convirtió en algo más que un alumno —Leonardo lo describió en sus cuadernos como "un ladrón, un mentiroso, un obstinado, un glotón", pero también le profesó un profundo afecto—.




El estilo de la copia del Prado apunta más a Melzi que a Salai. La ejecución es precisa, casi académica, con un uso exquisito de materiales como el lapislázuli para los azules y lacas rojas de alta calidad . No es una copia tosca de taller; es una obra realizada con esmero, probablemente para un cliente importante.

Pero hay otra posibilidad, más intrigante para la historia española. Algunos expertos sugieren que el autor podría haber sido un discípulo español de Leonardo, concretamente Fernando Yáñez de la Almedina o Hernando de los Llanos . Estos dos pintores, originarios de la región de Cuenca, viajaron a Italia a finales del siglo XV y se formaron en el entorno de Leonardo. Se sabe que colaboraron con el maestro en la decoración de la Sala del Gran Consejo del Palazzo Vecchio en Florencia, y que absorbieron profundamente su estilo. A su regreso a España, introdujeron el "leonardismo" en la pintura valenciana y castellana.

Si uno de ellos fue el autor de la copia, el viaje del cuadro a España tendría una explicación natural: el propio pintor lo trajo consigo al regresar a su tierra. Pero no hay pruebas concluyentes. El misterio de la autoría permanece, como el de la sonrisa que ambos retratos comparten.

👑 Capítulo IV: La Corte Española y el Enigma de la Adquisición

La presencia de la Mona Lisa del Prado en la colección real española es un enigma en sí mismo. ¿Cómo llegó a Madrid una copia realizada en el taller de Leonardo, pintada junto al original, y por qué nadie en la corte pareció darle la importancia que merecía?

Melzi


La primera referencia documental, como hemos visto, es de 1666, cuando ya formaba parte del inventario del Alcázar . Pero para entonces llevaba probablemente más de un siglo en España. La hipótesis más plausible apunta a Pompeo Leoni, un escultor y coleccionista italiano que trabajó al servicio de Felipe II y Felipe III. Leoni viajó repetidamente entre Italia y España, y acumuló una impresionante colección de dibujos y pinturas de Leonardo, que hoy constituyen el núcleo de los fondos leonardescos de la Biblioteca Real de Turín. Es posible que la Mona Lisa del Prado llegara a Madrid en alguno de sus viajes, quizás como regalo para el rey o como pieza para su propia colección, que luego sería adquirida por la corona .

Otra posibilidad es que la pintura fuera adquirida directamente por algún noble español en Italia durante el siglo XVI. Los embajadores y cortesanos de Carlos V y Felipe II eran asiduos compradores de arte italiano, y una obra del taller de Leonardo habría sido un objeto de deseo codiciado. Pero si fue así, ¿por qué no hay registros? ¿Por qué un cuadro de tal calidad y procedencia no mereció una mención en las crónicas de la época?

La respuesta probable tiene que ver con la propia naturaleza de la corte española. Los Austrias, especialmente Felipe II, eran coleccionistas apasionados pero también extremadamente celosos de su patrimonio. Las pinturas entraban en las colecciones reales y allí permanecían, invisibles para el público y a menudo para la propia historia. Sin catálogos sistemáticos, sin exposiciones públicas, sin el escrutinio de expertos externos, era fácil que una obra maestra pasara desapercibida durante siglos.

Además, el hecho de que fuera una copia —aunque una copia excepcional— la relegaba automáticamente a una categoría inferior. En el siglo XVII, el concepto de "original" y "copia" era mucho más rígido que en el Renacimiento, cuando los talleres funcionaban como empresas colectivas. Para los coleccionistas barrocos, una pintura del taller de Leonardo, por muy bella que fuera, nunca podría competir con una obra autógrafa del maestro. Así, la Mona Lisa del Prado quedó condenada a un limbo artístico del que no saldría hasta 2012.

Salai


🌑 Capítulo V: El Siglo de la Oscuridad (y la Salvación)

El momento más dramático en la historia de la pintura ocurrió hacia 1750, cuando alguien decidió cubrir el paisaje con pintura negra . Las razones, como decíamos, son inciertas. Quizás fue para "modernizar" el cuadro, adaptándolo al gusto rococó que prefería fondos oscuros y neutros. Quizás fue para ocultar deterioros en el paisaje. Quizás fue simplemente un error de un restaurador poco cuidadoso.

Sea cual fuere el motivo, aquella intervención tuvo una consecuencia paradójica: salvó la pintura. Al quedar oculto bajo una capa protectora, el paisaje original se mantuvo inmune a la luz, la humedad y los agentes contaminantes durante más de 250 años. Mientras la Mona Lisa del Louvre se oscurecía progresivamente, víctima de barnices oxidados y limpiezas agresivas, la versión española permanecía en una cámara acorazada involuntaria.

Cuando los restauradores del Prado retiraron el repinte negro en 2011-2012, el paisaje emergió con una frescura que dejó boquiabiertos a los expertos. Los verdes eran verdes, los azules eran azules, los detalles minúsculos —como los caminos serpenteantes o los puentes lejanos— eran perfectamente visibles . Por primera vez en siglos, el mundo podía ver cómo era realmente la Mona Lisa cuando salió del taller de Leonardo.

Gabriele Finaldi lo expresó con claridad: "Pueden imaginar que así es como se veía la Mona Lisa en el siglo XVI" . La copia se había convertido, paradójicamente, en una ventana al original perdido, en un testimonio de lo que el tiempo y la negligencia habían robado a la versión del Louvre.

📊 Tabla Comparativa: Mona Lisa del Louvre vs. Mona Lisa del Prado

CaracterísticaLouvre (original)Prado (copia de taller)
AutorLeonardo da VinciDiscípulo del taller (¿Melzi? ¿Salai? ¿Yáñez?) 
Fechac. 1503-1516c. 1503-1516 (simultánea al original) 
SoporteÁlamoNogal (madera utilizada por Leonardo en otras obras) 
Dimensiones77 x 53 cm76,3 x 57 cm 
Estado de conservaciónBarnices oxidados, craqueladuras, oscurecimientoExcelente, colores vívidos gracias a la capa protectora de pintura negra 
FondoPaisaje original visiblePaisaje oculto hasta 2012, ahora restaurado 
Atribución históricaSiempre reconocida como obra maestra de LeonardoConsiderada copia anónima hasta 2012 
Primera referencia documental1550 (Vasari)1666 (inventario del Alcázar de Madrid) 
UbicaciónMuseo del Louvre, ParísMuseo del Prado, Madrid (desde 1819) 


Ubicación actual Mona Lisa en el Prado


🧭 Capítulo VI: La Resurrección y sus Lecciones

En febrero de 2012, el Prado presentó al mundo la Mona Lisa restaurada. La noticia dio la vuelta al planeta. De repente, aquella copia anónima que había colgado ignorada durante casi dos siglos se convertía en el centro de atención de la comunidad artística internacional .

La pintura viajó al Louvre en marzo de 2012 para la exposición sobre Santa Ana, donde se exhibió junto al original . Por primera vez en la historia, los visitantes pudieron contemplar ambas versiones una al lado de la otra. El contraste era sobrecogedor: la Mona Lisa del Louvre, oscura y venerable, como una anciana sabia cubierta por el velo de los siglos; la del Prado, luminosa y juvenil, como la novia que llegó al altar el mismo día pero nunca envejeció.

El descubrimiento transformó nuestra comprensión del método de trabajo de Leonardo. Demostró que el maestro no era un genio solitario que pintaba en aislamiento, sino que dirigía un taller productivo y colaborativo, donde los discípulos participaban activamente en la creación de las obras . La copia del Prado no es una imitación servil; es una interpretación, un diálogo, un testimonio de cómo se transmitía el conocimiento en el Renacimiento.

Para España, el hallazgo supuso una reivindicación histórica. Durante siglos, la pintura había sido un ciudadano de segunda clase en su propia casa. Ahora, de repente, se revelaba como un tesoro de valor incalculable, una pieza clave para entender la obra más famosa de la historia. La supervisión histórica que la había condenado al olvido se transformaba, por ironía del destino, en el mecanismo que la había preservado.

Miguel Falomir, curador de pintura italiana del Prado, resumió el sentir de la institución: "Esta copia nos permite admirar la Mona Lisa con ojos totalmente diferentes" .




🏁 El Espejo Silencioso de la Historia

La Mona Lisa del Prado es mucho más que una copia. Es un espejo silencioso que refleja no solo el rostro de Lisa Gherardini, sino también las complejas relaciones entre el arte, el poder y el tiempo. Su viaje desde el taller de Leonardo hasta las salas del Prado es una metáfora de la propia historia de España: un país que acumuló tesoros artísticos sin ser siempre consciente de su valor, que los guardó celosamente en sus palacios mientras el mundo cambiaba a su alrededor, y que un día, casi por casualidad, descubrió que bajo una capa de polvo y olvido yacía una obra maestra.

La intervención del siglo XVIII que cubrió el paisaje con pintura negra, un acto de vandalismo bienintencionado o quizás de simple negligencia, se convirtió en el accidente afortunado que salvó la pintura para la posteridad. Es una lección sobre la imprevisibilidad de la historia, sobre cómo los gestos más banales pueden tener consecuencias imprevistas siglos después.

Hoy, la Mona Lisa del Prado ocupa un lugar de honor en el museo. Los visitantes se detienen ante ella, la comparan con las reproducciones de la versión del Louvre, y tratan de adivinar los secretos que aún guarda. Porque los misterios no se han agotado. La autoría sigue siendo incierta. Las circunstancias de su llegada a España, un enigma. La identidad de aquel que cubrió el paisaje de negro, un fantasma.

La copia española de la Mona Lisa nos enseña que en el arte, como en la historia, las apariencias engañan. Que lo que hoy consideramos una obra menor puede ser mañana un tesoro. Y que bajo la superficie de lo evidente, a menudo se esconden mundos enteros esperando ser redescubiertos.

Como aquella capa de pintura negra que durante siglos ocultó un paisaje renacentista, el olvido histórico puede ser a la vez una maldición y una bendición. Maldición porque priva a las obras del reconocimiento que merecen. Bendición porque las preserva intactas para un futuro que quizás sea más sabio para apreciarlas.

La Mona Lisa del Prado es, en definitiva, un testimonio de la fragilidad y la resiliencia del arte, una lección sobre cómo el genio puede sobrevivir a la negligencia, y una prueba de que, a veces, las historias más fascinantes son las que permanecen ocultas, esperando a que alguien, con paciencia y ciencia, retire la capa de negro que las sepulta.



Comentarios

Entradas populares de este blog

ROMANTICISMO: UN MOVIMIENTO DE EXALTACIÓN PATRIÓTICA Y DEL INDIVIDUALISMO

CRUZ DE BORGOÑA Y ÁGUILA BICÉFALA: LOS SÍMBOLOS QUE UNIERON AL IMPERIO ESPAÑOL

LAS ESCRITORAS DEL ROMANTICISMO: UNA GENERACIÓN DE VALIENTES