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CRÁNEO DE GOYA: LA DESAPARICIÓN QUE DESAFÍA LA HISTORIA DEL ARTE

El 16 de noviembre de 1888, en el cementerio de la Grande Chartreuse de Burdeos, un grupo de autoridades españolas y francesas se reunió para llevar a cabo un acto solemne: la exhumación de los restos de Francisco de Goya, el pintor más importante de la historia de España, para repatriarlos a su país. Setenta años después de su muerte en el exilio, el genio de Fuendetodos iba por fin a descansar en tierra española.

Pero cuando abrieron el ataúd de madera que contenía sus restos, la sorpresa fue mayúscula. El esqueleto estaba completo en todos sus huesos... excepto en uno. La cabeza de Goya había desaparecido.

El cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, que presidía la exhumación, escribió angustiado a Madrid: "Esqueleto Goya no tiene cráneo". La respuesta del gobierno fue tan lacónica como desesperada: "Envíe Goya con cráneo o sin cráneo".

Así comenzó uno de los mayores misterios de la historia del arte español. Un enigma que, más de un siglo después, sigue sin resolverse. ¿Quién robó el cráneo de Goya? ¿Y por qué? La respuesta nos lleva a la oscura obsesión del siglo XIX por la frenología, a una red de coleccionistas aristócratas y a un cuadro pintado décadas antes de que se descubriera la desaparición, que parece haber predicho el crimen.




🪦 Capítulo I: La Tumba Vacía de Burdeos

El Exilio y la Muerte del Genio

Francisco de Goya y Lucientes falleció el 16 de abril de 1828 en Burdeos, a los 84 años, tras una agonía de trece días. Rodeado de compañeros liberales exiliados, su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la Grande Chartreuse, en la misma sepultura de su amigo y consuegro Martín Miguel de Goicoechea, fallecido tres años antes.

Nadie desde España, ni siquiera su familia, reclamó su cuerpo durante décadas. El olvido duró más de medio siglo.

El Descubrimiento Casual del Cónsul

En 1880, el cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, paseaba por el cementerio cuando descubrió por casualidad la doble sepultura donde reposaban Goya y Goicoechea. La tumba estaba en estado ruinoso. Pereyra alertó a las autoridades españolas y comenzó un largo proceso diplomático para repatriar los restos del pintor.

Ocho años después, en 1888, se obtuvo el permiso definitivo para la exhumación.

La Exhumación y el Shock

El 16 de noviembre de 1888, la comisión oficial abrió la cripta. Se encontraron con dos ataúdes: uno forrado de zinc —que contenía los restos completos de Goicoechea— y otro de madera sencilla, sin placa ni inscripción. Este último era el de Goya.




Al abrirlo, el horror se apoderó de los presentes: el esqueleto estaba completo, pero la cabeza faltaba por completo. La caja no mostraba ninguna señal de haber sido forzada.

Pereyra describió la escena con precisión: "Nos encontramos en presencia de dos cajas... en la otra estaban todos los huesos de un cuerpo humano, excepción hecha de la cabeza que faltaba por completo, lo que no dejó de sorprendernos a todos los allí presentes".

El cónsul llegó a una conclusión inquietante: "Todo induce a creer que a Goya le enterrarían decapitado, bien por un médico o por algún furibundo amador de notabilidades".

Los restos descabezados de Goya no llegarían a España hasta 1899, y no serían depositados en la ermita de San Antonio de la Florida hasta 1919. Pero la cabeza nunca apareció.

🧠 Capítulo II: El Sueño de la Fiebre de la Frenología

La Ciencia que Quería Medir el Genio

En la primera mitad del siglo XIX, Europa estaba obsesionada con la frenología, una seudociencia que afirmaba que la forma del cráneo revelaba los rasgos de carácter y las capacidades intelectuales de una persona. Los frenólogos medían las protuberancias del cráneo para diagnosticar la personalidad, convencidos de que el cerebro era un mapa de las facultades mentales.

Para los adeptos de esta doctrina, el cráneo de un genio era un objeto de deseo: la prueba física de la grandeza, un mapa anatómico del talento. Y el cráneo de Goya, el pintor más famoso de España, era la pieza más codiciada.




El Doctor Jules Lafargue: El Principal Sospechoso

Entre los nombres que han aparecido en la investigación destaca el del doctor Jules Lafargue, un médico amigo de Goya que atendió al pintor en sus últimos años. Según algunas fuentes, Lafargue habría obtenido del artista el permiso para estudiar su cráneo tras su muerte.

En aquella época, era habitual que los frenólogos solicitaran los cráneos de personajes ilustres para sus estudios. Lafargue, que tenía acceso al círculo íntimo de Goya, era un candidato perfecto para llevar a cabo el robo. Se cree que pudo realizar un estudio frenológico en el asilo de San Juan de Burdeos.

Un Crimen con Justificación Científica

Lo que hoy consideramos un robo macabro era visto entonces, por algunos, como una noble búsqueda del avance científico. Los frenólogos no se consideraban ladrones de tumbas, sino investigadores que contribuían al conocimiento de la humanidad. El cráneo de un genio no era un trofeo macabro, sino un espécimen científico de valor incalculable.

Esta mentalidad explica por qué el robo del cráneo de Goya no fue denunciado en su momento y por qué la investigación oficial, cuando finalmente se produjo, fue tan tibia.

🎨 Capítulo III: El Cuadro que Predijo el Robo

El Misterioso Lienzo de Dionisio Fierros

En 1928, con motivo del centenario de la muerte de Goya, el catedrático Hilarión Gimeno reveló un hallazgo extraordinario en la Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. Había adquirido en casa de un anticuario un pequeño óleo sobre lienzo que representaba una calavera, firmado por el pintor asturiano Dionisio Fierros y fechado en 1849.

Exhumanción de Goya


En el dorso del bastidor, en tinta sepia, alguien había escrito: «Cráneo de Goya pintado por Fierros». El cuadro había pertenecido al marqués de San Adrián, protector de Goya en el exilio de Burdeos.

La Profecía Cumplida

Lo más inquietante es la fecha: 1849. Cuarenta años antes de que se descubriera la desaparición del cráneo. El cuadro de Fierros parece haber sido pintado a partir de una calavera que, según la inscripción, era la de Goya.

¿Cómo pudo Fierros pintar el cráneo de Goya en 1849 si la desaparición no se descubrió hasta 1888? La respuesta más lógica es que el cráneo fue robado mucho antes de lo que se pensaba, quizás incluso en el mismo momento del entierro, y que circuló en secreto entre coleccionistas durante décadas.

El hecho de que el cuadro estuviera en posesión del marqués de San Adrián —el mecenas de Goya en Burdeos— refuerza la teoría de que el cráneo fue sustraído por alguien de su círculo íntimo.

Cuadro de Fierros


La Red de Coleccionistas Aristócratas

La pintura de Fierros sugiere la existencia de una red clandestina de coleccionistas aristócratas que intercambiaban el cráneo como una obra de arte. Fierros murió antes de que el cuadro saliera a la luz, llevándose el secreto a la tumba.

El lienzo, conocido como Vanitas, se conserva hoy en el Museo de Zaragoza y es una de las pocas pruebas físicas de que el cráneo de Goya existió como objeto de colección.

🏛️ Capítulo IV: El Gran Encubrimiento Español

El Silencio Forense

El gobierno español, al recibir la noticia de la desaparición, optó por enterrar el informe. La repatriación de los restos de Goya era un acto de gran simbolismo nacional, y un escándalo en torno a su cabeza perdida habría sido un golpe devastador para la imagen del país.

Los registros oficiales de la exhumación fueron sistemáticamente redactados. Las descripciones del estado del esqueleto se minimizaron o ignoraron en los informes oficiales, y el tema quedó relegado al olvido durante décadas.

El Reentierro de 1919

En 1919, los restos de Goya fueron trasladados a la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid. Pero el cuerpo que recibió sepultura en el monumento dedicado al pintor carecía de cabeza.

San Antonio de la Florida


El público español, que veneraba a Goya como un tesoro nacional, desconocía que el cuerpo que descansaba bajo el monumento estaba incompleto. La cabeza del genio seguía desaparecida, y el Estado español había decidido que era mejor no hablar de ello.

El Impacto Psicológico

Cuando la verdad comenzó a filtrarse décadas después, el impacto en la sociedad española fue profundo. El país descubrió que su tesoro nacional estaba incompleto, que el hombre que había pintado el rostro de España había sido despojado del suyo propio.

La ironía era cruel: Goya, el pintor de la condición humana, el retratista de la cara oculta de la realidad, había sido reducido a una ausencia. Su obra maestra más íntima —su propia cabeza— se había perdido para siempre.

🔎 Capítulo V: La Caza Moderna del Fantasma de Goya

El Avance del ADN

En 2019, el Museo de Aquitania de Burdeos anunció el hallazgo de un cráneo y una mandíbula junto a los posibles restos del filósofo Michel de Montaigne. La noticia reabrió la esperanza de resolver el misterio. ¿Podía ser ese el cráneo de Goya?

Los análisis de ADN podrían resolver la cuestión, pero hasta la fecha no se ha podido establecer una conexión definitiva. La antropóloga Hélène Réveillas ha señalado que no hay argumentos sólidos que permitan atribuir el cráneo a Goya.




Las Teorías sobre el Paradero del Cráneo

Existen varias hipótesis sobre el destino final del cráneo:

  1. Destrucción accidental: Algunos creen que el cráneo se perdió o destruyó durante los estudios frenológicos.

  2. Colección privada: Otros sostienen que aún reposa en alguna colección privada, esperando ser redescubierto.

  3. Confesión en el lecho de muerte: Circula la leyenda de que un noble español confesó en su lecho de muerte haber heredado la reliquia, pero no hay pruebas documentales.

  4. Enterrado con Montaigne: La hipótesis más reciente sugiere que el cráneo podría haber sido depositado junto a los restos de Montaigne.

El Misterio que Persiste

A día de hoy, el cráneo de Goya sigue desaparecido. Los registros de la exhumación de 1888 siguen vigentes: el cuerpo de Francisco de Goya permanece sepultado sin su cráneo, consolidando un misterio que ha fascinado a generaciones.

🖼️ La Ironía Final

Francisco de Goya pasó su vida capturando el rostro humano en toda su complejidad. Pintó la luz y la sombra, la razón y la locura, la belleza y la monstruosidad. Sus retratos son ventanas al alma de sus modelos, y sus pinturas negras son el testimonio de una mente que se asomó al abismo.




Pero el hombre que pintó el rostro de España fue, al final, despojado del suyo propio. Su cráneo fue robado por la obsesión científica de una época que creía poder medir el genio en las protuberancias de un hueso. Su cabeza se convirtió en un objeto de colección, en una reliquia disputada por aristócratas y científicos, en un símbolo de la obsesión humana por poseer lo que no puede poseerse.

La ironía final es que Goya, el pintor de la fugacidad de la vida, sigue siendo perseguido por esa misma fugacidad. Su cuerpo descansa en Madrid, pero su cabeza —la parte que contenía el genio— sigue perdida en algún lugar del mundo, esperando ser encontrada.

Como escribió el cónsul Pereyra aquel 16 de noviembre de 1888: "Esqueleto Goya no tiene cráneo". Y la historia del arte español aún no ha encontrado la respuesta.




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