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PUEBLOS Y CULTURAS QUE INVADIERON LA PENÍNSULA IBÉRICA ANTES DE LA RECONQUISTA DE LOS REYES CATÓLICOS

Cuando los romanos llegaron a la Península Ibérica, esta ya estaba habitada por una variedad de pueblos que a menudo se denominan genéricamente como los "pueblos prerromanos" que no estaban políticamente unificados, y se caracterizaban por tener diferentes lenguas, culturas y formas de organización social. Tras la romanización de Hispania otros tantos pueblos se asentaron en la Península Ibérica contribuyendo a su riqueza cultural. Sin embargo las diversas luchas de algunos de estos por el poder y el territorio concluyeron con la unificación tras la llamada Reconquista de los Reyes Católicos. Pueblos prerromanos Antes de la llegada de los roamnos a la Península Ibérica, en el siglo III a.C., esta ya estaba habitada por una serie de pueblos que formaban parte de la cultura megalítica, que aquí se desarrolló entre el 4.000 a.C. y el 2.000 a.C., y se caracterizó por la construcción de monumentos funerarios con grandes piedras, como los dólmenes, los menhires y los crómlech.  Est

GALEÓN SAN JOSÉ: EL ÚLTIMO GRAN NAVÍO DE LA FLOTA DEL IMPERIO FUE HUNDIDO POR LOS PIRATAS

El 'San José', hundido en un combate por piratas ingleses, era un barco insignia de la Armada española del siglo XVIII, que llevaba en su bodega varias toneladas de doblones, barras de oro y de plata, así como toneladas de joyas y piedras preciosas.

El galeón fue encontrado el 27 de noviembre de 2015 por investigadores colombianos en las costas cercanas a Cartagena de Indias.

Los últimos galeones de Imperio

El galeón San José fue construido por Pedro de Aróstegui en los astilleros de Mapil, Usurbil, cerca de San Sebastián. En 1696 firmó un contrato con la Corona para la fabricación de dos buques gemelos de 1.200 toneladas, la capitana y la almiranta de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, conocida como Armada de Avería, que serían llamados San José San Joaquín.

Por fin, después de una espera de siete años, debido a la guerra de Sucesión, la Flota de Galeones de Tierra Firme zarpa de Cádiz el 10 de marzo de 1706. Estaba compuesta por 10 mercantes con la escolta del San José (capitana), insignia del general José Fernández de Santillán conde de Casa Alegre, el San Joaquín (almiranta), que estaba a cargo del almirante Miguel Agustín de Villanueva, y el patache Santa Cruz (gobierno), navío mercante armado con 44 cañones, tripulado por 300 hombres y puesto al mando de Nicolás de la Rosa, conde de Vega Florida (vicealmirante lo nombra alguna fuente inglesa). La travesía del Atlántico se hizo en unión de la Flota de Nueva España de 13 mercantes y tres de guerra a cargo de Diego Fernández de Santillán, sobrino del conde de Casa Alegre, que izaba su insignia en la capitana, navío Nuestra Señora de Guadalupe, de la Armada de Barlovento. 





Llegaron sin contratiempos a Cartagena de Indias en abril tras mes y medio de travesía donde la flota de Casa Alegre permanece esperando que el virrey de Perú organizara la Feria de Portobelo, es decir, para que realizara la muy necesaria venta de las mercancías para la Corona, sobre todo para propiciar el regreso de la flota con los caudales que tanto necesitaba.

La feria concluye en abril-mayo de 1708 y Casa Alegre se dispone a zarpar de Portobelo a Cartagena, donde debía reparar las naves antes de dirigirse a La Habana. Llevaban embarcados 22 millones de monedas de a ocho escudos; el San José se cree que iba cargado con entre 7 a 11 millones de monedas de ocho escudos en oro y plata, valorados en 105 millones de reales de la época, entre 2.000 y 5.000 millones de dólares actuales. Aparte de esta carga llevaban otras mercancías y unos 600 pasajeros y tripulantes, que los hacían poco aptos para el combate naval si debían enfrentarse a navíos ingleses, 
como así sucedió.


La batalla de Barú

Mientras que en Portobelo, los españoles terminaban de realizar sus negocios, con base en Jamaica, se encontraba al acecho la escuadra del comandante inglés Charles Wager que conocía la presencia de la flota de Casa Alegre por varios espías a sus órdenes. En aquel tiempo estos colaboradores clandestinos infestaban las colonias españoles que se ubicaban en la costa caribe y servían como elemento esencial para los ingleses en sus fines de desestabilizar al imperio español. Wagner contaba con una flota bien armada, compuesta por tres navíos (de 74, 60 y 50 cañones) y un brulote (de 8), y se dirigió a la ruta por donde el San José debía pasar para llegar a Cartagena de Indias.

Aún conociendo las intenciones inglesas de atacar la flota, pronto sería el tiempo de los huracanes en el Caribe por lo que José Fernández de Santillán decidió zarpar de Portobelo el 28 de mayo de 1708 con rumbo a Cartagena para luego seguir rumbo a La Habana, donde estaba previsto que la escuadra francesa de Ducasse (con las fragatas francesas Le Mieta (34) y Saint Sprit (32) les diese escolta para regresar a España. Sin embargo, era posible que si se retrasaban esta escuadra partiera sin ellos.


La Flota española estaba compuesta por once mercantes, algunos artillados, y una escolta que contaba con los galeones San José (64 cañones) y San Joaquín (64), el navío Santa Cruz (44), la urca Nuestra Señora de la Concepción (40) y el patache Nuestra Señora del Carmen (24).

Con estas fuerzas, además del aviso vizcaíno San José y Ntra. Sra. de las Mercedes, Fernández de Santillán confiaba en derrotar a los ingleses en caso de ataque, a pesar de contar los buques españoles con cañones de menor calibre y alcance y estar abarrotados de mercancías y pasajeros.

Wager, que estaba continuamente informado de los movimientos de la escuadra española, comenzó a moverse hacia el enemigo. El capitán inglés piensa que el tesoro va embarcado en los tres buques más grandes y hacia ellos dirige el ataque con sus tres navíos. La emboscada, tuvo lugar muy cerca a las Islas del Rosario, a unas 30 millas del puerto de Cartagena.

El navío Kingston, dotado de 60 cañones, fue el primero en abrir fuego contra el San Joaquín, que fue perdiendo velocidad, pero pudo salir airoso con la ayuda de la urca Concepción.

Mientras el Expedition de Wager arremetió contra el San José abriéndose paso a cañonazos con intenciones claras de abordaje. La idea principal de Wager era apoderarse del navío, y así hacerse con el preciado cargamento. Sin embargo, y después de hora y media de intercambio de fuego, el San José sufrió una explosión que lo llevó al fondo del océano. Su hundimiento fue muy rápido y de las 600 personas embarcadas en el galeón español, solo sobrevivieron 11 (otras fuentes señalan 5).

Pero el ataque inglés no mermó, siguió atacando a la flota española, hundiendo y dejando maltrechos a numerosos barcos hasta que los pocos que quedaban pudieron refugiarse en Cartagena. Sin embargo, para los ingleses fue un fracaso, ya que su verdadero objetivo, hacerse con el valioso botín, no se había cumplido.

El 3 de agosto de 1711 zarpa de Cartagena de Indias la flota del tesoro que había subsistido para su regreso a España: el galeón San Joaquín, los navíos Saint-Michael y Hercule y la fragata Griffon.
Al día siguiente de la partida un fuerte temporal dispersa la flota. El día 7 de agosto el galeón San Joaquín se encuentra con otra escuadra inglesa, la de Littleton, que llevaba seis navíos y una fragata. Villanueva decide enfrentarse a los ingleses, pero poco después el San Joaquín se rindió ante el más que numeroso enemigo para uno solo, no sin antes morir Villanueva, por una bala de mosquete.

No obstante, se dice que el San Joaquín fue sólo un señuelo preparado para salvar el tesoro que quedaba. Parece ser que, antes de la partida, y por orden del rey Felipe V, el tesoro fue trasladado del galeón de Villanueva a los buques franceses. A los tres días de lo ocurrido, Ducasse parte de Cartagena y divide sus fuerzas hacia Port du Paix y a Martinica, para llegar finalmente a España.

Así, dos de los últimos galeones de la flota española del Imperio acababan sus días,  hundido uno y capturado el otro, muriendo sus dos comandantes.

En busca del tesoro

A partir del 1980 varias empresas y buscadores de tesoros intentaron sacar del mar el tesoro del San José valorado en 10.000 millones de dólares estadounidenses. Finalmente fue encontrado el 27 de noviembre de 2015. Ahora queda por ver quién se queda con el preciado botín, si España, propietaria del galeón, o Colombia, en cuyas costas fue hundido.





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