EL DOBLE JUEGO DE LA CRUZ ROJA DURANTE EL ASEDIO DE MADRID EN LA GUERRA CIVIL: ¿HUMANITARISMO O ESPIONAJE?
El asedio de Madrid (1936-1939) fue uno de los episodios más crueles de la Guerra Civil Española. En medio de los bombardeos, el hambre y las enfermedades, la población civil encontró en la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias un último recurso para sobrevivir. El relato oficial de aquella institución se ha construido en torno a la neutralidad: sus ambulancias cruzaban las líneas enemigas para evacuar heridos, canjear prisioneros y canalizar ayuda médica. Pero, ¿fue ese su único cometido?
Existe una corriente de investigación, alimentada por archivos desclasificados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) así como por otras fuentes diplomáticas, que apunta a un rol mucho más ambiguo. Algunos de sus delegados no se limitaron a socorrer; observaron, informaron, filtraron información clasificada y, en algunos casos, se convirtieron en engranajes de las redes de inteligencia internacional que competían por el control del tablero español. Y el caso del doctor Georges Henny, delegado del CICR en Madrid, es su ejemplo más emblemático y polémico.
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🩺 Capítulo I: La Misión Humanitaria: Entre Dos Fuegos
El CICR, reconocido por su mediación imparcial, recibió de ambos bandos un permiso esencial para operar sobre el terreno durante la contienda. Se encargó de evacuar a miles de niños refugiados, coordinar el canje de prisioneros de guerra y entregar más de cinco millones de mensajes personales que ayudaron a reunir a familias separadas por el conflicto.
En Madrid sitiada, sus ambulancias eran a menudo el único vínculo de la ciudad con el exterior. Pero el mismo acceso privilegiado que permitía salvar vidas también ofrecía una oportunidad única para la observación.
El CICR actuó como "testigo neutral", denunciando públicamente las violaciones del derecho humanitario, como los bombardeos indiscriminados sobre la población civil. Sin embargo, esta información no siempre se compartía de forma simultánea o equitativa. Los cables diplomáticos revelan que los informes detallados de los delegados sobre el estado de las defensas, el suministro de alimentos o la moral de la población circulaban rápidamente entre los servicios de inteligencia de las potencias extranjeras. El despliegue del CICR en la zona republicana (Madrid y Barcelona) y en la zona nacional (Burgos y Sevilla) creó la estructura de una red de información con nervaduras geopolíticas que ningún servicio de inteligencia podía ignorar.
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🤝 Capítulo II: La Red de Inteligencia y el Tablero Internacional
La Guerra Civil Española fue un campo de pruebas para las principales potencias mundiales. Alemania, Italia, la URSS y los voluntarios internacionales utilizaron el conflicto para ensayar tácticas y probar armamento. En este contexto, la información era tan valiosa como el fusil. Los servicios secretos republicanos (SIM) y nacionales (SIPM) combatían también en la sombra por desenmascarar a la Quinta Columna y a los infiltrados.
Se sabe que ambos bandos intentaron utilizar activos en las organizaciones humanitarias. El libro "Entre el odio y la venganza: El CICR en la Guerra Civil española" explora la relación del CICR con los servicios secretos de la época, demostrando que la organización fue un escenario más de esa guerra paralela. Las grandes potencias presionaron al CICR, y los propios delegados a veces se vieron arrastrados por sus simpatías ideológicas. Algunas de las 80.000 piezas documentales que cruzaron sus archivos contenían información que traspasaba la estricta labor humanitaria, sirviendo a intereses diplomáticos y estratégicos.
La imparcialidad de la organización se enfrentó a un dilema insoluble: para ser eficaz, necesitaba acceder a los secretos de los bandos; pero al obtenerlos, se convertía en un depósito de inteligencia de valor incalculable para un mundo en vísperas de una guerra mucho mayor.
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📋 Capítulo III: El Caso Henny: La Muerte de un Diplomático Humanitario
El caso más controvertido que salpica la neutralidad de la Cruz Roja Internacional en España es el del doctor Georges Henny, delegado suizo del CICR en Madrid.
El 8 de diciembre de 1936, un avión de la embajada francesa que despegó del aeródromo de Barajas con destino a Francia fue derribado sobre las líneas nacionales. En el vuelo viajaba el doctor Henny, acompañado de los periodistas Louis Delaprée y otros. Henny sobrevivió al impacto pero resultó herido. Según la versión oficial, el doctor se dirigía a Ginebra para entregar un informe de primera mano sobre las matanzas de Paracuellos del Jarama (noviembre-diciembre de 1936), un episodio en el que el bando republicano ajustició a miles de presos nacionales en las afueras de Madrid.
Para el bando nacional, la muerte de Louis Delaprée y las heridas del doctor Henny fueron orquestadas por republicanos que pretendían silenciar sus denuncias sobre los fusilamientos de Paracuellos. La propaganda franquista convirtió a Henny en un mártir de la causa, presentando el informe perdido como las "pruebas accablantes" que el gobierno republicano quería ocultar al mundo.
Sin embargo, las investigaciones posteriores y los archivos desclasificados revelan una trama mucho más compleja. Henny no era un simple médico suizo. Era un hombre con múltiples contactos en los círculos diplomáticos de la época y sus informes circulaban entre las cancillerías europeas. Su figura se convirtió en un símbolo de cómo la Cruz Roja, sin pretenderlo, se vio inmersa en el torbellino de la propaganda y la inteligencia internacional, hasta el punto de que algunos historiadores lo señalan como un engranaje más de ese engranaje belicista. La credibilidad del CICR quedó herida, y su ansiada neutralidad, en entredicho.
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⚖️ Capítulo IV: El Coste de la Neutralidad: Entre la Ética y la Necesidad
El dilema del CICR durante la Guerra Civil española no se resolvió nunca. La organización se encontró entre la espada y la pared. Por un lado, estaba su arraigado principio de no injerencia e imparcialidad, que le permitía acceder a zonas donde nadie más podía. Por otro, la imperiosa necesidad de recopilar información para mejorar la asistencia y documentar los crímenes de guerra.
Los archivos documentan que el CICR elaboró numerosos informes sobre los bombardeos aéreos sobre poblaciones civiles, algo relativamente novedoso en la historia del derecho internacional humanitario. Denunció tanto los ataques de la aviación franquista (con apoyo alemán e italiano) como los republicanos, tratando de mantener el equilibrio. Pero esta posición equidistante fue percibida por ambos bandos como favorable al adversario.
Los propios delegados del CICR sufrieron en sus carnes la dureza del conflicto. Un documento inédito del gobierno francés protestó formalmente por el ataque en el que Henny fue herido y Delaprée murió. Los representantes de la neutralidad se convirtieron en el centro de las tormentas informativas.
El dilema continuó tras el fin de la guerra. La reputación del CICR quedó vinculada para siempre a su actuación en España, un precedente de los desafíos que afrontaría durante la Segunda Guerra Mundial y los conflictos posteriores. Los archivos de la organización, que contienen más de 18.000 documentos institucionales y operacionales de esa época, siguen siendo una fuente para historiadores y periodistas que intentan descifrar hasta qué punto la neutralidad humanitaria fue un escudo o una máscara.
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🧭 Conclusión: Un Humanitarismo Bajo Sospecha
La actuación de la Cruz Roja durante el asedio de Madrid es un fascinante reflejo de las contradicciones de la Guerra Civil. Encarna el conflicto entre la compasión y la geopolítica, entre la misión de salvar vidas y la tentación de convertirse en un actor de inteligencia de primer orden.
Es imposible negar los logros humanitarios: sus delegados arriesgaron sus vidas para proteger a los más vulnerables y el sistema de mensajes y canjes de prisioneros fue una de las grandes obras de la Guerra Civil. Pero también es innegable que la información que fluía por sus canales tenía un valor estratégico incalculable. Para los servicios secretos de la época, el CICR era una mina de oro.
El doctor Georges Henny no era un espía en el sentido clásico, pero se convirtió en un peón en la guerra de propaganda internacional. El intento de silenciarlo o, para la propaganda franquista, de presentarlo como un héroe censurado, demuestra cómo incluso los símbolos de la neutralidad fueron instrumentalizados en una lucha sin cuartel.
La verdadera lección de la Cruz Roja en el Madrid sitiado no es que la institución traicionara sus principios, sino que demostró lo complicado que es mantener la neutralidad en una guerra total en la que ambos bandos consideran que la información es vital para su supervivencia. La línea que separa al humanitario del informante es mucho más fina de lo que imaginamos. Hoy, al abrir los archivos secretos de Ginebra y de las cancillerías europeas, seguimos tratando de determinar si lo que vieron los ojos de los delegados de la Cruz Roja era el rostro de la compasión o el del poder.





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