EL TRATADO SECRETO QUE AMENAZA LA SOBERANÍA ESPAÑOLA SOBRE LAS ISLAS CANARIAS
Bajo el sol eterno y las playas de ensueño que atraen a millones de turistas cada año, las Islas Canarias esconden una herida geopolítica que lleva décadas abierta y que, en 2026, ha vuelto a sangrar con fuerza. Lo que para el viajero es un paraíso, para las cancillerías de las grandes potencias ha sido siempre un tablero de ajedrez estratégico, un punto de control indispensable para dominar el Atlántico y vigilar la costa africana.
Mientras España dormía la siesta de la Guerra Fría, sus aliados y sus enemigos tejían en la sombra acuerdos que comprometían silenciosamente la soberanía española sobre el archipiélago. Hoy, esos pactos desclasificados han vuelto para reclamar su deuda, y el gobierno de Madrid se enfrenta a una amenaza existencial: la posibilidad de que Canarias deje de ser española sin que se haya disparado un solo tiro.
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Cuando el telón de acero cayó sobre Europa, el mundo se dividió en dos bloques y cada rincón del planeta se convirtió en un posible campo de batalla. Las Islas Canarias, situadas a apenas 100 kilómetros de la costa africana, eran una pieza demasiado valiosa para dejarla en manos de un régimen dictatorial como el de Franco.
Estados Unidos, que ya había establecido bases en la Península, veía en el archipiélago un punto de apoyo indispensable para sus operaciones en el Atlántico y el norte de África. En 1943, ya había pretendido instalar una base aérea en las Canarias, y durante décadas, Washington mantuvo la presión para asegurar su presencia en las islas.
Pero no era solo el Pentágono. En 1975, con la Revolución de los Claveles en Portugal amenazando las bases de las Azores, el secretario de Estado Henry Kissinger impulsó un plan para convertir las Islas Canarias en la base de operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio y el norte de África. Documentos desclasificados de la CIA confirman que Canarias y Senegal se perfilaron como las mejores opciones para reemplazar las instalaciones de Lajes.
"Canarias fue una opción real para construir una base de militares estadounidenses que habría dado soporte a las misiones en Oriente Medio y el Norte de África"
El régimen de Franco, necesitado del apoyo estadounidense, aceptó cláusulas que hoy resultarían inaceptables. Los acuerdos defensivos firmados con Estados Unidos incluían una cláusula secreta según la cual, "si la ocasión lo exigía, las fuerzas estadounidenses podrían hacer uso de sus instalaciones en España sin otro requisito previo que una simple consulta urgente entre ambos Gobiernos".
La soberanía española sobre Canarias quedaba, desde entonces, en manos de una "consulta urgente".
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Pero la amenaza más grave no vino de los aliados, sino de los enemigos. En un episodio tan insólito como revelador, el régimen de Franco firmó en 1967 un acuerdo secreto de explotación pesquera con la Unión Soviética, el archienemigo ideológico.
La empresa Sovhispán, creada en 1971, permitía a la flota pesquera soviética utilizar los puertos canarios. Franco, que había hecho del anticomunismo una de las señas de identidad de su régimen, cedió a los rusos lo que no había cedido a nadie: el acceso a las aguas y puertos del archipiélago.
"Franco cedió a Leonid Brézhnev los puertos canarios para que pudiera atracar la flota soviética dedicada a la explotación pesquera"
¿La razón? Gibraltar. El Peñón era la obsesión de la política exterior española, y Franco estaba dispuesto a todo con tal de asfixiar económicamente a la colonia británica. La URSS, necesitada de puertos de aprovisionamiento en el Atlántico, ofreció su apoyo a cambio de una base en Canarias.
El pacto fue sellado sin el conocimiento ni el consentimiento de la comunidad internacional. España había entregado el control de sus aguas a la potencia que, oficialmente, era su enemiga número uno. La lealtad a la OTAN y a Occidente quedaba, desde entonces, en entredicho.
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Lo que parecía un episodio menor de la Guerra Fría se ha convertido, en 2026, en una amenaza real para la soberanía española. Marruecos, consciente de los vacíos legales y diplomáticos que dejaron aquellos acuerdos secretos, ha reactivado las cláusulas latentes del tratado.
El reino alauita, con el respaldo de Estados Unidos, ha delimitado zonas marítimas que se solapan con aguas canarias y ha firmado acuerdos con empresas extranjeras para explorar yacimientos de minerales en esas áreas. Las aguas territoriales de Madrid, la Zona Económica Exclusiva y la soberanía del espacio aéreo están siendo desafiadas abiertamente.
La amenaza es tan grave que Podemos Canarias ha acusado al Partido Popular y a Vox de “legitimar una doctrina internacional que podría facilitar una nueva Marcha Verde sobre Canarias” , impulsada por Marruecos con el respaldo de Estados Unidos.
"Los aliados de Trump, PP y Vox, abren la puerta a una 'Marcha Verde' sobre Canarias"
El gobierno de España se encuentra atrapado entre la presión de sus aliados y la necesidad de defender su soberanía. El pánico dentro del Consejo de Defensa europeo es creciente.
🌊 Capítulo IV: La Lucha por el Control de los Recursos Canarios
Lo que está en juego no es solo la soberanía territorial. Las aguas que rodean Canarias esconden inmensas reservas de minerales de tierras raras y son el lecho de cruciales cables de datos oceánicos que conectan Europa con América.
En la jerga geopolítica, Canarias se ha convertido en lo que se denomina un "bolsillo de soberanía", un territorio cuya soberanía es fragmentada y disputada por múltiples actores. Las superpotencias globales, utilizando el antiguo tratado y las lagunas legales que creó, están reclamando estos activos modernos de miles de millones de dólares.
La pregunta que el gobierno español debe responder es clara: ¿cómo puede España defender sus fronteras frente a un acuerdo que ni siquiera firmó?
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Frente a esta amenaza existencial, el gobierno de Pedro Sánchez ha lanzado una ofensiva diplomática y legal sin precedentes. Madrid se ha negado rotundamente a canjear la españolidad de Canarias por el Sáhara Occidental, como Marruecos ha intentado en repetidas ocasiones.
Pero la batalla es cuesta arriba. La ONU ya aclaró a mediados del siglo pasado que las Islas Canarias no eran un territorio pendiente de descolonizar, pero los acuerdos secretos de la Guerra Fría han creado lagunas legales que Marruecos y otras potencias están explotando.
"La delimitación de los espacios marítimos entre Canarias y la cornisa africana sigue regida por la Convención del Mar, sin tratado bilateral específico"
Si esta batalla legal fracasa, las consecuencias serían devastadoras: una reorganización completa del flanco sur de la OTAN y la pérdida efectiva de la soberanía española sobre el archipiélago.
📊 Tabla: Las Amenazas a la Soberanía Española sobre Canarias
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El testimonio de José Manuel Otero Novas, ministro de la Presidencia de Adolfo Suárez entre 1977 y 1979, arroja luz sobre la verdadera naturaleza de la amenaza. En 1977, Estados Unidos lanzó una advertencia velada: "o España entraba en la OTAN, o Canarias sería independiente" .
"O entran ustedes en la OTAN o les independizo las Canarias"
La advertencia fue interpretada por el gobierno español como una amenaza implícita de apoyar a grupos terroristas canarios. El atentado contra el líder independentista Antonio Cubillo en abril de 1978, pocos días después de que el ministro de Exteriores anunciara su criterio favorable a la entrada en la OTAN, no parece casual.
Este episodio demuestra que la amenaza a la soberanía española sobre Canarias no es nueva. Es un legado de la Guerra Fría, un pacto silencioso que las superpotencias firmaron a espaldas de España y que hoy, en 2026, vuelve a la vida para reclamar su deuda.
💎 La Lección de Canarias
Las Islas Canarias no son solo un paraíso turístico. Son el espejo de las contradicciones de la historia de España: un territorio cuya soberanía ha sido cuestionada desde fuera y comprometida desde dentro. Los acuerdos secretos de la Guerra Fría, firmados a espaldas de la comunidad internacional y del propio pueblo español, han creado una situación jurídica y geopolítica que hoy amenaza la integridad territorial del país.
La pregunta que debemos hacernos no es solo si España puede defender sus fronteras frente a un acuerdo que ni siquiera firmó, sino si los tratados secretos deberían seguir teniendo poder sobre las naciones soberanas modernas. La respuesta, en democracia, debería ser un rotundo no. Pero la historia nos enseña que, en geopolítica, el silencio de las potencias vale más que las declaraciones de los gobiernos.
Canarias es española. Pero su españolidad está siendo desafiada hoy, en 2026, por los ecos de un pasado que creíamos enterrado. El gobierno de Madrid tiene la palabra. Y el mundo, los ojos puestos en el Atlántico.





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